Déjà vu, déjà parlé

—Creo que ya habíamos hablado de esto.

—¿Sí?

—Sí, en este mismo lugar. Yo decía exactamente lo que acabo de decir y luego tú oprimías el botón del ascensor. Esta vez ocurrió al revés.

—Qué miedo.

—Nos repetimos.

—Sí. Qué aburridos somos.

SUENA: Ventura Highway — America

Bloglines

Tenía que suceder tarde o temprano, ¿no? La súbita inutilidad de una lista colorida y amigable ha hecho que migren los usuarios en busca de la comodidad perdida. Empecé a usar Bloglines no recuerdo por qué, pero TOL me parecía mucho más fácil de usar. La idea de recolectar cada dirección de blog en busca de su feed no me atraía en absoluto. Contradiciendo mi espíritu curioso de usuaria no calificada de computador, no intenté entender el modo de empleo de Bloglines (apenas encontré el blog de dersteppenwolf, el cual ocupó un solitario lugar en mi lista de feeds) y me desentendí del asunto.

Claro que esta condición no perduraría más que un par de meses. TOL dejó de funcionar y empezaron a aparecer manifestaciones de la creciente popularidad de Bloglines entre los miembros de la Sleeping [in a deep coma] List. Al fin, movida por la necesidad de posts frescos y la falta de compromiso con el problema de la identidad en la obra de Alejandra Pizarnik, me metí a Bloglines. Recordé fácilmente mi nombre de usuario y clave, y ¡oh, sorpresa! ¡Todo era más fácil que antes! Perdí la noción de tiempo y espacio mientras me aprovisionaba de todos los blogs leídos y por leer; los que me gustaban y los que no, los que leía para gastar inútilmente el tiempo y los que me hacían sentir que el gasto no era tan fútil, de TOL y externos; lo organicé todo en diversas carpetas y quise reorganizarlo una vez más, intenté meter algunas páginas que no eran propiamente blogs, lamenté no hallar el modo de ver TOL Talk por medio de la otrora desdeñada página, en fin. Sólo me resta declarar con voz y acento de compradora satisfecha de equipos de gimnasia por televentas:

Desde que me cambié a Bloglines mi vida de blogger se ha vuelto mucho más fácil, más placentera. ¡Gracias, Bloglines!

Y usted, ¿qué espera para cambiarse a Bloglines? ¡Genere RSS feeds desde su blog YA!

(…)

Son las 6:30am, y el problema de la identidad en la obra de Alejandra Pizarnik no encuentra solución ni descripción ni interés alguno de mi parte.

SUENA: My Brain Tells My Body — The Vandals

It Ain’t Over Till It’s Over

El mismo momento se multiplica a lo largo de los cuatro meses de semestre (!). Llego a mi casa, como algo, reviso el correo, pierdo tiempo (i.e., hago búsquedas en Google, leo noticias frívolas, repaso la Muy Interesante, veo televisión, escribo posts, leo blogs) y me dispongo a hacer el trabajo.

Me dispongo…

Me da sueño.

No es sino enviarle a mi cerebro la orden de prepararse para un par de horas consagradas al problema de la identidad de Blanca Varela, Olga Orozco y Alejandra Pizarnik, el acuerdo no forzado de Popper o el personaje del Capitán Nemo para que se apague. Como una triste mula atascada en el más profundo y pegajoso bache, mi cuerpo se resiste a realizar las labores diarias del estudiante. Estudiante, no estudioso, como lo dijo aquel periódico gratuito que me dieron esta mañana. Pero bueno, esto se acabará pronto. Esto se acabará pronto. Y cuando se acabe, me va a hacer falta… yeah, sure!

SUENA: La vie en rose — Edith Piaf

She speaks to herself.

No, No, No.

Este no es un blog interesante. No enseña nada, no está loco, no tiene amigos. No es un compendio de reseñas indispensables para la vanguardia cultural. No da muestras de habilidad literaria alguna. No le sigue los pasos a ninguna aventura. No es un diario personal que oscila entre la inocencia y el rojo picante. No comparte aficiones con nadie. No declara abiertamente la gloria del amor correspondido. No denuncia la situación de ningún punto en el universo. No se queja de la falta de cariño, de compañía, de abrigo, de vida. No trae buenas fotos. No trae referencia útil para ningún gremio. No ataca a diestra y siniestra. No se hace pasar por pobre y ordinario para que sus lectores se rían de los pobres y ordinarios. No dice nada nuevo. No se pregunta por nada. No tiene tema. No tiene fondo. No tiene alma.

¿Qué hacemos con este blog inútil, con este tarrito lleno de insípida pasta de letras? ¿Se lo botamos a las palomas?

Por favor, no me dejen comentarios de yo-sí-leo-aquí-te-amamos-alabío-alabao-alabim-bom-bao: esto es simplemente una nota personal, una hojita pegada con un imán en la nevera junto a la foto de un baile que hace sonreír.

Oh, Sensei

Ariza Sensei, benigno alter-ego de Malagant y dueño de una espeluznante identidad secreta, cumplió años hace un par de días.

Debo admitir que el señor no deja de sorprenderme. Cuando lo conocí, a principios del semestre pasado, me pareció una persona extraña, demasiado joven para dictarme japonés (esperaba a Barrera Sensei, quien parece un Papá Noel delgado). Sin embargo, el tiempo ha pasado y he aprendido muchísimo de él. Se ha preocupado porque aprendamos y nos guste el idioma y la cultura del País del Sol Naciente más que por rajar. No sé cómo será la clase con los otros profesores de japonés de mi universidad en niveles básicos, pero con él he avanzado en mi intento de balbuceo nipón a pasos agigantados. Además, es supremamente amable.

