Reflexión brevísima sobre el quehacer del comediante

Durante una conversación particularmente hilarante con mi mamá, en la que le conté que había retomado la escritura del blog pero era difícil tener ideas, ella me propuso que escribiera algo chistoso. En teoría eso no debería ser difícil, porque creo que en general mi vida es un poquito graciosa. El problema es que el mundo no se encuentra en un momento muy jocoso que digamos. Pero siempre resulto haciendo reír a mi mamá.

Independientemente del estado del mundo, hacer reír no es nada fácil. A veces pienso que podría tener madera de comediante, pero en realidad no paso de contadora aceptable de anécdotas. Además, exponerse frente a un público implacable requiere una coraza de la que carezco por completo. Puedo cantar, pero hasta ahí llegamos. He perdido concursos de karaoke por falta de carisma.

En todo caso, debe ser interesante darse a la tarea de escribir algo intencionalmente gracioso para una gran audiencia. Seguramente hay maneras de aprender a hacerlo. No sé si me apuntaría al reto, pero tal vez en esas aprendería a tener ideas. Eso sí, por encima de eso, necesito dejar de quedarme varada al empezar a escribir algo por una necesidad apremiante de recordar cada detalle de la conversación que me llevó a sentarme frente al computador en primer lugar. Así no hay idea que sobreviva.

0 Responses to “Reflexión brevísima sobre el quehacer del comediante”


  • No Comments

Leave a Reply