Monthly Archive for September, 2009

Fenestra

Fenestra

“(…) and no sun is strong enough to illuminate the spreading black ink of perpetual quietude.”

[ 月世界 — BUCK-TICK ]

The Mind’s True Liberation

Se reconocen los beneficios de vivir en completa soledad cuando se ha pasado toda la tarde y toda la noche y toda la mañana alternando dos versiones de una misma canción sin haberse detenido ni un instante a pensar en el bienestar auditivo y mental de alguien más.

[ Aquarius — Hair, Original Broadway Cast / Original Motion Soundrack ]

Koristamine

El disco duro de mi computador se ha llenado por completo. A falta de dinero para un nuevo computador y de voluntad para una nueva unidad externa, he tenido que recurrir a la eliminación sistemática de archivos innecesarios. Como no he tenido el valor de hacer un arrasamiento a lo castigo de Yavé, la medida debe ser tan efectiva como limitarse a pasar la esquina retorcida de un trapo por entre las rendijas de los baldosines del baño. No sé dónde viven los archivos realmente prescindibles, pero yo tiendo a echarle la culpa a la música, que crece como los fríjoles de rosa veteado que mi mamá dejaba toda la noche remojando en un recipiente verde limón.

Antes de borrar una canción me dirijo a su respectivo contador de reproducción en iTunes y, si el número es de un solo dígito, la escucho a ver si es que he venido ignorando una joya o si definitivamente me da lo mismo que suene o no. Una opción rápida para la condena de archivos es notar su existencia y lo mucho que me aburren cuando el aparato está en modo aleatorio. Ahí no hay que pensarlo dos veces. Uno deja a un lado el libro que venía leyendo, salta al escritorio y hunde delete.

Últimamente han desaparecido temas que, si bien no me gustaban, me parecían chistosos. Me pregunto de dónde habrá salido ese afán de mantener música risible si escasamente la escuchaba. Todo está desperdigado como balines de un viejo disparo: ritmos caribeños inclasificables, música instrumental de propiedades somníferas, bandas sonoras malas de series buenas. De repente todo es claro: esas canciones estaban ahí única y exclusivamente para fastidiar a Himura.

Ya no recuerdo qué era lo que tanto le molestaba fuera de los Village People, que en todo caso eran contribución suya. Creo que cuando me confesó que le gustaban estábamos en su cuarto sin ventanas, y yo no podía creer que alguien pudiera disfrutar ese grupo más allá de las fiestas donde la sigla YMCA explota de todos los brazos. Lamento haber arruinado ese pequeño amor con mi imitación de baile de stripper gay y mi voz de transexual pero qué más da, si para ese entonces ya todo le fastidiaba.

Ahora no queda mucho de esa era en mi computador, pero de cuando en cuando emerge de las profundidades una canción olvidada, un chiste interno en una burbuja de la que no queda ni el jabón salpicado en las paredes y las narices. Es como hacer limpieza en la casa y toparse con restos de una fiesta celebrada hace mucho tiempo. Ahí, detrás del sofá, se encuentran unas serpentinas sucias y dobladas en todo tipo de ángulos como réplicas baratas de esculturas de Édgar Negret que alguna vez volaron en eufóricas espirales.

[ A contratiempo — Ana Torroja ]

Edger

Universidad de Tsukuba, salón 2B207, 9:15am.

La hoja que nos entregó la niña que está haciendo la presentación tiene como título “Edger Allan Poe and Horrid Laws of Political Economy” (sic). Edger. En un curso anual sobre Edgar Allan Poe. Habiendo tenido más de una semana para obturar las pupilas frente a una fotocopia que dice en letras grandes y negras “Edgar Allan Poe and the Horrid Laws of Political Economy“. ¿Esta gente realmente lee o su cerebro corre Google Translate?

No tiene absolutamente ningún sentido venir a un salón a dejar vibrar los huesecillos del oído mientras alguien dedica toda la clase a presentar un resumen traducido de tres párrafos de la lectura que nos han repartido. Me gustaría estar aprendiendo algo aquí, pero creo que desde 2006 ha ocurrido de todo menos eso. Claro que en las aulas japonesas me he afianzado en el dibujo, si hemos de verle el lado positivo al asunto.

Me es imposible poner atención si no hay nada a lo cual poner atención. Poner atención al silencio, a las fastidiosas voces nasales que parecen estar diciendo algo pero en realidad solo farfullan fonemas vacíos. A mi lado alguien duerme.

QUÉ HAGO AQUÍ.
QUÉ HAGO AQUÍ.
QUÉ HAGO AQUÍ.

En momentos como este es fácil llegar a desear la muerte solo porque ello aseguraría que uno nunca más tendría que tumbarse sobre un retorcijón de metal y madera pelada a practicar la meditación forzada durante 1.25 horas.

Esto no es sino una sala de espera en la que no dejan leer revistas. Paciencia kafkiana.

[ A Bar in Amsterdam — Katzenjammer ]

Ámbar

Hoy vi el anochecer en Alemania. Nunca he estado en Alemania y lo más probable es que pase mucho tiempo antes de que ponga pie en cualquier esquina de Europa, pero lo vi. El azul celeste se tornó azul cobalto se tornó negro.

