Dos de nostalgia

1.

Caray, ¿¿¿qué clase de bicho nostálgico me picó anoche como para haber instalado ICQ y AIM???

No sé; no me importa. ¡Lo cierto es que amo estos medios de comunicación! …y al parecer, mi hermana también.

2.

Me está entrando una especie de nostalgia por mis premios… como que los chicos de Locomía me hacen ojitos… ¿debería reintroducirlos? ¿debería? ¡¿debería?!¿¡¿debería?!?

No sé realmente, eso de la media naranja a mí siempre me sonó a estrategia de los que preparan jugos en sobre.

(Francisco, en conversación con Olavia Kite)

Los comments son al blog lo que la plata a los bestsellers.

(Olavia Kite, en conversación con Francisco)

Veni, Vidi… Ave!

Lo que comenzó como un proyecto militar de los Estados Unidos (y un medio de información en Francia—pero eso es historia aparte) ha adquirido dimensiones titánicas. Los visionarios del Internet han sabido atrapar cada vez más usuarios con herramientas antes inconcebibles como los chats con avatares, las animaciones de Flash y los programas de IM (mensajería instantánea, por sus siglas en inglés). Considero que, además de una cantidad abrumadora de información, lo más atractivo que el mundo del Internet brinda a sus jóvenes usuarios es la posibilidad de hacer vida social por medios poco ortodoxos.

Me encanta el Internet, y todos lo saben. Me inicié en él poco antes de cumplir catorce años, y desde ese entonces no ha dejado de formar parte esencial de mi vida. Sin embargo, considerando que durante una época el medio constituyó mi única fuente de interacción social, es también fuente de un pequeño temor que, considero yo, jamás se desvanecerá: el temor al fenómeno post-conocimiento en la vida real.

¿En qué consiste este fenómeno? Es simple. Cuando se alcanza un punto en el que las conversaciones se vuelven larguísimas y se cubre toda clase de temas, surge un deseo de conocer personalmente al interesante interlocutor. Y es apenas natural; si es tan fantástico en Internet, ¿cómo no va a serlo personalmente? Así que se fija la fecha, se reitera la hora, se prepara el lugar… luego sucede la típica escena en la que uno se para en el punto exacto con mirada de idiota y mira a todas partes, ¿quién será? ¿de dónde vendrá? ¿es él? no, no es él… ¿es él? no, no es él… ¡oh, sí, sí es él!

Después de un largo rato de inseguridad, silencios, conversaciones tímidas, los interlocutores se despiden y uno de ellos está convencido de que todo seguirá igual o tal vez mejor… al conocerse personalmente, lo más seguro es que querrá hablar más, tal vez tendrá más confianza… pero como dice la canción, “tristeza não tem fin, felicidade sim”. Así, esta felicidad tan sólo dura lo que tarda la persona en conectarse a Internet y encontrar al recién conocido conectado.

—Hola!

—Hola.

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Qué has hecho?

—Nada.

—Bonito día, ¿no?

—Sí.

—Qué bueno que ya es fin de semana, ¿verdad?

—Sí.

—¿Cómo va tu… (personaje mencionado durante la conversación personal)?

—Bien.

—¿Qué más de… (tema traído a colación durante la conversación personal)?

—Lo mismo/Igual/Nada/Ahí.

—Ah…

Después de esto ya no queda absolutamente nada más que decir. Obviamente se seguirá intentando un par de veces, pero todas arrojarán el mismo resultado. Y así de patéticamente se pierde un interlocutor, tal vez un amigo, una historia interesante por compartir.

¿Por qué tiene que suceder esto? ¿Por qué me tiene que suceder esto? Persona de Internet que conozco, persona de Internet que desaparece. ¿Qué esperaba el interlocutor, acaso? ¡Mi foto sale en el msn ocasionalmente! No creo que el asunto sea físico… ¿Tal vez es mi voz? ¿Tal vez debería limitarme a hablar por msn porque personalmente soy un fracaso y no entretengo ni a un cultivo de moho? Creo que éste es uno de los Grandes Misterios en la vida de Olavia Kite. Si alguien tiene una posible solución a mi Gran Enigma Larousse, please let me know.

