Un testigo

Y así, sucumbí.

My Bookstore:

– Estás atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro te gustaría ser?
No es que me emocione mucho que me quemen… Pero si alguien me ha de aprender de memoria, quiero ser… No sé, ese “si alguien me ha de aprender de memoria” suena supremamente cursi/sugestivo. Que no me quemen y ya. Soy mi propio libro.

– ¿Alguna vez te enamoraste de algún personaje de ficción?
De Kearlter Gniksaw, de Navegantes de Krakelon. Después me gustó mucho Alexandros Panagulis, de Un hombre (aunque sabía que jamás podría convivir con alguien como él). Sin embargo, Panagulis existió de verdad, así que no cuenta.

– ¿El último libro que compraste fue?
Quisiera decir que fue Tintín en el país de los Soviets, pero no fui al fin hoy a adquirirlo.

– ¿El último libro que leíste fue?
Cien cepilladas antes de dormir, de Melissa Paranello.

– ¿Qué estás leyendo actualmente?
2010 odisea dos, de Arthur C. Clarke, entre otros.

– ¿A quién le pasas el Baton y por qué?
A Himura, porque él conoce el poder que tiene su biblioteca sobre mí.

[ Half Light — Low/Tomandandy ]

Dominguísimo

  • Feria de libros en el Parque Santander
    • Al fin mi papá sí quiere un Tintín en blanco y negro
  • Caminata por la séptima en ciclovía, helado San Jerónimo en mano
  • Transmilenio 1 que cambia el rumbo de las cosas
    • Está bien, ya no buscamos las semillas en Homecenter
  • Pequeñísimo mercado en Carrefour
    • Comida árabe, semillas para el jardín, adminículos varios
      • Las de margarita multicolor sí tocó buscarlas en Homecenter o Vivero
      • Una marca tiene el monopolio de las semillas
  • Búsqueda de mi mejor amiga en su trabajo temporal en el atestado Portal de la 80
    • En ese centro comercial la gente va única y exclusivamente a comer helado de Crepes & Waffles
      • La fila para un conito es increíble
    • “¿Ésa es una camilla?” “¿Ésa es la silla automática?” “¿Ésa es la silla pa’l relash?”
    • La nieve de Popsy no ha cambiado en absoluto; buenos recuerdos de infancia

No se le puede pedir más a un domingo; nunca había tenido uno tan pero tan típico. No obstante, en medio de lo que para la mayoría era un cómodo día de descanso, sudadera y tenis, yo me sentía un poco como una turista conociendo una ajetreada novedad.

[ A Night On Bald Mountain — Modest Mussorgsky ]

En mi estómago

[ White Rabbit — Jefferson Airplane ]

Tout va bien

Tout va bien, dice el letrero de la cigarrería sobre la séptima. El imponente y siempre rápido edificio marmóreo, el dueño de aquel piso 11, nos observa y yo pregunto distraídamente si alguien saldrá a ese balcón. A cuál. A ése, señalo con el dedo. El café no tiene azúcar pero sabe quitar la sed una vez deja de estar tan caliente.

La librería no es exactamente lo que había imaginado; si los libros tuvieran precios sería mucho mejor. Hay poco aire, y el que logra colarse por entre los estrechísimos pasillos ya se ha recalentado. No me acostumbro a buscar títulos entre pilas y pilas… es como mirar los libros de mi mesa de noche, como si no estuvieran a la venta. No tienen los títulos que busco siempre y que cuando encuentro no puedo comprar. No creo que regrese en mucho tiempo.

Mi mejor amiga no ha cambiado. Las conversaciones con ella son largas, pausadas y fácilmente resumibles. Quedamos en reunirnos pronto. Por una vez siento que ese ‘pronto’ no se alargará hasta el primer cumpleaños que se atraviese, sino que realmente sucederá, tal vez la próxima semana. No el jueves. Nada puede suceder el jueves.

El bus con escalas promete un viaje larguísimo, un somnífero seguro, pero nos bajamos con las palabras cayéndosenos de la boca a borbotones. ¿A qué hora surgieron tantas historias? ¿Que no había sido dicho todo esa primera tarde, antes del río de negativas?

Hace frío. ¿Allá también?

Ya no lo sabes. Estás profundamente dormido.

[ Main Theme from TRON — Wendy Carlos (desde el nuevo y reluciente iPod) ]

Magnolia

Las magnolias que estallaron suavemente en un árbol frente a Keane Hall se desbarataron con el primer aguacero. No hubo sino dos días para apreciar los inmensos crisoles de rosa y blanco que daban un aire auténtico a la primavera que —ante mis ojos irritados del interminable gris —se había resistido a llegar ese año.

Anoche soñé que alguien robaba una magnolia de un jardín vecino y me la regalaba.

Quisiera decir algo al respecto, algo que le dé sentido al sueño, pero no puedo. Sólo consigo pensar (tal vez con desesperación) en la cremosa blancura de la flor majestuosa, en la textura de los pétalos plácidamente ubicados en una rama demasiado alta como para tocarlos. La magnolia se acomoda en su puesto, perezosa y altiva, y me mira como quien ha dejado caer un accesorio inútil desde un balcón.

Ya lo sé: nadie traerá al mundo real la feliz fechoría de mi dimensión nocturna.