Mientras observaba, mi cuerpo adquirió un aura índigo que rápidamente se fue tiñendo de ámbar. Podría haberme quedado quieta un rato y jugar a ser un mosquito de hace millones de años que observa las noches anacrónicas desde su coraza de resina.

Había pasado la noche en vela, o el día en vigilia. Suceden ambos al tiempo. A veces tengo la sensación de estar en todas partes.

[ Indigo — Moloko ]

The Food of Love

Aunque no lo crean, se puede ver música en cualquier parte. No videos musicales, no; música.

Arhuaco ve música en los números de una conjetura sin resolver.

Este señor ve música en los pájaros que se posan en los cables de la electricidad.

No siempre nos damos cuenta pero todo, todo es susceptible de llevarnos a una melodía. Todo nos arrastra hacia aquellos instantes en los que el aire danza como las briznas de susuki hasta tocar nuestros tímpanos y agarrarnos el corazón como una mano incrustada en nuestro pecho. Lo mejor es que, inconformes con la brevedad de aquel dolor, lo repetimos una y otra vez.

La música está en todas partes, pero solo por si acaso, yo siempre la llevo en mi cabeza.

[ 幻想の花 — BUCK-TICK ]

The Hardest Thing About Flying Is Takeoff

The Hardest Thing About Flying Is Takeoff

[ Spark — The Bird and the Bee ]

雑魚寝

La primera noche duermen abrazados. Después el fastidio del calor corporal puede más que lo que sea que une a dos personas que comparten la cama voluntariamente. Esto se aprecia particularmente después de la media noche, cuando uno de los dos no puede conciliar el sueño por una u otra razón y el otro está completamente ido. El insomne reclama atención pero es inútil: a su lado ya no yace un ser humano sino una roca blanda. A eso sumémosle el agravante del robo de cobijas, que a veces no es tan terrible pues el ladrón suele tener la gentileza de dejarle a la víctima una mísera sábana. Y vaya usted a saber cómo hacérselo saber al culpable sin dejarle el corazón retumbándole en los oídos. Son delicados, los durmientes.

No obstante, hacia las cinco de la mañana las partes involucradas recobran parcialmente la conciencia y el fastidio del calor corporal vuelve a perder importancia frente a lo que sea que une a dos personas que comparten la cama voluntariamente. Pronto abrirán los ojos y sonreirán al descubrirse tan cerca. Esa parte es bonita.

[ She’s Got a Way — Billy Joel ]

Draumur dauðans

La última vez que soñé con mi propia muerte fue en 2007. Me iban a ejecutar. Por esa época la idea de morirme de verdad no me era del todo esquiva (gracias, Ichinoya, dormitorio del demonio), pero la vívida certeza del fin derritió de golpe el hielo que se venía cristalizando dentro de mi corazón y que amenazaba con darme la suficiente sangre fría para asestarme una estocada mortal tarde o temprano. Se puede decir entonces que el sueño me salvó la vida, en cierto modo.

Existen tres o cuatro instancias anteriores a esta en las que soñé que moriría, siendo la más emocionante una en la que yo era una insurgente que luchaba contra un gobierno opresivo en un país que bien podría ser Grecia. Después de una persecución espectacular por callejones y trastiendas me aprehendían y llevaban en helicóptero a una isla-cárcel en medio de un lago. Al aterrizar yo salía corriendo, abriéndome paso desesperadamente entre un pastizal, pero una guardia me disparaba en la base de la espalda. Boca abajo la sentía aproximarse mientras el calor de la bala se extendía por mi carne. Cuando se disponía a darme el tiro de gracia en la nuca, desperté.

También soñé una vez que una babosa gigante me aprisionaba en el suelo y poco a poco aplastaba mis costillas, asfixiándome. Es angustiante saber que se perecerá a manos de una viscosa mole viviente y no hay nada que se pueda hacer al respecto. Esa vez el despertar fue paulatino: entender que no se está boca abajo sino boca arriba, no bajo un monstruo sino sobre una cama, que queda al menos otro día para andar por ahí.

No he vuelto a soñar que voy a morir, pero los sueños siguen gobernando mi vida. Así ha sido siempre: el universo de mis quimeras tiene directa influencia sobre los senderos de mi vigilia. Es por eso que he decidido consignar estas maquinaciones nocturnas a ver qué se traen entre manos. Vaya anotando, señor Jung.

[ Como cada noche — Camilo Sesto ]

暗闇、モン・アムール

Volver a casa entre gris y negro, una mano en el manubrio y la otra ocupada en una paleta de mikan. La falda al vuelo ondeando en la brisa de otoño.

Cruzar un bosque—el mismo que ayer por sus bordes dejara entrever a un estudiante colgando su ropa en el balcón, uno solo como tantos solos en sus cajitas. Nadie existe ahora; todos se han convertido en parches de luz ahogada sobre las fachadas indistinguibles.

Seguir el cauce de estos tétricos ríos de sumi desprovistos de piedras bajo la luna que se diluye en el silencio como una pastilla efervescente. Alguna vez sentí terror en medio de este paisaje de Calisto. Hoy, sin embargo, este produce en mí una inexplicable sensación de completud, la más pura de las dichas.

[ Heart Condition — Let’s Go Sailing ]