SUENA: Gilmore Girls en la tele y Minori diciéndome “it’s less than forty days!”

Promesa

Le prometió un pincel para escribir versos sobre su vientre. Le prometió una casita pobre y dos máquinas de escribir. Le prometió una cama grande para leer poemas. Le prometió besos ocultos en los cinemas vacíos. Le prometió una hijita llamada Sofía, morenita morenita. Le prometió malteadas de fresa con dos pitillos. Le prometió un jardincito de azaleas. Le prometió calles lluviosas con charcos soleados. Le prometió un libro con su nombre en todas las páginas. Le prometió un par de brazos para hundirse y un hombro para llorar, dormitar y bailar los temas de las películas. Le prometió sus canas y sus encías desgastadas. Le prometió sus venas en flor y sus letras cubiertas de riveras escarlatas.

Pero hubo algo que jamás prometió —y de esto se dio cuenta ella demasiado tarde —: que dejaría de ser un niñito habitante de tierras quiméricas, de esos que prometen el universo sin saber a quién, sin saber por qué.

SUENA: Nights on Broadway — Bee Gees

Las cinco del viernes el jueves

A ver si me relajo contestándolas.

1) Al abrir los ojos, una mañana de invierno, descubres que la persona

que duerme a tu lado se ha convertido, durante la noche, en un reptil (lagarto o lagarta, según los casos): ¿Cómo reaccionarías?


¡Le daría un beso y se transformaría de nuevo en ser humano!

2) Han pasado seis años desde que dejaste de frecuentar la blogosfera: ¿Qué has conservado de esa época, de esos contactos, de esas vínculos?

Si me alejo de los blogs, lo cual es poco probable, las buenas amistades permanecerán.

3) Mañana anuncian el cierre de TODOS los nodos de acceso a Internet, se acabó lo que se daba: ¿cómo reaccionarías, hasta qué punto es grave tu adicción?

¡¡¡Y AHORA CÓMO ME COMUNICO CON KOTARO Y MINORI SIN QUE ME CUESTE UNA FORTUNA!!! Y tendría que ponerme a tejer o hacer planas o programar en QBASIC porque me daría una ansiedad

4) Sembraste un nogal y la primera cosecha fue magra, la segunda

paupérrima, la tercera es de peras: ¿Lo talarías?


Al menos salieron peras… así que recojamos peras y hagamos dulce.

5) Elimina la “o” y la “t” del teclado y escribe una frase de amor o un piropo original.

DAISUKIDESU!!!

SUENA: Something to Sleep to — Michelle Branch

BLAA

Uno de los mejores momentos de mis monótonas semanas es la visita a la Biblioteca Luis Ángel Arango. Camino por entre casas antiguas, papelerías, olores de pan recién horneado y carne asada y después de un tramo ya no tan eterno… llego al templo de casi todos los libros. Me relajo del todo… dejo de lado todos los problemas de la vida (que no son tantos, afortunadamente) y me concentro en la búsqueda de un computador. Después mi mente se convierte en comandos… “t. yurupary” o “s. gramatica” o “a. rimbaud arthur” y puede pasar mucho tiempo así sin que yo me percate… todo es “a. mishima yukio”, “t. carnero”, “t. senor muy viejo con unas alas enormes”, “a. aleph”, etc. A continuación, la espera. Pasa el tiempo, miro la exposición de turno, me siento en la banca, dejo volar mi mente… y miro el reloj, y miro el reloj, y miro el reloj. ¡¡¡Quiero los libros!!! … o los necesito. Hago fila donde me toca. Doy mi número. El señor busca. “En cinco minutos” ugh.. no calculé lo suficiente… esperaré. Miro los cuadros sin ponerles cuidado, recorro la sala, miro más que todo a la gente, me pregunto qué sería estar aquí con una buena compañía… Siempre me hago la misma pregunta. ¿Qué veríamos? ¿Qué pensaríamos? ¿De qué hablaríamos en la espera? ¿Nos arriesgaríamos a probar hormigas santandereanas en la tienda del letrero “sí hay hormigas” por el camino? ¿Preguntaríamos por miel de abejas en la botica antiquísima del frente, tal como hizo Kitty esa primera vez? … Pasa el tiempo. Es hora. Tiene que ser hora. Hago fila. Doy mi número. “¿Sólo un libro?” “Sí.” “Ya le doy su recibo.” Lo tomo. Salgo de la biblioteca, pasando por el incómodo ritual de la requisa… y vuelvo poco a poco a la realidad, pensando en el hogar que me espera y en todo lo que el libro que acuno como a un niño querrá decirme… y ese pequeño lapso casi irreal se va mezclando poco a poco con la realidad. Para el momento en que llego a la Jiménez y corro a alcanzar el Transmilenio que se aproxima a la estación Museo del Oro, todo vuelve a ser lo mismo, sólo que mi corazón alberga una extraña sensación de alegría y cansancio.

