Roadkill

Cuando tenía 11 años, mientras cruzaba la calle 26 para llegar a Colsubsidio con mi mamá y mi hermanita (el bus nos había dejado en el carril de la mitad), pasó una bicicleta a toda velocidad y me atropelló. Mi nariz se estrelló con gran fuerza contra el pecho del ciclista; acto seguido caí sobre la calzada. Estuve tendida allí durante un rato no muy largo.

Una señora que se encontraba allí al momento le comentó agitadamente a mi mamá —ya de por sí asustada— que no sólo había sido terrible que un ciclista me hubiera golpeado, sino que además un colectivo había pasado a escasos centímetros de mi cabeza tras mi caída. Me pareció una imprudencia de su parte decirle algo así a mi progenitora: estaba convirtiendo un accidente menor en una potencial catástrofe, lo cual no es nada beneficioso para una madre nerviosa.

Sin embargo, mi madre olvidó ya ese detalle. Entonces, posiblemente, la imprudencia no fue hacia ella sino hacia mí, porque desde ese entonces no he dejado de pensar en la imagen que aquella señora pudo haber tenido de las llantas del colectivo pasando a toda velocidad por encima de mi cabeza, la imagen de mis sesos desparramados por la calle 26 como cualquiera de los 15 emplastos de mapaches y ardillas que conté la primera vez que fui a Chicago con Minori.

SUENA: The Crying Game — Culture Club

Negative Eighteen

“I used to live in New York city

Everything there was dark and dirty

Outside my window was a steeple

With a clock that always said twelve-thirty…”


—The Mamas and the Papas,Twelve-Thirty (Young Girls Are Coming to the Canyon)

“Hm, qué canción tan bonita. Interesante, pero quisiera saber ¿a qué se refiere? ¿Cuál es ese cañón al que se refieren, donde todos los cambios suceden?

Preguntémosle a nuestro buen amigo Google”.

*Olavia teclea* twelve-thirty (nótese la ausencia de comillas)

Enter.

En negrita, en primera plana, surge lo siguiente:

twelve – thirty = negative eighteen

(compruébelo usted mismo)

Olvidando por completo el pesar de no haber elegido kite@gmail.com en vez de olaviakite@gmail.com, Olavia sólo atina a abrir los ojos como platos y pensar… “Google me abruma”.

SUENA: Words of Love — The Mamas and the Papas

Free as a Bird

Como ven, Blogger estrenó diseño y yo también. Se acercan las vacaciones y quiero descansar un poco del viejo diseño. No todo está perfecto, pero es una buena combinación de verdes. Al menos a mí me gusta.

¡Termino dos trabajos y soy libre! ¡LIBRE! Y esto me emociona tanto, que ya tengo toda una lista de cosas que quiero hacer en estos meses:

  • Leer literatura china como loca (empezando por Balzac and the Little Chinese Seamstress)
  • Terminar The Fountainhead
  • Ver Citizen Kane
  • Tomar café con Catherine Thornton
  • Pasar un buen rato con Kathleen Glady cuando llegue
  • Ir a Perú

    • Conocer a Francisco (¡por fin!)
    • Tomar Inca Kola
    • Si es posible (¡¡¡ojalá ojalá ojalá!!!) ir a Machu Picchu
  • Enviar todo el correo que tengo atrasado (electrónico y aéreo)
  • Ponerme al día en Francés
  • Cocinar
  • Hacer planes locos con mis amigas de la universidad
  • Escribir algo largo (no acá, obviamente)
  • Ver a mis amigas del colegio
  • Arreglarme un poco (como quien dice descansar un rato de las camisetas de siempre y ver qué hago con mi pelo)

Bien, el panorama es optimista. Aunque todos son apenas deseos, espero poder hacerlos realidad. Ahora… a terminar de pasar la barrera final. Dos ensayos y la gran muralla habrá sido franqueada con éxito.