Tengo la tendencia a querer mantenerme en contacto con la gente que me ha caído bien y me ha parecido interesante, ya sean estudiantes, profesores, gente con la que he hablado mucho o poquito. Si pudiera, al terminar los cursos me gustaría seguir hablando con él. Si pudiera, le presentaría a Minori. Si pudiera, le escribiría en caso de poner un pie en Japón. Espero que algún día sepa cuánto lo admiro y aprecio.

SUENA: I Will Remember You — Sarah McLachlan

Booker

Mi mente está llena de recuerdos dormidos. Muchos de ellos tienen que ver con música, y les gusta despertar de repente para torturarme y obligarme a buscar su origen.

Llevaba años con la melodía y la certeza de que pertenecía a una serie que asociaba con el nombre “Ferris Bueller”. Sin embargo, después de algún tiempo concluí que era un asunto perdido, un posible producto retorcido de mi mente disvariante, como Banner y Flappy o Madison, Wisconsin.

Entonces sonó.

Sucedió exactamente como cuando descubrí que River of Dreams era obra de Billy Joel (el recuerdo de la melodía me venía persiguiendo desde cuarto de primaria): escuchaba la radio distraídamente cuando me estremecí con las palabras que se hicieron claras después de tantos años… “Hot in the city, hot in the city tonight…”

¡El tema de Ferris Bueller! (O de lo que fuera que yo asociaba con ese extraño nombre.)

Una búsqueda rápida esta noche fue suficiente para saber que:

  1. En efecto, Hot in the City es tema de una serie de televisión ochentera.
  2. La serie en cuestión se llamaba Booker.
  3. El nombre del personaje principal, Dennis Booker, rima vagamente con Ferris Bueller.
  4. Ferris Bueller es un personaje de la película Ferris Bueller’s Day Off, protagonizada por Matthew Broderick, como Ferris.
  5. Hot in the City es una canción de Billy Idol.

No puedo creer que mi colección de canciones incluya ahora a Billy Idol y que yo veía Booker, pero no hay nada más feliz que poder recordar mi tierna infancia mediante la música (algún día les contaré el chasco que me llevé cuando pude constatar que Banner y Flappy efectivamente existían y que el tema del programa —que recordaba como bonito— es ¡horrible!).



Y ya visto Booker, no se me ocurre nada más para decir. Igual esto sólo lo leo yo.

SUENA: Hot in the City — Billy Idol

NaNoWriMo

Hay personas que se entrenan todo el año para una maratón, en busca de romper su propia marca. No importa si no son deportistas profesionales y no ganan, lo hacen por gusto. Otros se meten a la maratón de repente, a ver si algo bueno sucede y algo logran probar.

He aceptado el desafío.

Durante el mes de noviembre estaré luchando por acumular 50.000 palabras, preferiblemente en una historia coherente. Si de casualidad les interesa el inútil proceso, visiten este blog y vean cómo me sumerjo en un mundo de locura desenfrenada.

Si quieren hacerme fieros y demostrarme que ustedes son capaces de hacer algo bueno en 30 días, inscríbanse aquí, abran un blog para su producción, inscríbanlo acá y sienten las primeras palabras en el suelo electrónico exactamente cuando el reloj indique que empezó el primero de noviembre.

Sin más por el momento, este perezoso blog se despide de su imperceptible séquito de lectores.

SUENA: You Make Me Feel Like Dancing — Leo Sayer

You Make Me Feel Like Dancing

No puedo postear música.

No puedo escribir Sing For Your Supper de The Mamas and the Papas y esperar que me entiendan, o que siquiera lean un fragmento silencioso de aquello que se manifiesta en ondas sonoras y no es lo macizo que queda aplastado sobre el colador.

Han pasado cosas significativas en mi vida, pero al pensar que sólo las puedo relatar en medio de las canciones que me han marcado durante estos días me siento incapaz de poner las manos sobre el teclado.

Tengo películas tachonadas de melodías a todo volumen en mi cabeza, colores vivísimos de otros tiempos tapando mi vista de lo nuevo y nada se vuelve palabras. Me abandonan las letras y me abruma mi carrera, sucesión eterna de clichés en Times New Roman.

Necesito viajar de nuevo.

SUENA: Especially For You — Kylie Minogue & Jason Donovan

Nihonbunkashuukan

Cosas del país del cerezo en el país de la orquídea…

  1. Me fue imposible comprender lo que me decía Himura por culpa de una simplísima u. Si así soy acá, ¿cómo seré en Japón? ¿Llegaré a Japón algún día?
  2. Posiblemente nunca llegue a saber cómo se organiza una semana de la cultura japonesa en japonés porque a Minori no le hizo gracia el verbo empleado y la conversación tomó un giro inesperado justo cuando le pedía una explicación detallada.
  3. Sin embargo, sí pude preguntar hace unas horas por el ‘toriatte’ de Teo Toriatte.
  4. Con bombos y platillos —o sin ellos —se anuncia la semana cultural japonesa en varias universidades… ¿Y la mía? En receso. Qué bonito.
  5. No quiero hablar del concurso de oratoria en japonés.
  6. Necesito convencer a alguien de que vaya a algún taller conmigo esta semana. Única condición: nada de manga/anime.
  7. Hace poco me enteré de la existencia de una fiesta cosplay acá en Bogotá. Creo que si yo asistiera al evento y se enteraran, tanto Minori como Kotaro me dejarían de hablar.
  8. Alguna vez le pregunté a Minori si en su casa se hacía la ceremonia del té. La respuesta fue tajante: NO. “Entonces, ¿cómo sirven el té en tu casa?” insistí ingenuamente. “Así”, dijo, levantando la tetera y llenando mi vaso con la cotidianidad de cualquier rincón del mundo.

SUENA: Rosa Rosa — Sandro de América