Monthly Archive for May, 2004

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Las cinco de Olmedo

Digo, del viernes.

1) ¿Un lujo del que no puedas prescindir?

Comida. Música. Electricidad. La membresía a la BLAA.

2) ¿Algo que nunca falta en tu armario?

Yo no me arreglo. La ropa se renueva por arte de magia.

3) ¿El SMS o mensaje más sorprendente que has recibido?

En el buen sentido: el primer e-mail de Minori desde la primera vez que nos separamos. Yo estaba en Miami entonces, y él apenas había llegado a Tokyo. Estaba decidido, decía: visitaría Colombia al cabo de seis meses. En el mal sentido: el SMS que me mandó mi ya entonces ex diciéndome que me quería… y que tuve el desatino de leer en la cima del Gateway Arch en St. Louis, con Minori al pie. Carambola, cómo hacerle entender que eso que sentía este hombre por mí ya no lo sentía yo por él…

4) ¿Qué es lo más dificil que has hecho?

A medida que pasa el tiempo se van completando niveles en distintas áreas. Fue difícil aprender a saltar lazo. Fue difícil pasar volleyball en 4°. Fue difícil ser Agamenón para Iphygenia in Aulis en 9°. Fue difícil aprender a hablar como gamín para la presentación de Navidad de 11°. Fue difícil perseguir durante más de un año a alguien que, cuando al fin sucumbió, desapareció de mi corazón en cuestión de unos pocos meses. Fue difícil aprender a quererme un poquito más. Fue difícil el invierno en Iowa. Fue difícil aprender a escribir en hiragana. Fue difícil hacer los ensayos de Teoría I. Ha sido difícil caminar por las calles de la ciudad sin la mano que más anhelo, la de mi mejor amigo, mi hermano mayor, mi amor.

5) ¿Como te describirías a ti mism@?

El otro día le di a Changhee una descripción divertida, estilo datos secretos de James Bond. Intentemos hoy algo más lighthearted: Ella es Olavia Kite. Es estudiante de Literatura, carrera sobre la cual aún no sabe bien si le gusta mucho o más bien poco. En sus ratos libres mantiene un blog aunque quisiera dedicarse al bordado o la culinaria. Le gusta sacar libros de la BLAA, inventar vidas a partir de seres que pasan por ahí, cantar canciones de Billy Joel a todo volumen y aprender idiomas. Le disgusta tener los pies fríos, llamar por teléfono, hablar con los funcionarios de la Biblioteca Nacional y hacer tareas.

SUENA: Honesty — Billy Joel (y la estoy cantando a todo volumen)

L’olive de son martini

Un homme est arrivé à la salle des ordinateurs. Il a montré l’image d’une femme à la fille qui écrivait quelque chose, je ne regardais pas. Qui était elle (la femme de l’image)? Quelle était la raison d’exiger que la fille regarde l’image?

Hmm. My French sucks.

Anyway… tenía que describir eso que estaba viendo. Entremos en materia.

Engel Atreyu —el blog— ha estado en funcionamiento durante algunos meses. He leído sus posts laaaaaargos laaaaaaaaargos y sus aventuras extrañas; aventuras que no sólo están registradas para el mundo del Internet sino también para quienquiera que pueda tomar un café y caminar por un parque con él.

Debo confesar (y él ya lo sabe) que me gusta mucho ese blog. Me gusta inclusive cuando los posts son más largos que de costumbre, cuando las letras chiquititas se aglomeran tanto que parecen una bolsa de fichas de Scrabble o el frasco de pasta de letras que llevaba al colegio en primaria para jugar en clase de Español. Me gusta no por tener un diseño increíble (yo fui la autora de ese pequeño desastre inconcluso), no porque me ofrezca datos que realmente me impresionan, no porque le dé duro a otros miembros de la raza humana… Me gusta porque es una vida prácticamente inverosímil, y por ende fascinante, la que se retrata allí.

Engel Atreyu, Kolya Lautari; usted escoge. En vestido de paño y bombín (horrorshow! is it you, Alex? “Mrs. Peel, we’re needed?”) vive esa vida de la que no tengo mayor noticia, tal vez por pasármela regando mi rosa y desenterrando baobabs cerca de B 612. Cada vez que leo sus aventuras me lo imagino convertido en una especie de James Bond rodeado de hermosas mujeres de vestidos rojos (casi a lo Jessica Rabbit), cada una hablando un idioma diferente. Tal vez hay una especie de Uni?n Europea femenina buscándolo (no todas en grupo; cada una sabe encontrarlo a la hora menos apropiada). Entra una mujer de improvisto a su lujoso apartamento y prácticamente se desviste frente a sus ojos… o la misma mujer vestida de rojo con labios rojos y piel blanquísima se le come lentamente la aceituna del martini y él apenas torna su vista hacia ella, inmutable, inexpresivo, misterioso, escondido bajo el alero de su ceño. Es normal en la vida diaria de Engel que alguien se presente así; al fin y al cabo él ha tenido affairs hasta con la muerte misma, vestida de negro, desvestida de negro. Qué importa si la vida real no es así, averiguarlo no es esencial: escribirlo es lo interesante, tenerlo ahí y convertirse entre las letras en ese Engel imponente, cool cat, bonvivant.

