Las cinco del viernes

Ahora que mis problemas de Internet han sido superados puedo dedicarme a las burradas usuales.

1) ¿Qué querías ser cuando eras pequeño?

Diseñadora de modas.

2) ¿Tenías clara tu vocación en la adolescencia?

No, para nada. Estuve interesada en volverme monja durante un buen tiempo, pero después de unos retiros que tuvimos, me di cuenta de que ésa no era la vida que yo quería. En décimo decidí estudiar Comunicación Social (el periodismo me llamaba mucho la atención, y en cierto modo aún me gusta); después de tomar el énfasis en esa área en el colegio me fui por la Literatura. Supongo que del periodismo sólo me gustaba la parte escrita. Igual hasta que uno no entra a la universidad uno no sabe qué tal es lo que uno quiere/no quiere hacer.

3) ¿Has conseguido dedicarte a lo que querías?¿Estás en ello?¿Lo dejas para más adelante?¿Crees que lo conseguirás?

No sé si es lo que quiero, pero sé que no es lo que no quiero. No me siento apasionadísima en mi carrera pero espero hacer de ella algo que me apasione cuando me toque vincularme al mundo del empleo. O tal vez haga algo totalmente distinto, es muy temprano para adelantarme a los hechos.

4) ¿Hay algún oficio o trabajo que te negarías en redondo a desempeñar?¿Por qué?

No me gustaría ser repartidora de papel higiénico en los baños públicos del Terminal de transportes… ni de los que ponen cauchitos en las tenazas de las langostas… ni bailarina de coreografías del Checo Acosta… ni repartidora de volantes en patines… ni violinista de Yanni!

5) ¿Cuál es el oficio/trabajo más original o raro que conoces?

Hm… En los canales de Discovery hay gente a la que le pagan por ir a spas carísimos, por viajar a sitios geniales, por probar comida deliciosa alrededor del mundo… Hay gente a la que le pagan por probar productos. Hay gente que vende su plasma. Otros se prestan a pruebas de medicamentos (y les pagan bien). No se me ocurre un trabajo muy loco… tal vez la gente que se sube a la punta de las Torres Petronas a limpiar…

SUENA: Sweat (A La La La La Long) — Inner Circle

Soy Duncan McLeod, del clan McLeod

Ahora que han puesto más bonito eso de los clanes me provoca crear uno. Sin embargo, si lo hiciera, ¿quién se uniría? ¿Por qué alguien querría aliarse con la aburrida dueña de este blog verde? ¿Qué podríamos tener en común un sector de TOL y yo?

SUENA: The First Taste — Fiona Apple

Hace falta mirar hacia arriba de vez en cuando…



Fotografía de Magda Kitano

Acentos (o eludiendo el ensayo)

Me gusta el nombre de Cide Hamete Benengeli. Tal vez es por eso de tener ancestros libaneses, o simplemente por lo bonito que suena la palabra “Benengeli”. Tengo una especial fijación por las líquidas, la L y la R, justo las letras que en japonés se funden en una sola y por ende, se puede oír a la mayoría de los japoneses decir cosas como “turn off the right” y “light now”. Pero si lo pienso un rato, en cierto modo están en su derecho: los norteamericanos van al Timbuktú y esperan que todo el mundo les entienda el inglés, o aprenden idiomas y jamás de los jamases se deshacen de su particular R. Es obvio que hay excepciones. Un amigo mío, Andrew, tiene un español perfecto (no exagero) y hasta donde yo sé, empezó a aprender ya grande. En el otro extremo está la gente que estudiaba francés conmigo en Dubuque y jamás se esforzó por hablarlo de manera siquiera inteligible.

Cuando fui a Minnesota, hace ya como cinco años, había una niña que viajaba conmigo y no podía pronunciar el sonido w. Así, me quedé con ella en GÜillmar, MN, con una familia cuyo hijo se llamaba GÜill. Además tenía una voz muy chillona (no soporto las voces chillonas). Eso me hizo recordar una exposición que hizo una niña el semestre pasado sobre las flautas del Yurupary que representan los GÜesos del cuerpo humano. Fue una tortura.

