Archive for the 'writer’s block' Category

I Am a Rock (or I’m Trying to Be)

Desde que volví de mis viajes de fin de año he pasado al encierro casi total. No tengo ganas de hacer nada ni verme con nadie. De todas maneras aquí no hay nadie con quién encontrarse. Nunca pude hacer amigos de adulta y a los de otras épocas los veo esporádicamente. En esta ciudad está mi familia y tengo trabajo, pero de resto no hay nada. Me arranqué de tajo la ilusión de vida social que era Twitter y ahora veo claramente lo desolado que está este paisaje cenizo. Sin embargo, me resisto a buscar compañía o un sucedáneo de esta. Necesito volver a aprender a sentirme cómoda en mi isla.

Trato de recordar cómo era ser yo a los 13 años, estar de vacaciones, aburrirme hasta el tuétano y sentarme a escribir o leer un libro de corrido sin distraerme. La última vez que logré tanta concentración fue cuando estuve atascada en un vuelo Buenos Aires-Córdoba que llegó a su destino 24 horas después de lo estipulado. Escuchaba a mi compañera de silla proferir improperios con muchas erres —de esa manera tan argentina— mientras Eugenides me absorbía con Middlesex. Es una gran novela para estar atascado en un vuelo que intenta aterrizar sin éxito varias veces.

Aceptar la soledad y el aburrimiento es un paso importante en la superación de la adicción a las redes sociales. A veces me aparece en las páginas que leo la publicidad de un juego que promete erradicar el aburrimiento de una vez por todas. Eso no está bien. Necesitamos aburrirnos para ser creativos. Necesitamos dejar que reine el silencio para poder escuchar nuestra voz interna. A mí, hasta ahora, me ha costado —y eso se nota en la dificultad que tengo ahora para escribir posts—, pero no me rindo.

De pronto voy a terminar como la señora que vive en un rincón de Irlanda del Norte sin teléfono ni electricidad ni agua corriente y solo tiene un radio de cuerda para enterarse de la fecha, la hora y los titulares de las noticias. La señora es muy feliz porque puede darse el lujo de gozar del silencio. Yo siento que estoy hasta ahora tocando el silencio con la punta del dedo gordo del pie; se siente helado, pero me seguiré sumergiendo hasta aclimatarme. No hasta el punto de dejar de tener electricidad y agua corriente, pero sí de tal manera que mi cabeza deje de saltar de un lado a otro en busca de novedades. Solo entonces podré rescatar a la persona creativa que yo solía ser y que tanta falta me hace.

(El resto de aspectos de tener 13 años sí que me los empaquen, gracias.)

2016-07-31 (Una meta para qué)

Este mes me puse de meta escribir todos los días, pero solo duré dos semanas en el impulso.

El problema es que no se me ocurren ideas. Se supone que esto debe ser como el ejercicio, que uno mejora en la medida que lo hace con juicio, frecuentemente. Pero no, no se me ocurrió nada en todo ese tiempo. (Tampoco hice ejercicio.) Puras cosas sueltas inútiles. Pero si no se me ocurre nada, ¿por qué quiero seguir haciendo esto?

Supongo que lo averiguaré intentando, intentando una vez más.

Distracción consciente (día 2)

Twitter y Facebook están bloqueados. El día laboral empieza con un rato de trabajo juicioso, pero pronto me siento agobiada y tomo el celular. Abro Instagram.

  • ¿Qué es Sascha Fitness?
  • ¿Qué hay en la plaza de mercado del 12 de Octubre? (sigo pensando en mi harina de almendras)
  • ¿Y en la plaza de mercado de Quirigua?
  • El celular timbra para decirme que hay un cómic que todo el mundo está retuiteando. Me detengo a verlo y resulta que tiene mal puestos los signos de admiración. ¿Es irónico? ¿Existe la puntuación irónica?
  • “¡El videoblog!”
  • Debería estar dibujando (reflexión epistolar)
  • Compra de pasaje EZE-BOG para que mi hermana pase Navidad con nosotros (estoy segura de que los adictos al juego sienten algo parecido a lo que yo siento cuando busco el mejor precio en la mejor fecha)
  • Dr. 90210
  • America’s Next Top Model mientras espero a que se arregle Internet (pero al fin no se arregla)
  • Foto de unas fotos de documento que me tomé en enero de 2011 (con maquillaje/sin maquillaje, el cambio es sorprendente)
  • Lamentaciones y dudas sobre dicha foto por manchas y falta de foco
  • Modern Family

