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    2012 - 10.26

    Aparecía j. en Skype y me decía que me quería. Me decía otras cosas pero no podía oírlo bien porque estaba en un lugar ruidoso. Me iba a un cuarto vacío. Acercábamos nuestros labios a las pantallas de nuestros computadores y sentíamos que nos besábamos. Yo intentaba tocar “Everybody Hurts” de R.E.M. para él en el ukulele pero donde él estaba había otras personas que podían oírnos y apenas escuchaban la primera nota creían que iba a tocar el Ave María, entonces empezaban a cantar.

    Estaba en un bosque y hablaba con Diego R. de bicicletas. Luego me llamaba Gazapos desde Nueva York y conversábamos mientras yo miraba unas flores parecidas a los cerezos pero que crecían en arbustos.


    2012 - 10.06

    Estaba en un balneario en Estados Unidos con mis papás. Pensaba que después de este paseo podría seguir a Pittsburgh antes de volver a Colombia. Conocía a un niño de 17 años. Resultaba en un cuarto tirando con él. Quería que le gustara porque era su primera vez. Cuando terminábamos nos poníamos muy cariñosos, pero resultaba ser el fin de una película en la que yo estaba metida.


    2012 - 05.14

    Unas personas y yo estábamos esperando a que nos rescataran de la Tierra, que iba a ser destruida pronto. Teníamos listas nuestras toallas para que un amigo extraterrestre nos llevara en una nave segundos antes de la gran explosión. Algunas personas no hacían las cosas bien y el extraterrestre (humano) hacía retroceder el tiempo cuantas veces fuera necesario hasta que hicieran los preparativos en el orden correcto y así poder huir con nuestras toallas.

    Aterrizaba en Miami, me salía del aeropuerto con mis maletas y estaba dispuesta a disfrutar de la playa (que estaba ahí mismo) cuando me daba cuenta de que yo en realidad estaba haciendo escala pero no sabía la hora de partida del siguiente avión ni adónde me llegaría. Me tocaba entonces devolverme al aeropuerto. Me preocupaba. El paisaje playero era todo azulado, como si se le hubiera aplicado un filtro azul a la luz del día.

    Estaba en un baño de mármol café como setentero. Había personas disfrazadas de gladiadores. No sé si yo también estaba disfrazada. Creo que ellos estaban esperando a que yo me alistara.


    2011 - 10.12

    Estaba en Estados Unidos. Tenía un novio que era millonario. Nos dábamos besos y paseábamos por la calle. Había muchísima pero muchísima gente con camisetas y chaquetas de la campaña, y yo también pero quería quitármela. Entrábamos a Macy’s en busca de una blusa para cambiar de pinta, pero todo estaba horrible. Las carteras también eran horrorosas.

    Pasábamos a la sección de alimentos. Resultaba que vendían ponqué Gala pero la marca en Estados Unidos era Cotton. Lo vendían en muchos más sabores y con salsas y cremas. Lo de los sabores nuevos me gustaba, pero detestaba el dulce encima. Comíamos muchas degustaciones, de todas maneras.


    2011 - 07.28

    En un parque en Nueva York había un edificio muy viejo que tenía un ascensor. Si uno subía podía ver el paisaje lunar. Alguien dudaba de la belleza de dicha vista, lo cual me daba rabia. Al parecer yo iba a hacer un viaje junto a un grupo de personas partiendo desde el parque. De repente resultaba que j. también iba a participar. Aparecía con la esposa y yo salía corriendo, me negaba a saludar del puro miedo. La esposa, empero, era muy amable, e insistía en darme un apretón de manos.


    2011 - 04.22

    Estaba caminando por el barrio donde queda la casa de mi tía. Tenía puesta una blusa blanca de flores rojas y cuello chino muy bonita. Tenía la chaqueta en la mano. Aparecía Ovidio paseando a su sobrino, quien era mucho menor de lo que es en realidad. Nos saludábamos de lejos. Llegaba a la casa de mi tía y de repente estaba en el dormitorio de una universidad en Estados Unidos.


    2011 - 03.24

    Veía la noticia de un soldado estadounidense que hallaba la manera de huir de la guerra donando parte de su cerebro en Colombia.


    2011 - 01.10

    Me estaba quedando en un hotel lujosísimo en Estados Unidos. Edward Herrmann me invitaba a dar un paseo con él en The Hamptons. Yo había dejado mi maleta lista y me había ido a dar vueltas o algo así, y llegaba al hotel cuando el bus nos estaba esperando. En el ascensor me preguntaban de qué compañía era el bus, yo decía “Willer”. El bus era igualito a uno de los que abordé en el paseo a Nara hace poco (en efecto, de la compañía Willer). El conserje me decía que había oído algo sobre el arribo del bus. Edward Herrmann (con el vestido y la actitud de Richard Gilmore) me decía que no había tiempo de alistar nada más y deberíamos abordar el bus. Yo no me había bañado, así que estaba un poco incómoda, pero el viaje duraba apenas una hora. Entonces me daba cuenta de que nuestro bus Willer no era un yakou basu sino un Hampton Jitney.

