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Principiante de pilates

Mi vida de traductora e intérprete es impresionantemente sedentaria. Cuando no estoy sentada traduciendo un documento tediosísimo, estoy sentada en una cabina diminuta repitiendo en otro idioma lo que alguien más ha dicho. Al cabo de un tiempo, eso empieza a tornarse preocupante. Especialmente cuando uno se ha hecho un daño en la rodilla fácilmente reparable con ejercicio y este vuelve a manifestarse porque después de la fisioterapia uno volvió a anquilosarse en la silla.

Como este año estoy saldando cuentas conmigo misma, aproveché una promoción de Groupon —un impresionante agujero negro del capitalismo— para afiliarme a un servicio que me permitiría asistir a clases de diferentes disciplinas en diferentes gimnasios. Mi primera elección: pilates.

Me levanté temprano, me alisté y fui a la clase un poco temerosa, ya que no soy grácil ni ágil ni nada parecido y por lo general he pasado vergüenzas con el ejercicio. Sin embargo, estuvo muy bien. La instructora tomó nota de las dolencias de cada asistente y en cada ejercicio nos iba indicando quién debía hacer algo diferente. Yo, con mi escoliosis, quedé maravillada de no quedar con el dolor lumbar agudo que siempre había acompañado cualquier intento de fuerza en los abdominales. Eso no significa que haya sido suave: bajé las escaleras después de la clase y los muslos me temblaban. Pero quedé contenta.

Después de la clase aproveché que Gianrico estaba cerca estudiando alemán y me encontré con él. Con cierta dificultad subí hasta donde estaba terminando su café y nos pusimos a hablar de idiomas y viajes y curiosidades. Lo de siempre.

Así transcurrió mi primer día de ejercicio. Mi veredicto es que quiero seguir haciéndolo.

Le quatorze juillet

Esta mañana tomé mi primera clase de francés después de muchos años. Este es mi quinto intento en la vida y estoy peor que nunca. Confundo “il” con “elle”. La profesora me habla y yo me quedo mirándola con ojos entre confundidos y ausentes. Creo que pongo cara de avestruz. Leer números es una tortura porque solo se me ocurren en japonés.

Unas horas después de la lección me di cuenta de que hoy es la Fiesta Nacional francesa. Parecería como si hubiera querido abrir esta etapa con toda la pompa posible. Solo me faltó una cinta de inauguración frente a la parte de mi cerebro donde se van a trazar los nuevos caminos neuronales.

Después de hora y media de errores tontísimos (es una clase privada, así que soy la estudiante que hace el oso el 100% del tiempo), volví a mis labores en inglés y luego me fui a tomar chai con Gianrico. En medio de la tertulia recibí una llamada inesperada de la Embajada de Japón. No se molestaron en decir una sola palabra en español, ni siquiera para preguntar por mí. Entendí todo. Se sintió raro.

Disciplina, disciplina y disciplina: una charla con Gianrico

Hoy fui a la Embajada de Estados Unidos a renovar mi visa. Recordando ocasiones anteriores en las que había llegado al sitio a las 7am y salido a las 2pm, me armé de libros y mi diario —que está atrasado—. Sin embargo, esta vez entré a las 7:15 y salí a las 8:00. Es increíble cómo avanza la optimización de procesos.

Después tuve que salir a hacer una vuelta con los de la oficina. Me llevé una gran sorpresa cuando me encontré en el grupo a mi amigo y colega Gianrico, a quien no veía desde hacía meses. Almorzamos todos juntos, hicimos lo que teníamos que hacer y nos despedimos, quedando solos Gianrico y yo para caminar hasta su escuela de alemán. En el trayecto hablamos de cómo hacer las cosas que queremos y deberíamos hacer en vez de mirar Netflix o Twitter o lo que sea que nos absorba el tiempo a punta de inutilidades. Concluimos varias cosas, a saber:

  • Si uno se va a meter a las redes, que sea para producir en vez de consumir.
  • En esta vida todo es cuestión de disciplina. La inspiración, la motivación, el talento innato y demás excusas son eso, excusas. Hay que hacer lo que uno quiere/debe hacer to-dos-los-dí-as, llueva, truene o relampaguee. Gianrico ha venido haciendo eso y ahora está terminando un proyecto bastante grande.
  • Antes de hacer las cosas uno tiene miedo, pero lo pierde mientras las está haciendo. Así pues, hay que estar en modo “durante” siempre.
  • Uno puede gastar el tiempo hoy haciendo algo que es un poco incómodo porque requiere esfuerzo pero que dentro de un año se reflejará en algo que le dé orgullo a uno (por haberlo hecho, al menos), o puede gastarlo mirando cosas que ni siquiera va a recordar mañana.
  • Uno dice que no tiene tiempo pero en realidad sí lo tiene, solo que lo desperdicia.
  • Los likes no miden nada. ¿Para qué ponerles cuidado cuando uno está haciendo lo que a uno le gusta? ¿Está haciendo uno las cosas por uno o por los demás?
  • Si no me gusta ir a una fiesta donde todos se conocen entre sí y yo no conozco a nadie, ¿por qué pretendo recrear la sensación en redes sociales?
  • Escribir ya, editar después.

Inspirada por la charla, llegué a casa y escribí un texto que había prometido para el newsletter de la asociación de exbecarios de Japón pero se me iba olvidando. Normalmente habría terminado de autosabotearme [inserte clics aleatorios por Internet], pero logré sacarme de encima cualquier idea que no fuera “yo puedo hacer esto fácilmente y lo voy a terminar pronto”, lo completé bastante rápido, lo envié y se sintió genial.

Lo otro que quería decir es que ver a Gianrico siempre me hace muy feliz. Es un gran, gran amigo y lo quiero montones.