Conclusiones:

  • Hay trabajos que avanzan a paso lentísimo y encima uno los evade con distracciones para no sufrirlos tanto. Las traducciones de documentos muy mal escritos encabezan la lista.
  • Hoy hubo menos puntos de distracción que ayer. No terminé el trabajo pero avancé bastante.
  • De todas maneras existen muchas cosas que quiero/debo hacer y no estoy organizando mi tiempo como debería para poder hacerlas.
  • ¿Qué pestañina estaba utilizando en 2011 que me dejaba esas pestañas de muñeca? Seguramente una Bourjois. Extraño tener esa marca de maquillaje a la mano, es buenísima. Al menos sé que la puedo conseguir en ASOS (se demora pero llega) o en el Duty Free de la sala de abordajes en El Dorado.

Distracción consciente

Hoy decidí hacer una lista de todas las cosas que me distrajeron a lo largo del día y por las cuales no terminé de hacer lo que tenía planeado. Seguiré esta observación a lo largo de la semana con la esperanza de que hacerme consciente de los desvíos que tomo me ayude a dejar de tomarlos y aprovechar mejor mi tiempo.

  • Vestidos que no voy a comprar porque leí que son caros y de mala calidad
  • Reseñas de la marca de los vestidos que no voy a comprar para confirmar que son demasiado caros para tener tan mala calidad
  • ¿Dónde venden harina de castañas en Bogotá?
  • Me rindo con la harina de castañas. ¿Dónde venden harina de almendras?
  • Marina Abramopug (si hiciera esto con Misaki sería Marina Abramopit)
  • El ice bucket challenge de los Foo Fighters
  • La lista de todos los peinados de Rory Gilmore en Gilmore Girls
  • Dr. 90210
  • America’s Next Top Model
  • “Hey, ladies—catcalls are empowering! Deal with it”
  • Nimona
  • El regreso de los pantalones de talle alto
  • “I am the Pull-Out King”
  • Garbanzos crujientes
  • Comprobación de mi aislamiento laboral
  • Rita Indiana – La hora de volver (¿por qué estoy viendo el video de una canción que ya sé que no me gusta?)
  • La noticia de la pareja que se casó en Israel en medio de las protestas porque él era musulmán y ella judía convertida al islam

Conclusiones:

  • Esto es vergonzoso. Sé que hoy estoy enferma pero esa no es excusa.
  • La mayoría de las distracciones son links de Facebook y Twitter. Mañana probaré bloqueando ambos.
  • Dos puntos de distracción en la lista corresponden a la televisión que veo mientras almuerzo. Lo malo es ver dos programas seguidos en vez de uno solo.
  • Voy a conseguir la harina de almendras y con ella haré una rica torta chocolatosa. Llevo mucho tiempo prometiéndome que voy a preparar las recetas de un blog que he seguido por años pero… me he distraído.

Reflexiones en DFW

Desperté a la 1:40am, angustiada sin saber por qué. Tenía la certeza de que no debía quedarme dormida pero al mismo tiempo esa idea carecía de sentido. La luna llena brillaba a través de las persianas. Segundos después caí en cuenta de que hoy me iba. Qué decepción.

Esta despedida fue muy diferente de las anteriores: como San Francisco queda en el futuro (así los husos horarios digan lo contrario), uno puede alquilar por Internet un auto parqueado cerca de donde uno está y la magia de la tecnología abre el carro cuando uno hace clic en un link en el celular. Cavorite escogió un Mini Cooper plateado de un parqueadero sobre la calle Dolores, pasó a recogerme frente al edificio y nos fuimos al aeropuerto. Debo decir que partir así duele muchísimo menos que subirse a una van que siempre llega veinte minutos antes de lo previsto y sentirse arrancado de repente de una vida a la que uno ya se había acostumbrado. Peor aún si es la vida que uno quisiera que fuera la de siempre.