    Ya en The Hamptons nos enterábamos de que los paramilitares se habían tomado la zona y estaban expropiando las fincas de todos. Carlos Castaño comandaba el ataque y me decía que tenía tiempo de llamar a mi familia y avisarles para que huyeran, porque al que encontraran lo matarían. Sin embargo, yo no tenía el teléfono de nadie. Había una gran procesión de gente detrás de los paramilitares, impotentes viendo cómo poco a poco iban diciendo “esto es nuestro” en cada finca donde entraban. Yo reconocía parajes, pensaba que la última vez que había recorrido estos caminos tenía 13 años, me ponía a llorar. Temía que los paramilitares fueran a encontrar a mi tío y a mi prima, a quienes no había podido avisarles que todo lo iban a perder. Pensaba también que no tenía sentido ser dueño de tierras. ¿Para qué? Quería desentenderme de esto tan pronto como fuera posible, pero pensaba en la casa que había construido mi abuelo. De repente estábamos en un lugar cerrado, como si esta fuera una representación y en vez de recorrer trochas recorriéramos pasillos. Unos curas aparecían y cerraban con cortinas negras la entrada a un pasadizo. Entonces todos sabían que los paramilitares, que estaban más allá del pasadizo que no podíamos atravesar, se habían aburrido de solo expropiar y habían empezado a matar. Todo el mundo huía. Yo podía ver a Edward Herrmann y él a mí, pero no podíamos reunirnos entre la turba.

    De repente aparecía Mel Brooks como rabino y nos avisaba que la única esperanza recaía en mí: había que circuncidarme. Yo me excusaba por no haberme depilado en mucho tiempo. Estaba dispuesta a hacer el sacrificio pero tenía mucho miedo. Encontraban mi clítoris, que era grande y plateado, y a todos les parecía hermoso. Estaban a punto de pinchármelo con un tenedor hasta que Mel Brooks sacaba un escalpelo. Yo les pedía que por favor no lo fueran a cortar de verdad. Al fin y al cabo, esta era una representación. Entonces me rozaban apenas con la punta roma de algo, tal vez el mismo escalpelo, y celebraban.


    2011 - 01.09

    Mi mamá y una compañera de clase de japonés de Los Andes venían a visitarme en Tsukuba. Era tarde en la noche y la compañera tenía hambre, pero todo había cerrado a las ocho, así que yo solo atinaba a decirle que fuera a comer a McDonald’s. Me arrepentía y sugería uno de esos restaurantes japoneses de centro comercial que no suelen ser nada llamativos, pero la idea no calaba. Al fin íbamos a comer Masayasu, mi mamá, ella y yo, pero en mitad de la comida la que estaba sentada frente a mí ya no era mi mamá sino Nellie McKay. Nos poníamos a cantar a dúo “If I Had You”. Yo estaba emocionadísima y casi llorando, y quería decirle que había sido por ella que yo había empezado a tocar el ukulele.

    De pronto estaba quién sabe en dónde en Estados Unidos, en un coro dirigido por el Padre Francis. Todo el mundo se sabía la canción menos yo. Aparecía una monja gringa gorda que me quería mucho no sé por qué. Se parecía a mi abuela paterna. Tenía el pelo muy corto, que mojado se veía medio punk. Yo pensaba que algún día me cortaría el pelo así de corto así luego resultara viéndome igualita a mi abuelita. Cantábamos juntas, creo que una de los Beatles. Yo hacía la voz baja (como siempre). Mi mamá aparecía de la nada y me regalaba un montón de marcadores Crayola; yo me sentía como si hubiera regresado a la infancia. Tenían tapas raras y doble punta y había que taparlos porque venían destapados. Sostenía en la mano uno verde biche: era casi igual a los marcadores Prismacolor que me compré con mis ahorros cuando tenía 8 años.


    2010 - 12.21

    Estaba caminando por la calle en Bogotá. Unos gamines se aparecían para robarme, pero yo no tenía dinero. Estaba confiada en que no me harían nada por no llevar nada, pero ellos y yo nos dábamos cuenta al tiempo de que tenía un celular. Me lo rapaban. Uno de los gamines me iba a chuzar pero yo agarraba al otro de escudo y lo dejaba malherido. Salía corriendo y me montaba en el primer bus que pasaba. Allí me encontraba con un contacto de Internet. Nos enterábamos de que había un general retirado de la policía convertido en detective privado que estaba robándose unos pins que yo les había regalado a mis amigos y los estaba usando como evidencia para investigar cuál era mi vínculo con j. El detective iba en el bus y le explicaba al contacto un montón de cosas mostrándole los pins (uno de ellos se lo había dado yo a ella). Al parecer aún no había encontrado ningún material incriminatorio y no sabía cómo era yo físicamente, pero yo estaba horrorizada de saber que tal investigación existiera.

    Nos bajábamos del bus en la 100 con 15. Estábamos un poco desubicadas. Íbamos a entrar accidentalmente a una institución que era propiedad del gobierno de Estados Unidos, pero nos dábamos cuenta y seguíamos caminando. Llegábamos a una especie de bar pero aparecían unos policías texanos y nos decían que estábamos borrachas y por eso debíamos irnos. Estábamos muy extrañadas porque no habíamos alcanzado a tomar nada, pero salíamos. Desde afuera se veía que era un bar de lesbianas. Ella de repente volvía y empezaba a gritarles cosas desde la puerta, pero la agredían horriblemente. Terminábamos en el piso frente al bar, yo la sostenía en mi regazo ensangrentada y le preguntaba por qué había hecho eso.