Ahora dirán ustedes “ah, ésta cree que tiene un español perfecto”, pero no, no; mi pronunciación es malísima y tengo un acento chistoso. No entiendo por qué. Parece como si yo no hubiera nacido acá, como si hubiera vivido quién sabe en qué lugar durante quién sabe cuántos años y hasta ahora hubiera regresado. Mis amigas de la universidad ya están tomando nota de mi acentico y… no sé, sería útil arreglarlo… tal vez… ¡ni siquiera sé de dónde salió! ¡Y yo no veo televisión como para decir “aaah de las novelas mexicanas”! Creo que empezaré a hacerle un seguimiento al acento raro. Si alguien me ha oído hablar y puede identificar el fenómeno, hágame la caridad y apúntelo en los las curiosidades y recuerditos.

Vaya. Tengo un ensayo que hacer, pero tendrá que esperar porque ya es hora de irme.

(Ja, otro de esos posts en los que en realidad no digo nada.)

SUENA: Fortunate Son — Creedence Clearwater Revival

Lost in Translation

“Sometimes you have to go halfway around the world to come full circle.” —from the Lost in Translation website

¿Qué hacer cuando no sólo se está perdido en el mundo sino en uno mismo? Un viaje es una ocasión perfecta para la vulnerabilidad del alma; el mundo que considerábamos estable se desmorona ante nuestros ojos y las personas en quienes contábamos se convierten en fantasmas de quienes posiblemente sea mejor alejarse. Todos parecen tan bien ubicados en sus cómodas raíces mientras que nosotros no nos hallamos en ninguna parte, mucho menos en este nuevo lugar que nos acoge temporalmente… y entonces, cuando todo parece irse por el drenaje, cuando nuestra alma se asemeja a una estatua de hielo que se quiebra en el suelo y se convierte en un charco informe, aparece una tabla de salvación. Es otra persona igual de perdida a uno, alguien cuya sonrisa tímida brilla entre la incomprensible multitud.

Contando con algo de tiempo y un par de afortunadas casualidades, dos extraños penetrarán el ámbito de la soledad compartida y se convertirán en todo lo que se necesita para sobrevivir en un mundo que parece sacado del otro lado de un agujero de gusano. Entonces, el nuevo mundo se convertirá en algo que merece ser explorado en esta nueva compañía y, a través de este encuentro, los perdidos logran encontrarse a sí mismos, o al menos encuentran la senda por la cual podrían hallarse.

Lo doloroso de estos encuentros en lugares lejanos al hogar es que no pueden ser duraderos. Las dos partes están de paso, tarde o temprano habrá que proseguir el camino. No obstante, aquella pequeña porción de existencia dejará una marca imborrable en la memoria, en los sentimientos… ¿Cómo olvidar a alguien que en un momento dado fue tan igual a uno, alguien con quien uno se sintió seguro pese a hallarse en el mismo laberinto? Si se extendiera Lost in Translation a la vida entera de Charlotte y Bob, ¿cómo veríamos su regreso a la vida normal? ¿Cómo se manejarían sabiendo que en algún lugar del mundo hay alguien con quien alguna vez se habló el mismo idioma, contrario a las personas que habían escogido ya hace algún tiempo? ¿No se convertirían en extranjeros permanentes que sólo han podido hallar el hogar junto a aquel ser que alguna vez se sentó a su lado, insomne? Por un lado, ojalá no; la soledad sería insoportable. Por el otro,…

Tal vez muchos de nosotros nos sentimos extranjeros en el mundo, y necesitamos irnos muy lejos para hallarnos a nosotros mismos. Quién sabe si en el intento hallemos algo más que nuestro propio camino…

SUENA: Ava Adore — Smashing Pumpkins

Cinema 3

Pues bien, amigos, he visto Lost in Translation, tal como quería. Me acompañaron Engel, Lowfill y Arcandolf, a quienes agradezco el excelente rato.