Posiblemente lo único que reciba algún día sea un puñado de escombros violáceos arrastrados por la lluvia y arrojados a mi cara. Sin embargo, aún así seguiré mirando hacia arriba, señalando hacia arriba, y la copa del árbol se hará cada vez más distante de la punta de mis dedos. ¿Y la mano oferente? Ella (plástica e inexistente) se crispará hasta convertirse en lo que se niega a entregarme, se tornará al cielo y ascenderá adoptando la misma sonrisa socarrona de la reina de pétalos de crème brûlée. Sólo es un sueño, pero su propia imposibilidad me desvela.

[ Sitting, Waiting, Wishing — Jack Johnson ]

La veuve

¿Es que acaso no te das cuenta? Aquél a quien amas siempre atravesará el umbral hacia un camino que no podrás seguir. Eres una eterna viuda, velando a un ausente que no ha muerto.

Penélope tenía esperanza, pero tú ¿a quién verás caminando hacia tu playa?

[ Someone New — Eskobar & Heather Nova ]

Mannan Raifu no Konnyaku Batake

La palabra konnyaku me pone triste.

[ Walk On By — Dionne Warwick ]

Bus Ride

No ha pasado un minuto desde que apoyó su cabeza sobre mi hombro y ésta ya se siente pesada, casi pendiente de mi clavícula. No puedo ver qué cara hace cuando duerme. Tal vez algún día llegue a saberlo.

[ 7/29/04 The Day of — David Holmes ]

Misunderstood

El problema de la canción de Santa Esmeralda es que me remite automáticamente a un momento muy específico en un lugar muy específico. Apenas empieza a sonar acá, mis ojos reconocen el patrón de los baldosines, la vieja pared de color indescifrable, el lugar exacto de cada mueble y aparato, las texturas que mis pies han aprendido, los libros apiñados, las figuras congeladas en instantes imposibles, el escarlata vivo… Y de repente siento que la canción no pertenece aquí sino allá, sólo allá, entre el mullido escarlata que a veces hay que recoger de entre los baldosines.

[ Don’t Let Me Be Misunderstood — Santa Esmeralda ]

Topotoropo

Una semana sin ADSL es algo demasiado cruel. Tratar de acostumbrarse al ruidoso Internet de 28800bps en un Pentium MMX es casi impensable. Pues bien, después de una visita sorpresa del señor técnico de ETB (a quien le estoy muy agradecida pese a que casi me daña el almuercito con el patrón don Himura) he resultado de nuevo con Internet decente en Gregorio, el computador principal de la casa.

De esta manera, para no perder la tradición, Olavia Kite postea exactamente en el momento en que debería encontrarse haciendo una tarea.

***

Olavia Kite: Buenas, ¿cuánto vale la Pony Malta grande?
Señora: $800.
OK: ¿$800?
S: Sí, pero la pequeña. La grande no se la vendo porque estoy en hora de almuerzo.
(Aquí transcurren dos segundos en los que Olavia se pregunta qué rayos tiene que ver la hora del almuerzo en una tienda visiblemente exenta de clientes con una venta que, aunque humilde, representa cierta ganancia. Mientras tanto le señala a Himura una almojábana marca Topotoropo.) La imposible Pony Malta, marzo 30, 2005.

Mi hermana, gran prospecto de Blogger que nunca blogueó, no podía creer que 1) alguien no quisiera venderme una Pony Malta en más de una ocasión, y 2) existiera una almojábana (o cualquier cosa) de marca Topotoropo. Así que me envió en su búsqueda.

Ahora bien, necesito que alguien me explique cómo en esta vida una tienda puede ensañarse con un ser humano inocente que lo único que le ha pedido ha sido un par de productos que supuestamente se hallan a la venta. ¿Creen que la señora se negó a venderme las almojábanas? No. Sucedió algo peor: las doradas piezas, envueltas graciosamente en su paquetico inofensivo de vaquita sonriente, estaban cubiertas de hongos.


Fig. 1.1.: Almojábana Topotoropo. Nótense las manchas detrás del letrero de la marca: son un hermoso y peludito cultivo de hongos.

No me vine a dar cuenta sino esa tarde, cuando mi hermana recibió el encargo y notó que no se podía comer lo que tanta curiosidad le causaba. Al fin y al cabo, cortar un pedazo no sería suficiente porque ya sabemos lo que le pasó al señor que sólo le cortó un pedacito a un pan y los hongos remanentes se le comieron la cara. Himura, quien compró una deliciosa y fresca dona Nutrix cuando yo compré las almojábanas putrefactas, tampoco notó la estafa al acompañarme a efectuar la adquisición. Conservamos la asquerosa pieza un par de días, hasta que no hubo más remedio que botarla. Antes de darle el adiós definitivo, le tomé más bien de afán esta foto.

Ahora sólo me quedan algunas dudas…

  • ¿Por qué me odian en esa tienda?
  • Si no puedo comprar Pony Malta ni productos de repostería allí, ¿qué puedo comprar? ¿Soy persona non grata allí? Si es así, ¿por qué no me lo dicen de una buena vez en lugar de hacerme pasar penurias?
  • ¿Por qué Himura puede comprar con confianza en ese lugar?
  • ¿A qué sabe la almojábana Topotoropo?

[ Little Sister — Queens of the Stone Age ]