SUENA: Ain’t That a Lot of Love — Simply Red

Al extremo de la península Kamchatka

Es un buen título… Kamchatka es una península del tamaño de las islas del Japón, tiene muchos volcanes activos como el Klyuchevskoy, rastros de taiga y muchos osos.

Siempre quise decir lo que voy a decir, o no siempre sino desde que me acribillaron por hablar de Rayuela en la página de Miguel. Lo he venido pensando tanto que decidí que lo mejor es hablarlo y hablarlo y hablarlo, sin adornos ni nada, sin pensarlo casi. Quiero aclarar que la culpa no la tiene Cortázar ni su obra. Ellos están muy bien, el señor es uno de los mayores representantes de la literatura latinoamericana, estudioso del cuento, en fin, no le reprocho nada. La culpa la tienen los que del pobre Cortázar hacen un dios cuya palabra se ha de propagar a los fieles del mundo por medio de las Sagradas Escrituras de la sacra Rayuela. Rayuela no es el único libro que hay que leer y después del cual uno a) puede morir en paz o b) trasciende a la siguiente esfera existencial. No ver en Rayuela un modelo de vida no es signo de un bajo coeficiente intelectual o falta de sentimientos, no querer ser La Maga no es sinónimo de ser menos mujer. Tampoco están hechos los libros para citarlos a diestra y siniestra y pensar que al citar las ideas son propias, ergo creer que citando se es mejor que los demás porque se alardea de haber leído el magno libro de libros.

Rayuela es un libro. Un buen libro, no lo niego, pese a que me abrumó y lo mandé lejos. Pero es un buen libro entre muchos buenos libros que se leerán tarde o temprano. Cortázar es un excelente escritor. Me gustan sus cuentos. Pero no es el padre de la vida intelectual moderna. No pensar sobre el autor y su obra como todos los demás piensan no es razón para morir. No temáis discrepar… no por eso seréis menos intelectuales, o menos personas. De opiniones chocantes están hechas las buenas discusiones.

Listo. Lo que tenía que decir está dicho y lo que de allí provenga ya no me importa. Goodnight.

SUENA: City Love — John Mayer

Par les yeux du malheur

En el camino más desgastado encontré a la Infelicidad, con sus ojos de serpiente y sonrisa lastimera. Cuando volteé una esquina y me lancé a correr (para huir de ella, quise explicar a los demás), me di cuenta de que su grotescamente hermosa faz había quedado impresa en mí. No había sido necesario nada más, ni siquiera haberle dicho “hola”.

Mañana en la mañana, cuando vuelva a recorrer ese camino, vendrás hacia mí sin saber, nos cruzaremos silenciosos y en la siguiente esquina correrás desesperado. Quiero oírte cuando les cuentes a todos tus amigos que en el camino más desgastado encontraste a la Infelicidad.

Y quiero verlos a ellos corriendo sin rumbo, espantados por tus ojos de serpiente y sonrisa lastimera.

SUENA: No Such Thing — John Mayer

Qué horrible sensación la de haber tenido una idea y haberla perdido, y haberla perseguido y perseguido pero… agh, se desvaneció en el aire.

Tocará esperar a que venga otra.