SUENA: You and Me Song — The Wannadies

Charlas con Gonzalo

Bueno Gonzalo, es hora de ponernos serios. Ya llevo suficiente tiempo evadiéndolo. He acumulado hasta 4000 puntos en Neopets sólo jugando a que no me coge, a que distraerme es el arma más eficaz para que pase el tiempo y de repente tenga todo lo necesario terminado. Es más, he comido más de lo necesario de sólo pensar en que tengo que hacer algo relacionado con usted. Demasiado cereal. El cereal es como una droga, un calmante, una gran distracción, hasta que me doy cuenta de que me estoy acabando la leche y hay más miembros en la casa como para ponerme a vaciar las cajas. Además, yo no soy la única que come cereal en la casa.

¿Sí ve? Empecé hablando de usted y terminé hablando del cereal. Por su culpa no he podido relacionar la información interesante que saqué de la edición de La Araucana en francés de 1900 con la de La Araucana de 1776. ¿Sabía usted que hay un libro de 1497 en la Biblioteca Nacional que está mejor conservado que uno de 1824? El de 1824 tenía la tapa separada, y para curarme en salud fui y le dije a la señora que atendía que mire, está separada. Ella sólo dijo sí, como que sí, ya sabía; igual yo seguí las normas de la biblioteca, que dicen que hay que avisar cuando los libros están malos. Pues el de 1497 está nuevecito. Uno lo coge y no cree que sea de ese año. ¿Sí ve? Lo suyo me importa un pepino; yo sólo quiero volver a coger libros viejos así lleguen todos los funcionarios milenarios al tiempo a regañarme sólo para ser hostiles con la esperanza de que yo no vuelva jamás, aún cuando sé que lo haré así sea sólo para estorbarles la vida viendo libros viejos que obviamente son mucho más fascinantes que usted y su retorno a la religión.

¿Sabe qué? Voy a salir de usted de una vez por todas. Voy a coger todo eso que dicen de usted, buscaré qué decir por todos los recovecos posibles y voy a darle la estocada final. Y cuando termine, por puro placer y tal vez en retribución a usted por haberme dado un tema para salir del paso, del largo paso, voy a hacer eso que usted tanto restregó entre sus palabras, tan rebelde usted; le voy a hacer un tris de caso. ¿Sabe qué voy a hacer?

Nada. Nada, nada, nada.

SUENA: You Belong to Me — Jason Wade

Las cinco de Olmedo

Digo, del viernes.

1) ¿Un lujo del que no puedas prescindir?

Comida. Música. Electricidad. La membresía a la BLAA.

2) ¿Algo que nunca falta en tu armario?

Yo no me arreglo. La ropa se renueva por arte de magia.

3) ¿El SMS o mensaje más sorprendente que has recibido?

En el buen sentido: el primer e-mail de Minori desde la primera vez que nos separamos. Yo estaba en Miami entonces, y él apenas había llegado a Tokyo. Estaba decidido, decía: visitaría Colombia al cabo de seis meses. En el mal sentido: el SMS que me mandó mi ya entonces ex diciéndome que me quería… y que tuve el desatino de leer en la cima del Gateway Arch en St. Louis, con Minori al pie. Carambola, cómo hacerle entender que eso que sentía este hombre por mí ya no lo sentía yo por él…

4) ¿Qué es lo más dificil que has hecho?

A medida que pasa el tiempo se van completando niveles en distintas áreas. Fue difícil aprender a saltar lazo. Fue difícil pasar volleyball en 4°. Fue difícil ser Agamenón para Iphygenia in Aulis en 9°. Fue difícil aprender a hablar como gamín para la presentación de Navidad de 11°. Fue difícil perseguir durante más de un año a alguien que, cuando al fin sucumbió, desapareció de mi corazón en cuestión de unos pocos meses. Fue difícil aprender a quererme un poquito más. Fue difícil el invierno en Iowa. Fue difícil aprender a escribir en hiragana. Fue difícil hacer los ensayos de Teoría I. Ha sido difícil caminar por las calles de la ciudad sin la mano que más anhelo, la de mi mejor amigo, mi hermano mayor, mi amor.

