En algún momento de la vida se debe tornar angustiante el cambio de año, la vista del nuevo número consecutivo en el calendario. Temo que, para mí, ese momento es ahora. 2026 ya me parece una cifra demasiado grande. Sin embargo, si hay algo sobre lo que definitivamente no tengo control, es el paso del tiempo y sus convenciones. No queda sino aceptarlo y entender que lo que realmente cuenta es tener la salud y energía para ver salir el sol de otro año más. De otro día más, incluso.
En alguna parte leí que en Taiwán han adoptado recientemente la costumbre de las doce uvas a la medianoche, pero justo con una variedad grandísima que más parece ciruela que uva. Así no hay quien le lleve el ritmo a las doce campanadas, pero siendo sinceros, si de rapidez se trata, tampoco hay mucho que hacer con las uvas normales. Por eso yo siempre me he tomado mi tiempo para masticar cada deseo.
De cara a este año liso, brillante y de pliegues definidos que acaba de llegar a mi puerta, quiero establecer qué tipo de persona quiero ser. Así, las cosas que me proponga tendrán un sentido más profundo que el mero engrosamiento de una lista de hábitos. Actuar en aras de.
Quiero ser una persona escrupulosa con el uso de su tiempo y dinero, alguien que viva en resistencia contra el consumismo banal. Quiero que mis acciones, especialmente las que lleve a cabo en mi tiempo libre, redunden en la creación de algo: una gran serie de puntos que dibujen una línea. Ascendente, descendente, en zigzag; no importa. Lo importante es tener con qué trazarla para poder leerla en retrospectiva.
Quiero ser alguien que reconoce y defiende su derecho a existir en los espacios que habita. Quiero mirar a la cara a la gente, no huirle a la interacción. Entrar con paso firme. Deshacerme de una vez por todas de los vestigios de vergüenza existencial que me dejó Japón.
Finalmente quiero, al llegar a cierta edad cada vez menos lejana, ser una persona que les ha hecho el quite a los presagios al vivir libre de determinados dolores. La ventana de acción está bien abierta, pero puedo ver cómo se va cerrando.
¿Estaré siendo demasiado ambiciosa? El solo haber formulado la pregunta es señal de que existe miedo. El miedo es importante. El miedo significa que vale la pena. He llegado hasta este punto de querer lo que quiero porque soy capaz. Esto no es una reinvención: es un yo más enfocado, con bordes menos difusos. Avanti.