Bs. As.

No sé cómo terminé en Argentina esta madrugada, pero lo cierto es que estoy aquí. Nunca me imaginé que ésta sería una ciudad tan espectacular ni que la gente fuera a ser tan pero tan amable. Esto hasta ahora comienza y se pone cada vez mejor.

Por cierto, la vista aérea del Perú y mi brevísima visita al aeropuerto de Lima (con llamada local incluida) ha incrementado mis ganas de visitar aquel país. Ya veré cómo me las arreglo.

[ I’ve Got My Mind Set On You— George Harrison ]

Todo comienza con un servicio social


Como muchos de ustedes saben, el año comenzó para mí con un serio déficit de fotos. Al principio creí que se trataba sólo de fotos de amistades y familia (gracias Changhee por la labor de reposición), hasta que me di cuenta de que la realidad era aún más cruda de lo que pensaba: ¡Había perdido todas mis imágenes de mis programas de infancia! Dekirukana (¿Puedo hacerlo yo? también conocido como Noppo y Gonta), Ookikunaruko (Niños en crecimiento), El oso, el tigre y los demás, Banner y Flappy…

Así pues, de manera comedida les pido a todos los lectores y turistas de este blog me envíen cuanta imagen posean en materia de los programas que acabo de mencionar. Mi dirección en gmail está en ese recuadrito al principio del post.

Otro favor: si alguno tiene la dirección de la página donde sale información sobre todas las series animadas de los ochenta, bienvenido sea el dato. Y si Maladjusted puede decirme de nuevo la dirección de los videos de Augusto Ferrando, me hará más feliz aún.

Les agradezco de antemano su ayuda. De ustedes depende mi felicidad visual en este año que se estrena.

[ El tema de Banner y Flappy en mi cabeza ]

Año Nuevo, Carpeta Nueva

Archivos de C:… PERDIDOS.

Fotos de Minori, Kotaro, Maladjusted, Changhee, Jack: adieu.
Fotos de Noppo y Gonta: zai jien.
Episodios del Show de Dailúber, Show de Olber, Show de Tito Camacho: auf wiedersehen.
Música de Paul McCartney, ABBA, Elton John, George Harrison, Bee Gees, etc: arrivederci.

Bueeeno… Será empezar de nuevo, bajar lo que recuerde y esperar volver a recibir las fotos que tanto me gustan.

A todos un feliz año 2006; para mí de seguro será muy interesante.

Nota: anoche soñé con todo Jesus Christ Superstar. Sonó casi completo en mi cabeza. No me dormí con el iPod puesto, así que creo que tengo gravísimos problemas.

[ Amarain — Amr Diab ]

Yo nunca vi televisión…

El mejor producto de Chile no es éste (y no nombro al pisco porque estoy emocionalmente comprometida con Perú)…


…sino éste:


Mi hermana y yo somos fanáticas enfurecidas de 31 Minutos. A Himura también le gusta y me deja oír Objeción Denegada en su reproductor de mp3 mientras viajamos en bus. ¿Qué voy a hacer cuando ya no pueda ver a Mico el Micófono presentando las imitaciones de Tulio Triviño en “Odiando a 31 Minutos”, a Joe Pino opinando y a Mario Hugo en la Convención de Inventores? ¿Alguien me va a entender cuando declare que hablo como idiota, o que yo nunca vi televisión porque es muy pome?

[ Trigal — Sandro ]

Nippon

Y bien, ¿qué puedo decir? Empezó la cuenta regresiva.