5) ¿Como te describirías a ti mism@?

El otro día le di a Changhee una descripción divertida, estilo datos secretos de James Bond. Intentemos hoy algo más lighthearted: Ella es Olavia Kite. Es estudiante de Literatura, carrera sobre la cual aún no sabe bien si le gusta mucho o más bien poco. En sus ratos libres mantiene un blog aunque quisiera dedicarse al bordado o la culinaria. Le gusta sacar libros de la BLAA, inventar vidas a partir de seres que pasan por ahí, cantar canciones de Billy Joel a todo volumen y aprender idiomas. Le disgusta tener los pies fríos, llamar por teléfono, hablar con los funcionarios de la Biblioteca Nacional y hacer tareas.

SUENA: Honesty — Billy Joel (y la estoy cantando a todo volumen)

L’olive de son martini

Un homme est arrivé à la salle des ordinateurs. Il a montré l’image d’une femme à la fille qui écrivait quelque chose, je ne regardais pas. Qui était elle (la femme de l’image)? Quelle était la raison d’exiger que la fille regarde l’image?

Hmm. My French sucks.

Anyway… tenía que describir eso que estaba viendo. Entremos en materia.

Engel Atreyu —el blog— ha estado en funcionamiento durante algunos meses. He leído sus posts laaaaaargos laaaaaaaaargos y sus aventuras extrañas; aventuras que no sólo están registradas para el mundo del Internet sino también para quienquiera que pueda tomar un café y caminar por un parque con él.

Debo confesar (y él ya lo sabe) que me gusta mucho ese blog. Me gusta inclusive cuando los posts son más largos que de costumbre, cuando las letras chiquititas se aglomeran tanto que parecen una bolsa de fichas de Scrabble o el frasco de pasta de letras que llevaba al colegio en primaria para jugar en clase de Español. Me gusta no por tener un diseño increíble (yo fui la autora de ese pequeño desastre inconcluso), no porque me ofrezca datos que realmente me impresionan, no porque le dé duro a otros miembros de la raza humana… Me gusta porque es una vida prácticamente inverosímil, y por ende fascinante, la que se retrata allí.

Engel Atreyu, Kolya Lautari; usted escoge. En vestido de paño y bombín (horrorshow! is it you, Alex? “Mrs. Peel, we’re needed?”) vive esa vida de la que no tengo mayor noticia, tal vez por pasármela regando mi rosa y desenterrando baobabs cerca de B 612. Cada vez que leo sus aventuras me lo imagino convertido en una especie de James Bond rodeado de hermosas mujeres de vestidos rojos (casi a lo Jessica Rabbit), cada una hablando un idioma diferente. Tal vez hay una especie de Uni?n Europea femenina buscándolo (no todas en grupo; cada una sabe encontrarlo a la hora menos apropiada). Entra una mujer de improvisto a su lujoso apartamento y prácticamente se desviste frente a sus ojos… o la misma mujer vestida de rojo con labios rojos y piel blanquísima se le come lentamente la aceituna del martini y él apenas torna su vista hacia ella, inmutable, inexpresivo, misterioso, escondido bajo el alero de su ceño. Es normal en la vida diaria de Engel que alguien se presente así; al fin y al cabo él ha tenido affairs hasta con la muerte misma, vestida de negro, desvestida de negro. Qué importa si la vida real no es así, averiguarlo no es esencial: escribirlo es lo interesante, tenerlo ahí y convertirse entre las letras en ese Engel imponente, cool cat, bonvivant.

Qui mord lentement l’olive? Qui boit son martini? Qui est la femme que l’appelle ce soir?

Of course, not me. Never me. I’m only here to read all about it.

SUENA: la voz de un señor mascullando entre dientes mientras juega ajedrez por Internet

¿Por qué…

… no puedo empezar a hacer los ensayos de la universidad a tiempo pese a que me levanto tan temprano para ello?

… repito Surfing on a Rocket de Air hasta el mareo?

… se reventó la cuarta cuerda de mi guitarra la misma tarde que quise sentarme a tocar un rato?

