Monthly Archive for July, 2016

2016-07-31 (Una meta para qué)

Este mes me puse de meta escribir todos los días, pero solo duré dos semanas en el impulso.

El problema es que no se me ocurren ideas. Se supone que esto debe ser como el ejercicio, que uno mejora en la medida que lo hace con juicio, frecuentemente. Pero no, no se me ocurrió nada en todo ese tiempo. (Tampoco hice ejercicio.) Puras cosas sueltas inútiles. Pero si no se me ocurre nada, ¿por qué quiero seguir haciendo esto?

Supongo que lo averiguaré intentando, intentando una vez más.

Miss Belt

«Todas queremos ser talla S», dice una mujer en la televisión, muy feliz de volver al SXIX.

Intento descifrar la lógica de ese argumento mientras me sirvo arroz. La ropa viene en diferentes tallas y uno escoge la que le queda bien, o al menos eso creería yo. A veces una prenda no le queda bien a uno en ninguna talla y eso es normal. Frustrante, pero normal. Nadie le pregunta a uno qué talla es a no ser que lo esté ayudando a uno a comprar ropa. La talla de una prenda está en la marquilla al interior de dicha prenda, no en un letrero gigante para que todos lo vean, como ocurre muchas veces con la marca.

Ahora pasemos al asunto de cómo la faja solucionaría el problema de querer ser talla S. Por un lado, el tamaño de una prenda no se define exclusivamente por el grosor de la cintura. Hay gente como yo, por ejemplo, que si quisiera ser S tendría que serrarse los huesos y rebanarse el pecho. Por el otro, entre una marca y otra puede haber una importante diferencia de tamaños. Entonces, si uno realmente quiere ser talla S a como dé lugar, no es sino que compre toda su ropa en un sitio donde esa sea la talla que mejor le quede y ya.

En fin. No sé por qué alguien querría ponerse un corsé a estas horas de la vida, pero el mundo de las televentas no es exactamente el mejor sitio para ir a buscar sensatez.

La FIL (donde no estoy)

El año pasado, en junio, decidí de repente que quería visitar Lima durante la Feria del Libro, que era el siguiente mes. Fue un paseo muy bonito. Comí cosas muy ricas, me enfermé del estómago, me reuní con mis amigos dibujantes, alimenté a una pareja de gatos, caminé por el malecón de día y de noche, y me pregunté en repetidas ocasiones si lo que estaba viendo por la ventana era el cielo o una pared. Esa semana la pasé tan bien que me prometí que volvería para la próxima feria.

Julio de 2016. La FIL empezó hace poco y yo estoy acá en Bogotá, sin maletas ni reservas ni intenciones de nada. Con mis amigos peruanos no me hablo desde hace rato. Se me acabó la crema de ají amarillo y me resigné a su ausencia. Ni siquiera he vuelto a dibujar. Ayer me compré un tiquete aéreo pero hacia el norte en vez del sur. Creo que me entristece un poco darme cuenta de que ese país se me está desvaneciendo del corazón.

O no sé, tal vez exagero y en algún momento me volverá a dar un arranque, volveré a caminar por el malecón, me volverán a regañar porque no he hecho un fanzine y por fin probaré la ocopa arequipeña.

Le quatorze juillet

Esta mañana tomé mi primera clase de francés después de muchos años. Este es mi quinto intento en la vida y estoy peor que nunca. Confundo “il” con “elle”. La profesora me habla y yo me quedo mirándola con ojos entre confundidos y ausentes. Creo que pongo cara de avestruz. Leer números es una tortura porque solo se me ocurren en japonés.

Unas horas después de la lección me di cuenta de que hoy es la Fiesta Nacional francesa. Parecería como si hubiera querido abrir esta etapa con toda la pompa posible. Solo me faltó una cinta de inauguración frente a la parte de mi cerebro donde se van a trazar los nuevos caminos neuronales.

Después de hora y media de errores tontísimos (es una clase privada, así que soy la estudiante que hace el oso el 100% del tiempo), volví a mis labores en inglés y luego me fui a tomar chai con Gianrico. En medio de la tertulia recibí una llamada inesperada de la Embajada de Japón. No se molestaron en decir una sola palabra en español, ni siquiera para preguntar por mí. Entendí todo. Se sintió raro.