[ Honesty — Billy Joel ]

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

Tantos años oyendo a Manolo Bellón hablar de la película y de Peter Frampton no podían pasar en balde. He visto Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, y sí, es tan mala como dicen. Basta con ver los créditos del principio para darse cuenta de que la película intenta desesperadamente tomar gran parte de la obra tardía de los Beatles y sacar de ella una historia. De esta manera se ven descalabros como un personaje llamado Strawberry Fields y la inclusión de demasiados nombres mencionados en las letras —Billy Shears, Maxwell Edison, Sgt. Pepper, Mr. Kite, Mean Mr. Mustard, Lucy [in the Sky with Diamonds] —. Las canciones habladas tipo Leonardo Favio (Steve Martin recitando “Maxwell’s Silver Hammer”, Alice Cooper haciendo lo mismo con “Because” y George Burns con “Fixing a Hole”) compiten con los tristes arreglos del resto de los temas por el puesto del peor desastre musical del largometraje. “She’s Leaving Home” y “Mean Mr. Mustard” parecen cantadas por el bit de TRON, sólo que en esa época todavía no existía. La historia es tan confusa que no se llega a entender del todo (¿las aventuras de un grupo musical en su rápido ascenso a la fama y posterior búsqueda de instrumentos perdidos?). Si realmente les interesa, aquí está completa.

No obstante, no todo es basura en esta película. Se salvan Aerosmith, Earth Wind & Fire y Billy Preston con sus respectivas versiones de “Come Together”, “Got to Get You Into My Life” y “Get Back”. La aparición en pantalla de numerosas personalidades al final de la historia es suficientemente entretenida (yo estoy esperando la oportunidad de señalar a Paul McCartney, George Harrison, Seals and Crofts, Yvonne Elliman, Tina Turner, Heart y Minnie Ripperton, porque ya encontré a David Bowie, The Who y José Feliciano). Hay una brevísima parodia de Star Wars durante la cual uno llega a despertarse (en incredulidad: ¿esto puede suceder en una película de los Bee Gees?), pero acaba pronto. Tal vez lo único que salva el largometraje —en mi mundo paralelo porque esto no le interesa a nadie más —es la cara absolutamente hilarante de Robin Gibb. No tiene ni que actuar. Se sienta ahí al lado de su hermano Barry mientras éste canta “A Day in the Life” y ya. Véanlo ustedes mismos.


Yo tuve que aguantar alrededor de dos horas de Beatles destruidos para ver esta joya. Ahora que ustedes la han visto, quedan totalmente desprovistos de razones para ver Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Pueden continuar sus vidas normalmente.

[ You Never Give Me Your Money — The Beatles ]

Recordando a John Lennon

Fragmentos tomados de aquí:

Andrés Cepeda también lo recuerda bien: “Desde la dulzura de Yesterday, junto a McCartney, hasta los angustiosos alaridos de Cold Turkey, Lennon es uno de los grandes creadores de nuestra era”.
Últimas noticias para Cepeda: Paul McCartney compuso Yesterday solito. De hecho lo dejaban solo en escena cuando la interpretaba en los conciertos (ver CD Anthology 2 o VHS Anthology 5; todavía no la tengo en DVD).

Juan Pablo Villamizar
Músico y guitarrista de Juanes
Cuando pienso en John Lennon, de inmediato viene a mi mente el día en que lo asesinaron, hace exactamente 25 años. Yo tenía ocho años por aquel entonces y desde que me acuerdo, él ha sido la mayor influencia en mi vida. Cuando me dí cuenta de lo poco que sabía sobre él, decidí que no saber nada más sería un particular y cósmico homenaje.
Huh?

Nestor Dueñas
Integrante de Bullet, un grupo de ‘grunge’ totalmente influenciado por Los Beatles.
Yo soy fanático de Paul Mccartney y sé que John era su mano derecha, pero en su carrera como solista tuvo una visión muy personal de la música contraria a la de McCartney. Profesó la paz y decidió no solamente hablar con su música, también convocó marchas y manifestaciones. En cuanto a su vida sentimental, pienso que la primera esposa lo vio más como un integrante de Los Beatles que como una persona.
Lo siento, amiguito: John conoció a Cynthia cuando ambos estudiaban arte en Liverpool y se casaron cuando los Beatles apenas sacaban su primer sencillo en Inglaterra.