… estoy comiendo tantas galletas?

… me acecha el recuerdo de los edificios iluminados de Peoria, IL, mientras voy caminando por ahí o mientras trato de pensar en algo importante?

… la gente en Transmilenio no abre las ventanas y todos prefieren quedarse dormidos por la falta de aire fresco?

… desapareció mi CD de Lennon Legend?

… me hace tan feliz la música de Yann Tiersen?

… apareció mi cuaderno de Español de 7° de manera tan inexplicable?

… abrí el archivo del ensayo de Gonzalo Arango y sigo escribiendo esto, mirando blogs y jugando Neopets?

… lo tratan a uno tan horriblemente mal en la Biblioteca Nacional?

… el mismo señor que hacía cinco minutos metió un manuscrito antiguo a la fuerza en una caja me gritó porque según él me estaba apoyando sobre un libro?

… se rayó el CD que quemé, justo en Itsumo Nando Demo?

… dejaron de funcionar los parlantes mientras sonaba Halflight (Tomandandy)?

… los japoneses son morenitos y las japonesas son blancas?

… salen signos de interrogaci?n en vez de tildes y e?es en los posts de Blogger?

Changhee y Francisco viven tan lejos?

… Minori y Kotaro viven tan pero tan pero tan pero tan lejos?

… no puedo ir a visitar a Minori de manera fácil y asidua?

… suena tanta música dentro de mi cabeza?

… no me puedo concentrar al escribir pero sí al dibujar?

… soy tan ingrata?

Éstas y otras preguntas tendrán respuesta… algún día, algún día. Y si no pues me las invento.

SUENA (en mi cabeza): Surfing on a Rocket — Air

La gouachafite, c’est fini!

Pues sí que se acabó la guachafita. Contra todos mis pronósticos, quedé en Francés 4. Tengo hasta agosto para ponerme al día.

SUENA: Re-Offender — Travis

Borrador de algo

Todo el mundo lo sabía, en especial los vendedores de sombrillas: llovería en Bogotá una vez más. Me cubrí con la rosada capota y me dispuse a abrir la destartalada sombrilla —”sombrilla de aguacate”, les oí decir a unas estudiantes a mi lado— cuando llegaron mis acompañantes de siempre, menos una, seguidas de mi madre. Ésta era una visita que no podía hacerse como cuando caminábamos todas juntas hacia el viejo vagón de tren donde saboreamos un poco de granizado y colaciones. No, ésta sería una visita especial: nos dirigíamos hacia la cárcel de libros.

El trayecto fue corto, aunque mirábamos hacia todas partes, temiendo a los vagabundos y a los perros. Cuando llegamos, la lluvia había cesado, pero el aire le había conferido un tono plomizo a todo, inclusive a las plantas que intentaban hacer más amable aquel recinto hostil.

—Aquí no nos importan sus autorizaciones ni la razón por la cual vengan. Tienen que afiliarse si quieren entrar —, dijo fríamente la mujer de amarillo que nos atendió, si es que a eso se le puede llamar “atención”. Al final de los forzados papeleos, mi madre y Tomoyo, la más joven de nosotras tuvieron que quedarse atrás mientras las dos restantes, Kitty y yo, éramos minuciosamente escrutinadas por seres que parecían no tener vida propia más allá del laberíntico edificio. Una mujer gorda y antigua nos miraba fijamente desde un ascensor color carmín que llevaba un letrero: “no maniobre el ascensor, puede ser peligroso”.

Nadie nos guió hasta la sala de visitas: tuvimos que encontrarla por nuestros propios miedos, no sin perder una gran cantidad de silenciosa adrenalina por entre las escalinatas. Allí un guardia volvió a revisarnos de pies a cabeza y nos interrogó:

—¿Qué buscan?

—Venimos por…; queremos investigar acerca de todas sus ediciones.

El rostro del guardia cambió de color, de amarillo ocre a rojo escarlata a blanco pergamino.

—¿Vienen solas? ¿Alguien más busca ese libro?

