
Tout va bien, dice el letrero de la cigarrería sobre la séptima. El imponente y siempre rápido edificio marmóreo, el dueño de aquel piso 11, nos observa y yo pregunto distraídamente si alguien saldrá a ese balcón. A cuál. A ése, señalo con el dedo. El café no tiene azúcar pero sabe quitar la sed una vez deja de estar tan caliente.
La librería no es exactamente lo que había imaginado; si los libros tuvieran precios sería mucho mejor. Hay poco aire, y el que logra colarse por entre los estrechísimos pasillos ya se ha recalentado. No me acostumbro a buscar títulos entre pilas y pilas… es como mirar los libros de mi mesa de noche, como si no estuvieran a la venta. No tienen los títulos que busco siempre y que cuando encuentro no puedo comprar. No creo que regrese en mucho tiempo.
Mi mejor amiga no ha cambiado. Las conversaciones con ella son largas, pausadas y fácilmente resumibles. Quedamos en reunirnos pronto. Por una vez siento que ese ‘pronto’ no se alargará hasta el primer cumpleaños que se atraviese, sino que realmente sucederá, tal vez la próxima semana. No el jueves. Nada puede suceder el jueves.
El bus con escalas promete un viaje larguísimo, un somnífero seguro, pero nos bajamos con las palabras cayéndosenos de la boca a borbotones. ¿A qué hora surgieron tantas historias? ¿Que no había sido dicho todo esa primera tarde, antes del río de negativas?
Hace frío. ¿Allá también?
Ya no lo sabes. Estás profundamente dormido.
[ Main Theme from TRON — Wendy Carlos (desde el nuevo y reluciente iPod) ]
Anoche soñé que alguien robaba una magnolia de un jardín vecino y me la regalaba.
Quisiera decir algo al respecto, algo que le dé sentido al sueño, pero no puedo. Sólo consigo pensar (tal vez con desesperación) en la cremosa blancura de la flor majestuosa, en la textura de los pétalos plácidamente ubicados en una rama demasiado alta como para tocarlos. La magnolia se acomoda en su puesto, perezosa y altiva, y me mira como quien ha dejado caer un accesorio inútil desde un balcón.
Ya lo sé: nadie traerá al mundo real la feliz fechoría de mi dimensión nocturna.
Posiblemente lo único que reciba algún día sea un puñado de escombros violáceos arrastrados por la lluvia y arrojados a mi cara. Sin embargo, aún así seguiré mirando hacia arriba, señalando hacia arriba, y la copa del árbol se hará cada vez más distante de la punta de mis dedos. ¿Y la mano oferente? Ella (plástica e inexistente) se crispará hasta convertirse en lo que se niega a entregarme, se tornará al cielo y ascenderá adoptando la misma sonrisa socarrona de la reina de pétalos de crème brûlée. Sólo es un sueño, pero su propia imposibilidad me desvela.
[ Sitting, Waiting, Wishing — Jack Johnson ]
¿Es que acaso no te das cuenta? Aquél a quien amas siempre atravesará el umbral hacia un camino que no podrás seguir. Eres una eterna viuda, velando a un ausente que no ha muerto.
Penélope tenía esperanza, pero tú ¿a quién verás caminando hacia tu playa?
[ Someone New — Eskobar & Heather Nova ]
No ha pasado un minuto desde que apoyó su cabeza sobre mi hombro y ésta ya se siente pesada, casi pendiente de mi clavícula. No puedo ver qué cara hace cuando duerme. Tal vez algún día llegue a saberlo.
[ 7/29/04 The Day of — David Holmes ]
[ Don’t Let Me Be Misunderstood — Santa Esmeralda ]
De esta manera, para no perder la tradición, Olavia Kite postea exactamente en el momento en que debería encontrarse haciendo una tarea.
“Olavia Kite: Buenas, ¿cuánto vale la Pony Malta grande?
Señora: $800.
OK: ¿$800?
S: Sí, pero la pequeña. La grande no se la vendo porque estoy en hora de almuerzo.
(Aquí transcurren dos segundos en los que Olavia se pregunta qué rayos tiene que ver la hora del almuerzo en una tienda visiblemente exenta de clientes con una venta que, aunque humilde, representa cierta ganancia. Mientras tanto le señala a Himura una almojábana marca Topotoropo.)“ —La imposible Pony Malta, marzo 30, 2005.
Ahora bien, necesito que alguien me explique cómo en esta vida una tienda puede ensañarse con un ser humano inocente que lo único que le ha pedido ha sido un par de productos que supuestamente se hallan a la venta. ¿Creen que la señora se negó a venderme las almojábanas? No. Sucedió algo peor: las doradas piezas, envueltas graciosamente en su paquetico inofensivo de vaquita sonriente, estaban cubiertas de hongos.

Fig. 1.1.: Almojábana Topotoropo. Nótense las manchas detrás del letrero de la marca: son un hermoso y peludito cultivo de hongos.
Ahora sólo me quedan algunas dudas…
- ¿Por qué me odian en esa tienda?
- Si no puedo comprar Pony Malta ni productos de repostería allí, ¿qué puedo comprar? ¿Soy persona non grata allí? Si es así, ¿por qué no me lo dicen de una buena vez en lugar de hacerme pasar penurias?
- ¿Por qué Himura sí puede comprar con confianza en ese lugar?
- ¿A qué sabe la almojábana Topotoropo?
[ Little Sister — Queens of the Stone Age ]
Me dijeron que ella era Salida.
La observé mientras curioseaba entre los cómics de la Librería Francesa. No intenté detallarla ni buscar un rasgo sobresaliente enfundado en la chaqueta bonita; mi mente sólo pugnaba por conciliar la imagen que de ella se había formado a partir de posts y la persona que me señalaban como autora de aquellas letras. Cuando saludaba y sonreía arrugando la nariz, las dos Salidas se fundían en una. Cuando tornaba su mirada hacia los libros, se separaban de nuevo.
Creo que si algún día vuelvo a verla, volveré a sentir lo mismo.
(…)
Bajé Up, Up and Away, de The Fifth Dimension: música digna de Melodía Estéreo. Ahora, cada vez que la oigo me siento en un almacén por departamentos en 1981 con el peinado de Farrah Fawcett y una blusa plateada con prendedor de brillantes en el cuello.
[ Life on Mars — Seu Jorge ]
Capturé mi sonrisa favorita.
Ahora la podré observar de manera enfermiza durante el tiempo que no la tengo cerca, y hacerme esas preguntas estúpidas que uno sólo se formula en aquellos casos especiales de los que uno espera huir hasta que se da cuenta de que, irremediablemente, cayó.
Neteimasuka?
[ Quelqu’un m’a dit — Carla Bruni ]

