Monthly Archive for October, 2009

Algunos habrán notado mi prolongada ausencia de estas líneas. No hay razón para alarmarse; no ocurrió nada malo y este blog no va a cerrar por desidia. La verdad es que andaba ocupada siendo inmensamente feliz. Aún necesito tiempo para entender qué pasó, cómo fue que me pudo caer tanta dicha como un piano sobre la cabeza. Cuando lo sepa, les contaré.

[ 3×5 — John Mayer ]

JAXA

Ayer fui a conocer la JAXA con Azuma. Estuvimos mirando satélites, cohetes y videos de la luna en alta definición entre ancianos de una era geológica de edad y niños con el pelo castaño nuevecito. Algunos estaban disfrazados de astronautas, y nadie se veía aburrido o cansado. Visitar institutos científicos es un plan familiar muy popular en Tsukuba.

El programa del día fue bastante sencillo: escuchamos el sonido de un cohete al despegar, comimos masmelo congelado en nitrógeno líquido, almorzamos pollo con papas y nos tomamos fotos haciendo idioteces por todo el lugar.

Parte de la tarde la pasamos sentadas en unas sillas plásticas plateadas de diseño ultra-futurista, reflexionando sobre lo que ha significado vivir en Japón para nosotras. Por lo pronto yo sé que vine a este archipiélago buscando algo sin saber qué era, y creo que lo encontré: me encontré a mí misma.

Gigantic Disco Ball
¿Una bola disco gigante? ¡No! Es el Satélite Geodésico Experimental “Ajisai”.

[ 凛とする — 元ちとせ ]

Música para planchar: La balada romántica fuera de Iberoamérica

Partamos de lo siguiente: la música para planchar no existe. “Música para planchar” es solo el nombre peyorativo dado en la primera década del siglo XXI a la balada romántica el pop en español de los años 70 y 80 (con rezagos de los 60 y otro tanto de los 90). Decir que esta música es “para planchar” es asumir que quien la escucha es la persona que hace el oficio en la casa. Es gracias a esta asociación más bien clasista que este género se ha sido vendido en su revival como el ingrediente kitsch de las fiestas dosmileras, aun cuando no es más que la misma melosería radiofónica de siempre, solo que vieja y en nuestro idioma. Por el momento concentrémonos en la balada romántica, que es la que inevitablemente se asocia con electrodomésticos quemantes.

La balada romántica suele considerarse un fenómeno exclusivo de los países hispanohablantes. Sin embargo, al hacer un paralelo entre cantantes populares de diferentes países entre los 60 y 80, se encuentran más similitudes que diferencias. Tampoco es que la música en español haya llegado después: Raphael hizo su debut internacional antes que Nicola di Bari, y aún así Wikipedia insiste en llamar al segundo influencia del primero. Por más que se quiera conferir a la balada romántica en español un estatus especial, la verdad es que no existe gran diferencia entre esta y la música popular en otros idiomas. Muchas de las canciones que nuestros padres suelen evocar son simplemente versiones en español de tonadas populares en inglés, francés e italiano. ¿El ejemplo más contundente? Yuri y “La maldita primavera”. ¿Original de ella? No, señores. “Maledetta primavera” es de Loretta Goggi.

Pero entonces, ¿por qué ignoramos a los exponentes de la balada en otros idiomas a la hora de reírnos de la sensiblería vintage? Simple: el encanto de la mal llamada “música para planchar” reside únicamente en su cualidad para evocar recuerdos de consultorios de infancia y voces provenientes del cuarto de atrás de la casa, de aquellos tiempos en los que no había Modernois para recomendarles a nuestras tías a Patty Pravo. Lamentablemente las disqueras no parecen recordar tanto como nosotros, pues insisten en embutirnos a los mismos tres cantantes con las mismas tres canciones.

Creo que nuestras reminiscencias de radios mal sintonizadas en buses del colegio, cocinas y salas de espera no deben distar mucho de aquellas de radios mal sintonizadas en, digamos, Japón. La diferencia radica en el idioma y en el hecho de que en Japón a nadie le parece frondio escuchar baladas viejas. Por cierto, el nombre de la balada romántica en Japón es enka, y aún hoy goza de increíble popularidad. A continuación, un breve mostrario de la balada romántica en países no hispanoparlantes.

La Prima Cosa Bella – Nicola di Bari (Italia, 1970) Aquí gana el Festival de San Remo cuando nadie daba un peso por él. Es emocionante verlo cantando tan sencillo y contento en medio de las ovaciones.

Lieveling – Xandra (Holanda, 1979)

Jeans Blues – Meiko Kaji (Japón, 1974)

Serge Gainsbourg – Sous le soleil exactement (Francia, 1970)

Barbaad-e-Mohabbat Ki Dua – Mohammed Rafi (India, 1976)

Ani de liceu – Stela Enache & Florin Bogardo (Rumania, 1989)

Síncope

Lo que recuerdo:

Empecé a sentirme mal después de tomarme el coctel de grosella y naranja. Al parecer el proceso de deshidratación que venía llevándose a cabo en mi cuerpo imperceptiblemente se aceleró con la ingesta de alcohol.