—Nadie más.

El guardia nos quitó la ficha que nos habían entregado a la entrada: ahora no tendríamos medios para recuperar nuestros objetos, que se habían quedado en un armario oscuro como las casas llenas de almas departidas. No tendríamos modo de salir. Kitty y yo nos hicimos a una mesa inmensa de madera burda, con puestos marcados por números blancos. La lluvia había regresado. A través de las ventanas parecía como si el cielo gris derritiéndose suavemente fuera una parte inseparable del edificio, como si los lomos de los libros encerrados hubieran sido condenados a contemplarla eternamente.

Había pasado mucho tiempo desde la última rebelión por derechos de autor. El Estado se había apropiado de cuanto material escrito existía, prometiendo un pago decente a los autores. Aun cuando era permitido asistir a clases y aprender, los libros no salían jamás de las aulas o las bibliotecas, por lo cual algunos activistas les empezaron a llamar “cárceles de libros”. Mi madre hablaba de una época en la que paseaba libremente en busca de revistas antiguas, justo en el mismo lugar donde ahora nos encontrábamos sin demasiadas esperanzas de encontrar algo interesante. Al fin y al cabo, nada saldría de estas cuatro paredes excepto en forma de una síntesis de dos o tres frases: eso era todo lo que se nos permitía para demostrar que habíamos ‘aprendido’.

Las copias solicitadas llegaron pronto. ¡Más que libros, eran revelaciones! Eran mucho más de lo que nos habrían prometido sobre ellos. En sus páginas se respiraba el aire de una historia que debía ser revelada. ¿Pero cómo hacerlo, si a la salida nos revisarían los cuadernos? Si llegábamos a ser descubiertas robándonos la información que le pertenecía al Estado, podríamos inclusive morir ejecutadas.

Ya se nos ocurriría algo. Por lo pronto, di un vistazo más a los libros encerrados y sonreí, prometiéndoles que los liberaría de su prisión.

(continuará… tal vez)

La media guayaba

Todo comenzó hace muchos meses, cuando Piet publicó en su blog una lista de requisitos para el amor ideal. En Las cinco del viernes surgió una pregunta al respecto, así que he aquí mi lista.

El hombre perfecto de Olavia Kite no fuma – no bebe hasta la inconciencia – es un poco asocial – no le pone problemas a la comida (nada de “uyyyy guácala la lenteja noooo yo no me como eso”) – no es tacaño – no hace obvia su idolatría a las modelos de las revistas – no hace énfasis en el hecho de que no me parezco ni remotamente a las modelos de las revistas – le gusta que no me parezca a ellas (como quien dice, no me usa de camiseta para mostrar) – toca un instrumento musical (la guitarra es muy bienvenida) – canta (no profesionalmente… con que le guste mucho basta) – es bilingüe – no le gustan Los Prisioneros – no intenta convertirme a la religión Charlista/Spinettista/Fitista – preferiblemente no sabe quiénes son los tales Charly/Spinetta/Fito – no me lee cuentos de Cortázar – no me lee poemas de Borges – ni de Benedetti – pero le gusta leer – no huye de los computadores – comprende mi adicción a los computadores – tiene ortografía aceptable – tiene buen gusto – pero no es quisquilloso – sabe cocinar – no es fanático empedernido absorbido moribundo furioso del fútbol – le gusta viajar – le gustan los jardines botánicos – no insulta a Billy Joel – le gustan los Beatles – se burla conmigo de los demás – se burla de mí pero no se pasa – se burla de sí mismo – no me llama “gorda” o “cosita” – no es otaku – no es cuentero – pero tiene anécdotas – es romántico pero no cursi – establece buenas relaciones con mi hermanita

Ya me cansé. Nada de esto tiene sentido. Llené una lista de requisitos que ya no tienen importancia… En fin. Quise hacerlo y ya lo hice, y no sirvió, y ahora… seguiré pasando esta noche de viernes sabiendo que por fin puedo descansar un poquito.

SUENA: Discovery Channel