Todavía no he llegado a Bogotá; estoy haciendo una escala larga en Dallas. Llevo horas viendo aviones partir frente a un horizonte inmeeeeeenso bajo el cielo azul claro. Cuando el primer avión despegó desde San Francisco, vi la ciudad cubierta de niebla y lo único que se me ocurrió fue que esa sería una buena foto para Instagram. Me sentí mal por pensar bobadas de redes sociales y decidí dibujar el recuerdo de aquella vista. Aún no lo he hecho. He ahí el problema.

He pensado mucho durante este viaje. He acumulado rabia. Rabia de la buena, supongo, de la que le hace a uno pensar que los cambios logrados hasta ahora no son suficientes y que hace falta algo más. O que el cambio no se limita al deseo del mismo sino a su ejecución, con todo y el terror que ello conlleva. Terror. Llevo años fortaleciendo fobias que han distorsionado mi mundo y estoy cansada de vivir así. Me devuelvo al apartamento si oigo que alguien viene subiendo las escaleras para no tener que cruzármelo y decir “hi”. Me invento actividades o lecturas supuestamente interesantes (léase “le doy clic a cualquier cosa”) para no empezar las cosas que quiero/debo hacer (como el dibujo del que hablé, por ejemplo). Mis blogs se mantienen a duras penas por esta razón. No obtengo muchas cosas que quiero por la combinación de mi fobia a empezar y mi fobia a hablar.

Hace poco me di cuenta de que muchas personas me están haciendo barra para que yo saque así sea un mísero dibujo al día. Cavorite lo intenta de todas las maneras posibles y yo sigo reticente a abandonarme al hábito. Hace poco conocí a Maria C., una amiga de la universidad de él, e incluso ella me manda mensajes preguntándome por el dibujo del día. Y no entiendo por qué lo hacen pero les agradezco desde el fondo de mi alma; hasta me dan ganas de llorar de pensar en esto porque cómo es posible que alguien se tome el trabajo de decirle a otra persona que dibuje, y peor aún viendo a los verdaderos dibujantes que no sueltan el cuaderno ni un solo instante. No me explico cómo puede ocurrir que una actividad que uno adora le puede dar a uno tanto miedo y uno se pueda dar el lujo de posponerla indefinidamente.

Pero no quiero que las cosas sean así por siempre. Tengo rabia y quiero que la rabia se acabe. Temo que esta sea otra declaración de lucidez temporal que tan solo acabará en otra semana sin dibujos ni ukulele ni posts, y otra y otra. No puedo seguir siendo así. No puedo seguir pensando que la cobardía me define.

Llegó la hora de abordar el último vuelo. Bogotá es otra de las cosas que me dan rabia y no quiero más, pero también tengo que dejar de verla como un destino inexorable. Una vez más, el deseo por sí solo no siempre lleva a la acción. A la rabia, en cambio, empiezo a tenerle un poco más de fe.

El Hombre Renacentista

El Hombre Renacentista tenía muchísimos intereses y montones de cosas que hacer y pensar. No se acepta gente así en el mundo de hoy; se supone que hay que especializarse y dedicarse con alma, vida y sombrero a una sola afición. Perseguir la pasión, le llaman. Supongo que esto se debe a que con tanto trabajo y movimiento ya no queda tiempo para ser bueno en más de un ámbito.

Además de no tener que ir a la oficina, el Hombre Renacentista contaba con una ventaja crucial para la consecución de la polimatía: no tenía Twitter, Facebook, Whatsapp e Instagram avisándole todo el tiempo que había algo nuevo para ver YA. El Hombre Renacentista no tenía la posibilidad de caer en el hechizo de querer averiguar cómo este Hombre Renacentista nunca había pintado un cuadro en su vida, lo que logró te dejará sin aliento o las 78 cosas que todo Hombre Renacentista seguramente ha sentido mientras diseña máquinas imposibles (¡en gifs!). Lo que hacía era lo que había, y ya.