Fui al baño y empecé a cepillarme los dientes. De pronto sentí que respiraba aire frío y las piernas me fallaban. De inmediato dejé el cepillo a un lado del lavamanos y me senté en la taza. Hasta ahí llega la película.

You need to restart your brain. Veuillez redémarrer votre cerveau. Sie müssen Ihren Gehirn neu starten. 脳を再起動する必要があります。

El despertar fue gradual. Lo primero fue recobrar conciencia en una especie de plano paralelo, un estado de kanashibari en el que podría jurar que estaba moviendo una pierna desenfrenadamente quién sabe con qué motivo. El viaje de retorno a la realidad-realidad inició frenando la pierna (si es que alguna vez la moví de verdad), percatándome de que estaba en el baño de mi apartamento. Me sobrevino entonces el terror de haber caído en esa especie de delirio desesperado—algo me dice que al agitar la pierna estaba forzándome a reaccionar—. Me descubrí aún sentada, con la mejilla recostada contra el lavamanos, completamente desgonzada. Recordé que hace años esto mismo me ocurrió en el baño de mi casa en Bogotá. En aquella ocasión se me había ocurrido que podría haber muerto sin darme cuenta. Las luces se van y uno no sabe más. Las luces se fueron de nuevo.

A fatal exception has occurred in your brain. The current application will be terminated.

Me tragué la crema dental que aún tenía en la boca. No veía nada. El aire que entraba por mi nariz aún era frío. Con la cara contra el lavamanos me resigné a esperar a que volvieran mis fuerzas. Mi cuerpo se sentía pesado. Aún quedaba un poco de angustia mezclada con la miserable sensación de impotencia que produce perder el control del cuerpo. No pensé en nadie. Mi respiración venía en suspiros cortos. No supe más.

System Failure: brain=0; code=00000001 (Syncope)

Volvió la luz a mis ojos y me incorporé un poco, pero noté que el cuerpo aún se resistía a reanudar la marcha. Démosle un poco más de tiempo. Me dejé caer hacia atrás. Telón.

Brain died (signal 0, exit 11). Panic: going nowhere without my brain! Automatic reboot in a few minutes.

El recinto amarillo volvió a manifestarse ante mis pupilas. Las manos me temblaban un poco, pero logré ponerme de pie. Me miré al espejo: mi rostro tenía el mismo color crema de las paredes del baño. Supuse que esto—lo que fuera—podría arreglarse con sueño. La vez anterior había sido peor, ahora que recuerdo: me había tambaleado del baño a mi cuarto y había quedado K.O. en mi cama quién sabe por cuánto tiempo. Esta vez me retiré los lentes, me puse las gafas, me detuve pacientemente a la entrada de mi habitación para ponerme la pijama, apagué la luz y me metí entre las cobijas.

Nunca se me ocurrió pedir ayuda.

[ Lucid Dreams — Franz Ferdinand ]

Viernes: tragicomedia en 7 actos

***1***

Desperté a las 4:40am. Estaba convencida de que ya estaba amaneciendo, pero pronto me di cuenta de que había dejado prendida una lámpara toda la noche. Tras las ventanas todo seguía aletargado y turquí.

***2***

Hacia el mediodía cogí la bicicleta y partí hacia la universidad con un poco de preocupación pues no había preparado la traducción del día. En el camino recordé que una noche, hace no mucho, había estado hablando con el señor Sakaguchi sobre mi tardanza al enviar un texto a la revista del Centro de Lenguas Extranjeras de la universidad. “Soy la mejor escritora que tienen ustedes”, había dicho desafiante, creyéndome quizás Howard Roark. Con este recuerdo llegué a mi facultad cuando la escasez de bicicletas en el campus me reveló lo obvio: no había clases a partir de la hora de almuerzo gracias al festival universitario de este fin de semana.

***3***

Tomé una vía diferente a la habitual para regresar a casa. A lo lejos vi una camisa de cuadros verdes y naranja haciéndome señas con los brazos: era el señor Sakaguchi. Arrugas al lado de los ojos, sonrisa de diez kilómetros de largo. Me contó que los del comité editorial de la revista estaban bastante complacidos con mi cuento. “A mí también me gustó”, agregó con un gesto humilde que parecía anticipar mi rostro iluminado por la sorpresa.
“¿¡Tú también lo leíste!?”

***4***

En la tarde les avisé a los bautistas que no iría a su reunión mensual a pesar de la promesa de oden casero, pero a cambio llegaron los testigos de Jehová a mi puerta. Les dije que mi inglés es malo, mi japonés nulo, soy venezolana pero no hablo ninguno de los idiomas de la lista que me dieron y además soy musulmana. Y que estoy-ocupada-no-me-molesten-más-gracias-adiós.

***5***

Logré hacer funcionar mi nueva conexión a Internet y con Arhuaco esperamos a que diera la hora de conocer al ganador del Premio Nobel de Paz. Obama. ¿Qué es lo que ha hecho Obama?