Conclusión: si yo fuera una artista no tan famosa y me pidieran unas cuantas palabras sobre un artista muy famoso de quien yo nada supiera, podría decir lo primero que se me ocurriera y aparecería en la prensa como si tal cosa. Al fin y al cabo, es la misma fórmula que usan en E! Entertainment Television para hablar de los 101 [inserte sustantivo plural aquí] más [inserte adjetivo plural aquí] de la farándula.

No puedo desear que los Beatles hubieran seguido reunidos hasta su muerte natural (cosa que habría ocurrido en 2001 con el deceso de George), ya que para 1970 no se soportaban y ya cada uno se había retirado temporalmente. No puedo culpar a Yoko Ono de la separación de los Beatles, porque al fin y al cabo fue John el que decidió estar con ella y quererla tanto como para alejarse de los demás. Las cosas suceden como suceden; extrañamos a John y a George, pero su música permanecerá por siempre.


[
Una película mala de Caracol ]

Una pesadilla de esas en las que uno corre y no alcanza

La vieja fantasía se ha hecho realidad. Los días se suceden el uno al otro, iguales, repetitivos como los paisajes que recorrían los Picapiedra. Siempre hay que ir a la universidad, siempre hay que llevar un rompecabezas armado en la cabeza, cuidando que ninguna pieza llegue a perder su lugar. Esta mañana me levanté temprano a repasar latín, convencida de que todo terminaría después de este viernes.

¿Viernes? ¿Cuál viernes? ¡Hoy es sábado!

Podría llegar Navidad, podría llegar Año Nuevo, y yo podría seguir yendo indefinidamente al páramo de niebla de alquitrán. Sábados, domingos y festivos sentada en un pupitre, en una banca, en un sofá, en una oficina, respondiendo dudas, entregando carpetas, informando notas, tabulando asistencia, confundiendo el chino con el japonés, rehusándome a aprenderme los tiempos verbales en latín, tarareando canciones en mi cabeza. Podría envejecer haciendo esto sin darme cuenta, dejar que el semestre se convierta en una vida entera y yo seguir acudiendo todas las mañanas, disgustada porque siempre voy tarde, resignada porque no haré nada para dejar de ir tarde, con los caracteres chinos enloquecidos como los de los cinturones que venden por ahí, la gramática japonesa borrosa y tímida, el latín intacto y polvoroso como un instrumento perdido en una caja de terciopelo.

Hoy es viernes, ¿verdad? Tal vez el lunes también lo sea, después de la cita al optómetra, y el martes y el miércoles y todos los días que perderán sus respectivos nombres cuando deje de creer en los calendarios, lo cual sucederá más pronto de lo que pueda imaginar.

Me pregunto qué tendré que estudiar para mañana.

[ Seven Days in Sunny June — Jamiroquai ]

Bu Zhi Dao

No sé si estudié bien chino. Tengo final a las 11 y no sé si sé. Por mi mente desfilan los caracteres de teatro y estadio y cuarto y el contador de sillas y los números y edificio y teléfono y no recuerdo cómo se dice ¿Cuál es tu dirección? ¿Cuál es tu teléfono? Y cuando leo cosas en chino se me viene automáticamente la pronunciación japonesa de muchos caracteres. Si pasa lo que espero que pase, voy a extrañar mucho tan curioso idioma. No me gustaría quedarme sólo con este poquito de conocimiento. El camino del chino es laaaaaaaaaaaaaaargo.

Por otro lado…

Tengo ochocientos cuarenta mil blogs y me doy cuenta de que ninguno sirve para nada —salvo Acrónimos, que es un juego al que no he podido dedicarle suficiente tiempo y al que pronto tendré que abdicar. De todos modos, si no fuera porque tengo un blog no podría darme el lujo de decirles a todos y a nadie que bajé una canción de Paul McCartney que me gusta muchísimo (My Brave Face), cosa que obviamente no le interesa a absolutamente ningún ánima sobre el planeta. También puedo hablar sin parar sobre cómo me pongo a pensar en palabras que se parecen en chino y en japonés, o sobre lo mucho que admiro al Sensei.

