Es bueno ser humano y cometer los errores de los humanos.
Al mismo tiempo, duele ser humano y cometer los errores de los humanos.
Mi cerebro se llena rápido de polvo y telarañas, y luego quién limpia el desastre. Mi mente, como la casa de un acumulador compulsivo, a veces deja entrever estrechos pasillos por entre la basura. Deseos, ambiciones, planes, cosas que hacer. Si transito con cuidado puedo pasar al otro lado, pero la mayoría de las veces se produce un derrumbe y quedo atrapada cual camionero en carretera andina. Las rocas frente a mí se me antojan catedrales. Si tan solo posara mi dedo índice en una de ellas, la podría hacer rodar cual canica. Pero alguien tiene quedarle la orden a ese dedo. La fruta que llevo dentro se va pudriendo.
Todo aquello que me gusta me es inalcanzable. Frente a mí se alzan, colosales, las montañas de mis pasatiempos, la correspondencia con mis amigos, los idiomas que no llego a dominar. Este blog. Cada cierto tiempo, tomo una decisión radical. Me amarro las botas, doy dos o tres pasos, y oronda erijo mi carpa en el campamento base como si ya estuviera en el quinto. Pronto se me olvida que estaba escalando, y me dejo escurrir en la inevitable avalancha sisífea. Pasado un rato, me invade nuevamente el impulso de amarrarme las botas.
Pese a todo, sigo empeñada en nadar contra la corriente de mi propio río revuelto. Me niego a rendirme. Es tan fácil abandonarse, resignarse a ser menos carne palpitante, más masa absorbente, más eslabón de cadenas de suministro. Sin embargo, a veces tengo una revelación pequeñísima, un chispazo en la oscuridad, y entiendo de repente lo necesaria que es toda esta imperfección, toda esta accidentalidad; lo crucial que es buscarla una y otra vez, fracasar de nuevo. Seguir abriendo caminos en mi cerebro polvoriento a sabiendas de su fugacidad. En este mundo pulido delegado a las máquinas, la tozudez de mi deficiencia me reafirma en mi humanidad. Es un despropósito no abrazarla.
Detesto el dolor, pero como titular de un cerebro orgánico, es mi deber salir a su encuentro.
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