Tal vez yo podría ser como el Hombre Renacentista. Me dedicaría a leer y dibujar y escribir y tocar el ukulele —un instrumento muy poco renacentista— sin preocuparme mucho por demostrar que solo una de esas actividades es mi pasión. No sé por qué me molesta tanto el concepto de pasión de hoy en día. Tal vez es porque poner en una hoja de vida que “escribir publirreportajes es mi pasión” es una ofensa a las ideas que realmente dejan sin sueño más de un desdichado. Y yo, que no tengo ideas y tampoco sé bien cómo funciona el mundo, solo tengo entendido que no puedo dejar de lado ninguna de mis aficiones y que tal vez eso deba seguir siendo así, aún si ello conlleva el no convertirme jamás en alguien realmente bueno en algo. Por lo pronto, algo que puedo hacer es dejar de distraerme tanto con tantas estupideces. Saber que lo que hago es lo que hay, y ya.

Multitasking, multiblogging, multialgo

Mientras estaba en Hawaii encargué una tableta de dibujar para que llegara a San Francisco y me esperara allá. Yo siempre me había mostrado muy renuente a dibujar en algo que no fuera papel, pero como no puedo cargar un scanner para todo lado, pues tocó. ¿El resultado? El tiempo que pasé en San Francisco se me fue más que todo en la casa por quedarme aprendiendo a dibujar con la dichosa tableta. Es la maravilla de maravillas. Pero entonces se me olvidó el resto de cosas que solía hacer, como por ejemplo documentar mi vida en texto.

Ahora me siento rara escribiendo acá porque sé que tengo un montón de entradas atrasadas y no soy muy dada a seguir adelante cuando hay cosas represadas —lo cual suele acabar en bloqueo completo porque de la ansiedad no hago ni lo viejo ni lo nuevo—. Pero no quiero cerrar este blog. ¿Acaso qué voy a decir, que con motivo de los 10 años de Doblepensar he decidido que tengo mejores cosas que hacer con mi vida? ¿Que ya maduré y es hora de emprender nuevos rumbos? Nah.

Lo que sí necesito es distribuir mejor el tiempo para hacer un poco de cada cosa y no renunciar a nada del todo. Esa es la gracia de estar aquí en mi casa la mayoría del tiempo y no en una oficina. La avalancha de información basura de Internet sigue pareciéndome un enemigo fuerte que hay que combatir. El adormecimiento cerebral disfrazado de información importantísima me impresiona y asusta con su constante bombardeo. ¿Ya vieron este video del bebé que llora cuando la mamá le canta? ¿Por qué deberíamos verlo todos? ¿Soy una persona menos informada al elegir ignorarlo? Y si sí, ¿qué es eso tan importante de lo que no me estoy enterando? Creemos que nos estamos enterando de los últimos sucesos pero nos estamos llenando de puras burbujas de aire.

En fin, el resumen de todo es que por fin estoy dibujando tanto como quería —bueno, siempre podría ser más— pero no quiero que ello suponga el fin de mis otras aficiones, entre ellas la de escribir este blog.

Addio alla redattrice

Un día fui a una entrevista de trabajo y dije que lo que más me gustaba hacer en la vida era escribir. No creo haber mentido, aunque mi categoría “lo que más me gusta hacer en la vida” es un poco más amplia que eso. Sin embargo, no puedo ganarme la vida cantando ni haciendo dibujitos, y aún si pudiera, aprendería la misma lección que aprendí en esta ocasión:

No es lo mismo escribir que ganarse la vida escribiendo.

Sé que puedo escribir cualquier cosa sobre lo que sea, pero la tortura mental que me supone hacer algo que no me interesa en lo más mínimo se lleva consigo el tiempo que necesito para todo el resto de actividades de mi vida. ¿Quiero dibujar? Tengo que escribir. ¿Quiero practicar ukulele? Tengo que escribir. ¿Quiero escribir en mi propio blog que tanto me gusta? No, primero el trabajo. Entonces resulto no haciendo nada y me siento miserable.

Así pues, en aras de desbloquearme y dedicarle más tiempo a lo que realmente quiero construir para mí misma, he renunciado a mi trabajo de redacción. En conmemoración de tan importante decisión —o solo por coincidencia—, me voy a Argentina a aguantar frío y pensar en otras cosas.