Pero toda esta tecleadera viene exactamente a ¿qué? A que no quiero irme de la casa a coger Transmilenio y entrar al Au y sentarme y darme cuenta de que en realidad no sé nada y jamás recordaré el chino y tendré que conformarme con mi japonés triste y el francés que se me olvidó y el inglés que ha regido mi vida. Estoy aprendiendo chino y no sé muy bien para qué me va a servir. De todos modos, aprender idiomas me gusta sobremanera.

[ Maybe I’m Amazed — Paul McCartney ]

Mata Atode, Sensei

En enero de 2004, 30 estudiantes aguardaban nerviosamente el principio de una clase en un salón del Ll. En la segunda fila, contra la pared, estaba sentada yo esperando al profesor de Japonés 1. Por alguna confusión pensé que recibiríamos las lecciones de Barrera Sensei, el jefe de jefes de Estudios Asiáticos en la universidad. Sin embargo, al cabo de unos diez minutos que no sé qué tan eternos se me hicieron, apareció un hombre desconocido, mucho más joven y con una sonrisa de oreja a oreja. En ese momento, y a lo largo de aquel primer semestre, se me antojó igualito al príncipe Malagant en Lancelot —ahora pienso que se parece mucho a Kwai Chan Kane en la primera versión de Kung Fu. Cerró la puerta, pero ésta volvió a abrirse. “Nandesuka—“, murmuró, sin dejar de sonreír. El choque de no tener a quien esperaba de profesor duró varias semanas: este profesor parecía demasiado joven, demasiado jovial para ponerse a enseñar una lengua que para ese entonces yo chapurreaba muy pobremente gracias a mi vida amorosa. El señor escribió su nombre en el tablero y se dispuso a explicarnos de una vez la abismal diferencia que hay entre el japonés y el chino, escribiendo un ejemplo en la segunda lengua y leyéndolo en voz alta. El hecho de que dominara eso que parecía imposible de hablar me pareció fascinante.

Así empezó mi relación con el Sensei. El señor me intimidaba sobremanera; yo no hallaba forma de hablarle sin sentirme infinitamente incómoda pese a que era muy amable. Me hacía participar mil veces en una sola clase, lo cual se me hacía entre chistoso y extraño. Un día le regalé un bizcocho japonés. En todo el primer semestre no fui capaz de intercambiar más de dos frases con él. Sólo hasta bien entrado el segundo nivel me atreví a contarle que mi en-ese-entonces-prácticamente-prometido era japonés. En el cuarto nivel resultó que mi asociado actual fue su alumno (y fue por una discusión sobre él que terminamos conociéndonos). Gracias a una clase adicional que tomé con él (Pintura japonesa), mi admiración por él creció exponencialmente. En tercer nivel me ofreció la monitoría de Historia Cultural de Japón, que aún mantengo, y que ha sido la puerta a cosas increíbles que han sucedido en mi vida reciente.

A lo largo de cuatro semestres los estudiantes fueron desapareciendo hasta quedar 5 sentándonos siempre en los mismos puestos, como si los fantasmas de otros fueran a ocupar los pupitres restantes. Ayer, de esos cinco estábamos cuatro cantando canciones junto con el Sensei en un karaoke rudimentario. Todavía queda mucho por hablar con el profesor más interesante que he tenido en mi historia escolar. Gracias a él mi vida ha tomado giros que jamás habría imaginado. Minori se ha ido pero mi vínculo con Japón no ha desaparecido; posiblemente se estreche más de lo que jamás pensé.

¿Imaginé que todo esto sucedería cuando lo vi entrar al salón con su parecido a Malagant y su sonrisa peculiar? No, claro que no. Eso es lo que ha hecho todo este proceso tan interesante. Cada vez que pienso que pude haber tomado Japonés 1 un semestre antes con alguien diferente sonrío; uno lo ignora, pero la vida siempre sabe bien hacia dónde va.

[ Amarain — Amr Diab ]