Qui mord lentement l’olive? Qui boit son martini? Qui est la femme que l’appelle ce soir?

Of course, not me. Never me. I’m only here to read all about it.

SUENA: la voz de un señor mascullando entre dientes mientras juega ajedrez por Internet

¿Por qué…

… no puedo empezar a hacer los ensayos de la universidad a tiempo pese a que me levanto tan temprano para ello?

… repito Surfing on a Rocket de Air hasta el mareo?

… se reventó la cuarta cuerda de mi guitarra la misma tarde que quise sentarme a tocar un rato?

… estoy comiendo tantas galletas?

… me acecha el recuerdo de los edificios iluminados de Peoria, IL, mientras voy caminando por ahí o mientras trato de pensar en algo importante?

… la gente en Transmilenio no abre las ventanas y todos prefieren quedarse dormidos por la falta de aire fresco?

… desapareció mi CD de Lennon Legend?

… me hace tan feliz la música de Yann Tiersen?

… apareció mi cuaderno de Español de 7° de manera tan inexplicable?

… abrí el archivo del ensayo de Gonzalo Arango y sigo escribiendo esto, mirando blogs y jugando Neopets?

… lo tratan a uno tan horriblemente mal en la Biblioteca Nacional?

… el mismo señor que hacía cinco minutos metió un manuscrito antiguo a la fuerza en una caja me gritó porque según él me estaba apoyando sobre un libro?

… se rayó el CD que quemé, justo en Itsumo Nando Demo?

… dejaron de funcionar los parlantes mientras sonaba Halflight (Tomandandy)?

… los japoneses son morenitos y las japonesas son blancas?

… salen signos de interrogaci?n en vez de tildes y e?es en los posts de Blogger?

Changhee y Francisco viven tan lejos?

… Minori y Kotaro viven tan pero tan pero tan pero tan lejos?

… no puedo ir a visitar a Minori de manera fácil y asidua?

… suena tanta música dentro de mi cabeza?

… no me puedo concentrar al escribir pero sí al dibujar?

… soy tan ingrata?

Éstas y otras preguntas tendrán respuesta… algún día, algún día. Y si no pues me las invento.

SUENA (en mi cabeza): Surfing on a Rocket — Air

La gouachafite, c’est fini!

Pues sí que se acabó la guachafita. Contra todos mis pronósticos, quedé en Francés 4. Tengo hasta agosto para ponerme al día.

SUENA: Re-Offender — Travis

Borrador de algo

Todo el mundo lo sabía, en especial los vendedores de sombrillas: llovería en Bogotá una vez más. Me cubrí con la rosada capota y me dispuse a abrir la destartalada sombrilla —”sombrilla de aguacate”, les oí decir a unas estudiantes a mi lado— cuando llegaron mis acompañantes de siempre, menos una, seguidas de mi madre. Ésta era una visita que no podía hacerse como cuando caminábamos todas juntas hacia el viejo vagón de tren donde saboreamos un poco de granizado y colaciones. No, ésta sería una visita especial: nos dirigíamos hacia la cárcel de libros.

El trayecto fue corto, aunque mirábamos hacia todas partes, temiendo a los vagabundos y a los perros. Cuando llegamos, la lluvia había cesado, pero el aire le había conferido un tono plomizo a todo, inclusive a las plantas que intentaban hacer más amable aquel recinto hostil.

—Aquí no nos importan sus autorizaciones ni la razón por la cual vengan. Tienen que afiliarse si quieren entrar —, dijo fríamente la mujer de amarillo que nos atendió, si es que a eso se le puede llamar “atención”. Al final de los forzados papeleos, mi madre y Tomoyo, la más joven de nosotras tuvieron que quedarse atrás mientras las dos restantes, Kitty y yo, éramos minuciosamente escrutinadas por seres que parecían no tener vida propia más allá del laberíntico edificio. Una mujer gorda y antigua nos miraba fijamente desde un ascensor color carmín que llevaba un letrero: “no maniobre el ascensor, puede ser peligroso”.

Nadie nos guió hasta la sala de visitas: tuvimos que encontrarla por nuestros propios miedos, no sin perder una gran cantidad de silenciosa adrenalina por entre las escalinatas. Allí un guardia volvió a revisarnos de pies a cabeza y nos interrogó:

—¿Qué buscan?

—Venimos por…; queremos investigar acerca de todas sus ediciones.

El rostro del guardia cambió de color, de amarillo ocre a rojo escarlata a blanco pergamino.

—¿Vienen solas? ¿Alguien más busca ese libro?

—Nadie más.