Get Out of Your Head, 2

A mi página de Facebook llegó un mensaje muy bonito el año pasado —es decir, hace casi un mes—. Hablaba de Amélie Nothomb, de “Un tal Lucas” y de mi problema de concentración. Tenía incluso fotos de los textos a los que hacía alusión. Conmovida, le respondí (un poco tarde), pero Facebook me dijo que el destinatario no existía. Por eso escribo este post.

Después de hablar de mi seria dificultad para enfocarme en una sola tarea recibí varios comentarios por distintos medios, algunos contándome su caso, otros sugiriendo métodos para sobreponerme a este mal. A todos les agradezco mucho, me dieron mucho que pensar y me ayudaron a analizarlo para darle solución. Además me invadió una sensación un poco cursi, algo como “oh, sería capaz de darles abrazos a todos por tomarse el tiempo de hablar conmigo de esto”.

Después de mucho cavilar, me di cuenta de que la respuesta estaba en mis narices —no literalmente: sobre mis narices solo hay un par de gafas que se resbalan si me agacho—. ¿Recuerdan mi consigna de año nuevo? Pues ahí está. Ir de a poquitos. Las cosas no se ven tan escalofriantes repartidas en porciones más pequeñas. Por otro lado, y respaldando la anterior afirmación, me encontré con el método de productividad de Jerry Seinfeld, que me pareció buenísimo. Se trata de ir marcando en un calendario una X por cada día en que uno hace sus tareas propuestas. Las X van formando una cadena en el calendario, y la gracia es no romper la cadena sino ir alargándola lo más que se pueda. No puedo creer que algo tan sencillo sea tan efectivo. Todavía no soy la máquina de la productividad, pero mi cuarto está más ordenado y he estado entregando mis trabajos más o menos a buen ritmo. Ahí vamos, ahí vamos.

Por cierto, guardé en un archivo la respuesta que iba a mandar por Facebook para cuando tenga adónde enviarla por otro medio.

Get Out of Your Head

Necesito cambiar mi noción del tiempo. Necesito dejar de congelarme a la hora de hacer algo y simplemente hacerlo. Sé que este es un tema recurrente en este blog, pero qué le hacemos si uno de mis grandes defectos es la procrastinación crónica. Siempre creo que podría hacer las cosas más tarde porque… No sé por qué. Veo el tiempo como un mar bravísimo y helado que toca cruzar en la débil barquita de las labores y me da miedo. O no sé si miedo sea la palabra adecuada, pero es algo parecido al miedo. Aversión a concentrarme sería un mejor término.

Me acabo de acordar de repente de cuando Minori y yo íbamos a Chicago a pasar el día y pasábamos frente a un restaurante llamado “Medieval Times” al que nunca entramos.

¿Ven? No me concentro en una sola cosa. Sacarme de mis meditaciones inútiles y dedicarle cerebro a un agente externo es algo sumamente difícil para mí; me horroriza la idea de interrumpir mi monólogo interno. Sin embargo, como todos los aspectos del ser funcional requieren bajarme de la nube un rato, lo que hago es posponer el dolor lo más posible. Me pongo entonces a pensar en lo que tengo que hacer, le doy vueltas y me imagino que lo hago, incapaz de traducir esa idea a la acción porque me da la inexplicable sensación de que voy a perder tiempo en ello. De esta manera es que termino no contestando e-mails ni dibujando lo que había dicho que iba a dibujar ni ordenando mi cuarto ni haciendo nada de lo que tengo que hacer a tiempo. Si a ello le sumamos el tremendo miedo a mí misma que cargo, olvídense de que algún barco vaya a zarpar desde este puerto.

Escribo esto para tratar de entenderlo a ver si puedo hacer algo al respecto el año que viene. (La elección de palabras es delatora: “el año que viene” implica que planeo abordar el problema pero la idea de empezar ahora mismo me da algo en el estómago.) Debería más bien dejar de distraerme y ponerme a trabajar ya, pero eso requiere un cambio de mentalidad y no es tan fácil. Dejar el miedo, aceptar la concentración como algo bueno, superar la adicción a pensar ociosidades. Necesito aprender a pasar tiempo fuera de mi propia cabeza.