Sobre la película haré un post aparte, pero por lo pronto comentaré sobre cosas varias del día, como para no tener que decirle a Lucas que nunca tengo nada que contar. Él tiene razón… siempre hay algo que contar.

  • Apenas abrí los ojos me puse a leer Don Quijote. El libro (o más bien el conjunto de los dos) es muy bueno, no puedo negarlo, pero debo aceptar que ahora que estudio literatura he querido alejarme mucho de la literatura hispanoamericana. Bueno, para ser sinceros, nunca he estado muy cerca de ella. No obstante, ahora sí que quiero salir corriendo.
  • Mientras me alistaba para irme a Atlantis redescubrí el placer de cantar canciones de Billy Joel a voz en grito, especialmente Honesty y Just the Way You Are. Fue una excelente idea comprar ese cd de Billy…
  • Hay que aceptar la realidad: el cabello crece, y el mío no es la excepción. Ya se está convirtiendo de nuevo en simple material de trenzas y colas de caballo.
  • A Lucas me lo encontré donde menos lo esperaba, y a tiempo. Me entregó un dibujo reminiscente de Odilon Redon, mi pintor favorito. Una obra de arte de él, para mí, ¡qué bien!
  • Lowfill tuvo la buena fortuna de divisar mi chaqueta rosada en lontananza (vaya prenda infalible) y se unió a la pequeña comitiva. Fue muy curioso ver de repente a alguien parado al lado nuestro y tener la certeza de que éramos los que debíamos ser.
  • El encuentro de Arcandolf fue memorable. Estábamos apenas entrando a la fila de la taquilla cuando un hombre se aproximó y preguntó si nosotros éramos los de la Open List (muy al estilo de “¿ésta es la fila para el bus que va a Las Aguas?. Diría yo que corri? un gran riesgo, podíamos haber sido cualquier partida de paisanos en busca de la felicidad del séptimo arte; sin embargo, Arcandolf aseguró que nuestra apariencia distaba de la del cliente de Atlantis promedio. Yikes! We’re freaks and you can tell from afar!
  • Creo que el cine contemporáneo se ha hecho para que los cortos sean más interesantes que las películas. Vi un montón de cortos de películas que posiblemente resulten muy, muy sosas.
  • Lost in Translation me pareció una película muy linda… Pero como ya dije, merece post aparte.
  • Después de la película nos fuimos a comer un bizcocho en Pan Fino. No sé qué tal hayan estado las canastas de nueces de Arcandolf y Lucas, y la milhoja con mermelada de Lowfill… em… me pareció bastante peculiar, pero mi pastel de carne estuvo muy rico.
  • Pasaron tres personas por la panadería pidiendo plata para pagar un funeral. Mostraban el certificado de defunción de la persona, lo cual daba una sensación de extrañeza y vacío… No sabría qué más decir al respecto.
  • Acompañé en transmilenio a Lucas a la 45, después de lo cual nos dividimos y, mientras él visitaba a su mamá en el hospital, yo volví a mi hogar. Fue un buen día.

Fue una buena ocasión para salir de la rutina… Creo que ahora podré resistir un par de días más haciendo exactamente lo mismo de siempre. Después de soñar un poquito con Tokyo, sus enceguecedoras luces y sus hombres locos, volveré a sumergirme en el mundo de Don Quijote, el transmilenio y los días que se suceden como copias de una misma obra en una librería.

SUENA: Electrical Storm — U2

Cinema 2

Como decían en Jesus Christ Superstar: “Then we’re decided.”

Lugar: Atlantis Plaza

Fecha: Marzo 6, 2004 (Sábado)

Hora: 1:30pm (la película empieza a las 2:10pm)

Película: Lost in Translation (más conocida en Colombia como Perdidos en Tokio)

Precio: $12.000 normalmente, $9.500 con bono de descuento (sale en El Tiempo)

Recomendación: Confirmar participación. Si para mañana (viernes) en la noche no aparece nada en el recuadrito de los comentarios, llego a la hora que quiera directo al cine y no espero a nadie.