El guardia nos quitó la ficha que nos habían entregado a la entrada: ahora no tendríamos medios para recuperar nuestros objetos, que se habían quedado en un armario oscuro como las casas llenas de almas departidas. No tendríamos modo de salir. Kitty y yo nos hicimos a una mesa inmensa de madera burda, con puestos marcados por números blancos. La lluvia había regresado. A través de las ventanas parecía como si el cielo gris derritiéndose suavemente fuera una parte inseparable del edificio, como si los lomos de los libros encerrados hubieran sido condenados a contemplarla eternamente.

Había pasado mucho tiempo desde la última rebelión por derechos de autor. El Estado se había apropiado de cuanto material escrito existía, prometiendo un pago decente a los autores. Aun cuando era permitido asistir a clases y aprender, los libros no salían jamás de las aulas o las bibliotecas, por lo cual algunos activistas les empezaron a llamar “cárceles de libros”. Mi madre hablaba de una época en la que paseaba libremente en busca de revistas antiguas, justo en el mismo lugar donde ahora nos encontrábamos sin demasiadas esperanzas de encontrar algo interesante. Al fin y al cabo, nada saldría de estas cuatro paredes excepto en forma de una síntesis de dos o tres frases: eso era todo lo que se nos permitía para demostrar que habíamos ‘aprendido’.

Las copias solicitadas llegaron pronto. ¡Más que libros, eran revelaciones! Eran mucho más de lo que nos habrían prometido sobre ellos. En sus páginas se respiraba el aire de una historia que debía ser revelada. ¿Pero cómo hacerlo, si a la salida nos revisarían los cuadernos? Si llegábamos a ser descubiertas robándonos la información que le pertenecía al Estado, podríamos inclusive morir ejecutadas.

Ya se nos ocurriría algo. Por lo pronto, di un vistazo más a los libros encerrados y sonreí, prometiéndoles que los liberaría de su prisión.

(continuará… tal vez)

La media guayaba

Todo comenzó hace muchos meses, cuando Piet publicó en su blog una lista de requisitos para el amor ideal. En Las cinco del viernes surgió una pregunta al respecto, así que he aquí mi lista.

El hombre perfecto de Olavia Kite no fuma – no bebe hasta la inconciencia – es un poco asocial – no le pone problemas a la comida (nada de “uyyyy guácala la lenteja noooo yo no me como eso”) – no es tacaño – no hace obvia su idolatría a las modelos de las revistas – no hace énfasis en el hecho de que no me parezco ni remotamente a las modelos de las revistas – le gusta que no me parezca a ellas (como quien dice, no me usa de camiseta para mostrar) – toca un instrumento musical (la guitarra es muy bienvenida) – canta (no profesionalmente… con que le guste mucho basta) – es bilingüe – no le gustan Los Prisioneros – no intenta convertirme a la religión Charlista/Spinettista/Fitista – preferiblemente no sabe quiénes son los tales Charly/Spinetta/Fito – no me lee cuentos de Cortázar – no me lee poemas de Borges – ni de Benedetti – pero le gusta leer – no huye de los computadores – comprende mi adicción a los computadores – tiene ortografía aceptable – tiene buen gusto – pero no es quisquilloso – sabe cocinar – no es fanático empedernido absorbido moribundo furioso del fútbol – le gusta viajar – le gustan los jardines botánicos – no insulta a Billy Joel – le gustan los Beatles – se burla conmigo de los demás – se burla de mí pero no se pasa – se burla de sí mismo – no me llama “gorda” o “cosita” – no es otaku – no es cuentero – pero tiene anécdotas – es romántico pero no cursi – establece buenas relaciones con mi hermanita

Ya me cansé. Nada de esto tiene sentido. Llené una lista de requisitos que ya no tienen importancia… En fin. Quise hacerlo y ya lo hice, y no sirvió, y ahora… seguiré pasando esta noche de viernes sabiendo que por fin puedo descansar un poquito.

SUENA: Discovery Channel

Las cinco del viernes senreiv led ocnic saL

Todo queda en pareja.

1) ¿Qué debe tener alguien para que sea tu pareja perfecta?

Hay muchos requisitos… Los pondré en un siguiente post.

2) ¿Qué es lo que más detestas en tu pareja?(si no tienes pareja actualmente, puedes elegir entre decir lo que detestabas más de tu última pareja o de la que te gustaría que fuera la próxima)

No me gusta lo terquito, pero yo también soy terca entonces terminamos entendiéndonos.

3) ¿Harías algo por cambiar a tu pareja?

Nah… está demasiado bien.

4) Si tienes pareja o la estás buscando, ¿esperas que dure y tener una relación con futuro, o es por pasar el tiempo?

¿¡Para pasar el tiempo!? Uy no, qué tal… que dure y dure y dure…

5) En una relacion de pareja, ¿que función o actitud adoptas?

La de una persona que ama mucho a otra persona, sea lo que sea.

SUENA: el noticiero