***6***

Me dio sed. No quise preparar té. No quise preparar café. No quise preparar aromática de frutas. No quise preparar esa bebida de vitamina C que compré en la droguería. No quise tomar leche. No quise bajar a comprar una gaseosa en la máquina expendedora. En la nevera había un coctel de naranja y grosella. Menos de 2% de alcohol. Pequeño detalle que pasé por alto: no había tomado más que una gaseosa rara de jengibre en todo el día.

***7***

Empecé a hablar con Naam07, pero de pronto él no supo más de mí. Había ido al baño a quitarme los lentes y cepillarme los dientes, mas no regresé. Perdí el conocimiento con la boca llena de crema dental. Todavía estoy tratando de hacer un recuento de cómo fue, pero creo que si la máquina de recordar no estaba funcionando al momento la labor será difícil, si no imposible.

[ Si — Gigliola Cinquetti ]

十年前の自分

Hace 10 años estaba escribiendo una novela.
Hace 10 años aprendí a tocar bajo.
Hace 10 años pintaba en acuarela y tinta china.
Hace 10 años me pasaba las tardes componiendo canciones.
Hace 10 años canté un solo en portugués con el coro del colegio.
Hace 10 años empecé a aprender portugués por mi cuenta.
Hace 10 años arreglar el computador de la casa era un excelente plan de fin de semana.
Hace 10 años la otra fan de los Beatles del curso me regaló un casete con canciones de John, Paul y George en solitario.
Hace 10 años cambié las gafas por lentes de contacto.
Hace 10 años conocí la nieve y la odié.
Hace 10 años me quedé dormida escuchando el Bridge Over Troubled Water de Simon & Garfunkel en un Greyhound.
Hace 10 años me prometí a mí misma que volvería a Chicago algún día.
Hace 10 años fue la masacre de Columbine.
Hace 10 años una profesora me llamó “tragona” por pedir un sándwich grande en Subway y comérmelo todo.
Hace 10 años nadie quería bailar conmigo en las fiestas.
Hace 10 años se suicidó un amigo y ya no recuerdo su cara.

(Fue por esto, más o menos.)

[ Someone Saved My Life Tonight — Elton John ]

Au secours!

Hoy presenté un examen de francés para el que no estudié ni un ápice. Se me había olvidado por completo que lo tenía, inclusive planeaba no ir a la clase para seguir luchando con un cuento que debo terminar para la revista del Departamento de Lenguas Extranjeras de la universidad y que ya va tarde. El cuento tiene principio y fin, pero aún no logro conectarlos bien. Escribir cuentos me duele mucho. Pero ese no es el punto: el punto es que Rena Numoto me mandó un mensaje a las 12:10 preguntándome si tenía idea de que había un examen a las 12:15. Y yo en pijama. Y afuera lloviendo. Lo más triste es que aún si hubiera decidido ir a clase no habría estudiado sino traducido el capítulo siguiente del libro con la orgullosa sensación de estar haciendo las cosas bien tan solo para enterarme de lo que ahora sabía mientras las gafas se me llenaban de gotitas y un pedazo del cuento se hacía claro justo al bajar una cuesta leve y dar una curva a toda velocidad en el suelo resbaloso.

Mientras llenaba un papel a la guachapanda con garabatos que parecían números y palabras adivinadas maldije mi vida y mi pereza y lo que sea que me ha mantenido alejada del francés durante todo este tiempo. A ver, Olavia, usted dejó de estudiar alemán para concentrarse en el francés. No, no es cierto. Yo dejé de estudiar alemán porque no tenía caso traducir eternamente del alemán al japonés. Lo peor es que los exámenes de alemán eran más fáciles. No, no eran más fáciles: eran más prácticos. Tiene más sentido tener el diccionario a la mano y traducir de la mejor manera posible un párrafo del alemán al japonés que aprenderse de memoria lo que dice el libro de francés y con esa información llenar casillas. De todas maneras nadie aprende nada.

Pero yo para qué busco culpables si aquí la única que no está progresando soy yo. Yo, la que a los 15 años debería aprender un nuevo idioma según la profesora de inglés porque estaba en la edad perfecta para asimilar bien las lenguas extranjeras y tenía especial habilidad para ello. Yo, la que llegó directo a Francés 4 en Los Andes después de apenas haber estudiado por su cuenta con el viejo libro de su madre y salió con la mejor nota de la clase y dándole venias al profesor porque el japonés—que luego se le olvidó en Japón—estaba permeando su vida. Yo, la que no siguió a Francés 5 porque “ya con lo que tenía seguro podría seguir por mi cuenta y mejor me concentro en el japonés”. Qué idiota.

No quise mirar la hoja de respuestas que me entregaron al terminar. El ojo apenas alcanzó a fijarse en una palabra antes de doblarla como quien cierra una puerta pesada: secouru. Volví a mi casa pedaleando sumergida en gris líquido, con la idea del cuento borrándose sobre la misma cuesta en la que había aparecido y la convicción de que lo único que hay por socorrer en este momento es mi cerebro, que quién sabe en qué momento perdió toda noción de prioridad.

[ Tattva — Kula Shaker ]

James Brown

(imagen tomada de acá)

[ Pretty (Ugly Before) — Elliott Smith ]