Be there or be square.

SUENA: Here It Comes Again — Melanie Crisholm

Cinema 1

Mi iniciativa de la película tuvo más acogida de la que yo esperaba. Como no se trata de elegir una pareja de baile (para eso sí los veo huyendo) ni de hacer algún tipo de concurso cazatalentos, me parecería genial que todos aquellos gentiles interesados en Lost in Translation nos reunamos y la veamos juntos. Por supuesto que llevaremos en el corazón a los que se hallan en otras latitudes (jeje, qué cursi soy).

Debido a que no soy capaz de perder clases y los días de gracia económica en los cines tienen todos restricciones relacionadas con mi educación (se cruzan), considero que la película deberá ser vista un día del fin de semana. Según terra.com.co, los únicos cines que están presentando la película son Cinemanía, Unicentro, Andino, Atlantis y Bima. Por obvias razones dejo a Bima fuera de concurso. Andino sólo da la película a las 9:15pm, por lo cual también queda afuera. Unicentro me parece un robo y aun cuando es fácil ir hacia allá desde mi hogar, por extrañas razones es imposible regresar (¿la de ese bus es una ruta sin retorno? misterio…), así que lo tacho de la lista.

¿Qué nos queda? Muy bien, amiguitos: Atlantis y Cinemanía. Atlantis cobra $12000 los fines de semana, pero si no estoy mal, cuando uno presenta esos recorticos maravilla que vienen en El Tiempo, el precio baja a $9500. Presentan a las 2:20pm y 9:45pm. Allí ganaría la función de 2:20pm.

Cinemanía cobra $10000 los fines de semana, presenta a las 2:00, 5:00 y 7:00pm. Las funciones de 2:00 y 5:00 son posibles mientras haya compañía al transporte.

Habiendo expuesto los anteriores puntos… ¿Qué opinan? ¿Aún quieren ir? ¿Qué día y a qué hora? RSVP, ASAP!

SUENA: Games People Play — Alan Parsons Project

Satou San wa kaishain desuka? Iie, Satou San wa kaishain jya arimasen…

No se me ocurre nada que decir. O más bien sí, pero son cosas poco o nada importantes. Aquí van.

  1. Después de más o menos 10 horas seguidas de hacer ejercicios de japonés en hojas de cuaderno, no sé cómo no he roto los libros ni botado el diccionarito hipermoderno de Minori contra la puerta. Tuve que parar durante una hora y media no por sueño ni por cansancio, sino porque mi mano simplemente ya no respondía y el dolor que producía su uso en tan particular labor como escribir me mandó directamente a la cama. Aún a riesgo de sonar zalamera agradezco a los que en algún momento de la insomne noche me acompañaron (en especial a Changhee y Minori… su compañía salvó lo que queda de mi integridad mental).
  2. Instalé hace poco la compatibilidad con caracteres japoneses para Office. Haciendo una hermosa labor de copy + paste puedo decir cosas en msn hasta con los kanji que no me sé. ¿Que para qué me sirve la compatibilidad con caracteres japoneses para Office? Eh… Sí, claro, pasemos al siguiente punto.
  3. Estoy planeando una salidilla a cine, a ver Lost in Translation. ¿Alguien se apunta? Nota: no garantizo helado/café/gaseosa pre- o post-cine debido a mi paupérrima condición de estudiante, y prefiero ir a cine de día a no ser que la compañía a Transmilenio esté asegurada. Bah, ya me vi yendo sola.

Y ya… Esta maña de escribir burraditas en las mañanas siempre me cuesta caro (o sea, se me está haciendo tarde para ir a clase de japonés…). Me duele mucho el pulgar derecho después de una noche tan productiva y tan falta de sueño. No puedo creer que, al menos durante las primeras seis horas y a sabiendas de su condición de pesadilla de aquellas en las que uno corre y no alcanza, hubiera disfrutado la tarea (pero ya veremos cómo me cambia la cara ahora que me ponga a terminar el ensayito este que tengo pendiente sobre el Popol Vuh).

SUENA: Move Your Feet — Junior Senior

3×5

Today skies are painted colors of a cowboy’s cliche,

And strange how clouds that look like mountains in the sky

Are next to mountains anyway!

Didn’t have a camera by my side this time,

Hoping I would see the world through both my eyes;

Maybe I will tell you all about it when I’m

In the mood to lose my way,

But let me say…

“Recordar es vivir”, suspiró mi papá hace un par de días mientras contemplaba una foto de mi partida. Viniendo de él, esta frase cobró un peso especial. Las fotos han estado presentes en casi todos los momentos de mi vida. Toda persona, paisaje, objeto que merezca ser recordado, tiene su respectiva foto. Una vez mi hermana y yo le tomamos una foto a un par de pilas marca “Pannasuanic”, simplemente por lo graciosa que nos parecía esa distorsión de Panasonic. Nos hemos tomado fotos porque tenemos un peinado particular o porque nos vestimos de un modo particular, le hemos tomado fotos a la dalia del jardín porque está recién florecida; he tomado fotos desde casi todos los aviones en los que he viajado, de las cuatro estaciones vistas desde una misma ventana, de restaurantes en los que he comido y de personas que me han parecido amables.

Sin embargo, hay fotos que solamente residen en mi cerebro.

You should have seen that sunrise with your own eyes!

Cada vez que voy a la finca de mis abuelos, en Puerto Boyacá, mis ojos se llevan un festín que desafortunadamente no puede ser capturado en fotos; no es lo mismo, todo un pedazo de mundo encerrado en un rectángulo… Nubes de mariposas azules con visos verdes, una ceiba inmensa con un nido de águila en la copa, un árbol inmenso con espinas por todo el tronco, un atardecer rosado con nubes encendidas de carmín frente a mí mientras la luna emergía de la negra silueta de la sierra a mis espaldas… Todo eso se queda conmigo…

También se quedará conmigo una luna anaranjada, una calabaza en el cielo que vi volviendo a Colombia después de un viaje alos 14 años. Intenté tomar una foto, me quise aferrar a esa imagen desesperadamente… pero fracasé estrepitosamente. Esa luna se quedará dondequiera que yo esté, al igual que la llamada harvest moon que me aterrorizó en las noches de otoño en Dubuque… Tan inmensa, tan roja, era como estar en otro planeta de repente. Y todas esas lunas amarillentas sobre el horizonte bogotano…

Today I finally overcame

tryin’ to fit the world inside a picture frame…

Napa Valley. Creo que es ésta la esencia de todo lo que estoy escribiendo ahora; un paseo por el Cielo después de meses de vivir un infierno nevado… No sé si me haya parecido tan bello justamente por la urgencia que tenían mis ojos de volver a ver el color verde. Lo que sé es que ese día vi tantos, pero tantos paisajes hermosos, que tuve que renunciar a filmarlo o a atraparlo en fotos para tratar de hacerlo permanecer únicamente en la memoria. Un bosque con los rayos de sol filtrándose, colinas que me recordaban a la Sabana de Bogotá… y el mar… el radiante mar… ¡Qué difícil es explicarlo! ¡Qué difícil es transcribir el color de los viñedos y el tamaño de las flores cuando se los ve por primera vez después de meses y meses de chamizos congelados!

Nada de esto lo podré explicar de manera concreta. Nunca comprenderán de qué hablo, qué he visto; y aún si existiera una foto para probar que lo que vi es lo que recuerdo, ésta no se equipararía jamás al momento en que mi estómago pareció contraerse mientras mis ojos y mi boca se abrían involuntariamente y yo agradecía estar completa en ese momento para vivirlo, para dejar las máquinas que guardan memorias en mi regazo y contemplar un mundo que, después de todo, a veces nos guiña para que no nos cansemos de caminar por él.

You’ll be with me next time I go outside:

No more 3×5’s…

SUENA: 3×5 — John Mayer