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    2011 - 11.06

    Antanas Mockus estaba enfermo. Yo estaba parada frente a la reja de su casa. Tenía el presentimiento de que moriría. Si eso pasaba, probablemente debería anunciarlo por Twitter. En efecto, aparecía un enfermero y nos daba las malas noticias. La gente lloraba. Yo también estaba algo llorosa. Abrían la casa y todo el mundo entraba a ver el cadáver y llorar. Yo entraba y lo veía como por medio segundo, pero era tan impresionante que salía corriendo. Esperaba que llegara Gina Parody al funeral para darle el pésame y ahí sí dar una declaración oficial en redes, pero ella nada que aparecía y en cambio sí pasaba gente por ahí burlándose de mí.


    2011 - 07.12

    Veía el video de un concierto de Los Toreros Muertos en Colombia en 1986. Me enteraba de que el gobierno colombiano creía que Pablo Carbonell tenía un plan para asesinar al presidente.

    Tenía que salir y les mostraba a las personas con las que estaba que el paisaje alrededor era una Rusia falsa. Para efectos cómicos, quienes habían creado este escenario habían puesto casas sin ventanas y edificios al revés. Los letreros, además, estaban en inglés.


    2011 - 02.09

    Trabajaba tras bambalinas en un concierto de Ricardo Montaner. Sin embargo, en pleno concierto él se enamoraba de una fan y se iba con ella. Yo decidía entonces aprovechar y hacer mi propio concierto improvisado. Tomaba el micrófono y empezaba a cantar “Xanadu” a capella, pero la voz me salía muy débil. Me daba cuenta además de que el público se había ido y solo quedaba mi familia en las filas de adelante. En una silla de la segunda fila mi abuelo paterno estaba durmiendo.


    2011 - 01.10

    Me estaba quedando en un hotel lujosísimo en Estados Unidos. Edward Herrmann me invitaba a dar un paseo con él en The Hamptons. Yo había dejado mi maleta lista y me había ido a dar vueltas o algo así, y llegaba al hotel cuando el bus nos estaba esperando. En el ascensor me preguntaban de qué compañía era el bus, yo decía “Willer”. El bus era igualito a uno de los que abordé en el paseo a Nara hace poco (en efecto, de la compañía Willer). El conserje me decía que había oído algo sobre el arribo del bus. Edward Herrmann (con el vestido y la actitud de Richard Gilmore) me decía que no había tiempo de alistar nada más y deberíamos abordar el bus. Yo no me había bañado, así que estaba un poco incómoda, pero el viaje duraba apenas una hora. Entonces me daba cuenta de que nuestro bus Willer no era un yakou basu sino un Hampton Jitney.

    Ya en The Hamptons nos enterábamos de que los paramilitares se habían tomado la zona y estaban expropiando las fincas de todos. Carlos Castaño comandaba el ataque y me decía que tenía tiempo de llamar a mi familia y avisarles para que huyeran, porque al que encontraran lo matarían. Sin embargo, yo no tenía el teléfono de nadie. Había una gran procesión de gente detrás de los paramilitares, impotentes viendo cómo poco a poco iban diciendo “esto es nuestro” en cada finca donde entraban. Yo reconocía parajes, pensaba que la última vez que había recorrido estos caminos tenía 13 años, me ponía a llorar. Temía que los paramilitares fueran a encontrar a mi tío y a mi prima, a quienes no había podido avisarles que todo lo iban a perder. Pensaba también que no tenía sentido ser dueño de tierras. ¿Para qué? Quería desentenderme de esto tan pronto como fuera posible, pero pensaba en la casa que había construido mi abuelo. De repente estábamos en un lugar cerrado, como si esta fuera una representación y en vez de recorrer trochas recorriéramos pasillos. Unos curas aparecían y cerraban con cortinas negras la entrada a un pasadizo. Entonces todos sabían que los paramilitares, que estaban más allá del pasadizo que no podíamos atravesar, se habían aburrido de solo expropiar y habían empezado a matar. Todo el mundo huía. Yo podía ver a Edward Herrmann y él a mí, pero no podíamos reunirnos entre la turba.

    De repente aparecía Mel Brooks como rabino y nos avisaba que la única esperanza recaía en mí: había que circuncidarme. Yo me excusaba por no haberme depilado en mucho tiempo. Estaba dispuesta a hacer el sacrificio pero tenía mucho miedo. Encontraban mi clítoris, que era grande y plateado, y a todos les parecía hermoso. Estaban a punto de pinchármelo con un tenedor hasta que Mel Brooks sacaba un escalpelo. Yo les pedía que por favor no lo fueran a cortar de verdad. Al fin y al cabo, esta era una representación. Entonces me rozaban apenas con la punta roma de algo, tal vez el mismo escalpelo, y celebraban.


    2010 - 12.15

    Estaba caminando con mi mamá y encontrábamos un potrero. Queríamos cruzarlo pero era propiedad privada de unos alemanes. Tenían las caras rojas y se reían. A veces yo entendía lo que decían, pero lo que más me llamaba la atención era pensar que el colonialismo había convertido mi país en una colección de fincas de extranjeros. Éramos su patio de descanso. Pensaba esto mientras subía unas escaleras que bordeaban el potrero, que era una pendiente pronunciada. Ya arriba volteábamos a la derecha y seguíamos caminando hasta encontrar un puente levadizo al que le faltaba la mitad. El viento sacudía la mitad donde estábamos paradas como una radiografía. Había gente parada en el puro borde y se divertían subiendo y bajando, pero a mí me daba miedo que alguien fuera a salir volando. De repente seguíamos en el mismo puente pero sentadas: era una atracción de un parque de diversiones. Justo adelante había una rueda de Chicago sin cinturones de seguridad. Un niño salía volando, yo lo veía caer como en cámara lenta, pero retiraba la mirada antes de que tocara el suelo. Sonaba el impacto. Una ondulación más del puente donde estaba yo: el cadáver se veía colgando de los hierros de la rueda. Una niña lo recogía llorando y seguía montada en la rueda. De repente un bebé y una niña chiquita se caían de la rueda también, pero me caían encima a mí. Yo los sostenía duro. La madre me agradecía pero decía que estaba confiada en que alguien más los salvaría en caso de qué cayeran. Me impresionaba la irresponsabilidad de la señora. Nos bajábamos del puente y seguíamos caminando.


    2010 - 11.27

    Mi familia y yo estábamos visitando una especie de complejo vacacional con museo incluido. Queríamos ver una exposición de cefalópodos gigantes suspendidos en resina. Los edificios del complejo estaban separados por algún cuerpo de agua. Cruzando de uno a otro me daba cuenta de que podía caminar sobre el agua, pero tenía que correr para lograrlo (como en esos experimentos con coloides). Mi papá pensaba comprar un apartamento en el lugar porque en el trabajo se lo exigían. El apartamento que estábamos mirando tenía genkan y los acabados bastante improvisados aunque antiguos. El genkan era uno de los requisitos impuestos por los empleadores de mi padre para el inmueble que debía adquirir.

    Seguíamos recorriendo los espacios y en una sala nos encontrábamos a mis abuelos maternos y mi bisabuela. Yo hablaba con mi abuelo tomándole la mano. Era muy suave. Mi bisabuela me reclamaba porque yo la había ignorado. Yo la abrazaba. Estaba emocionada de estar con ellos pero angustiada al mismo tiempo: temía que esta fuera la última vez que los vería.


    2010 - 11.11

    Soad y yo estábamos en la cocina de la casa en Bogotá. Yo llegaba con una bolsa de pescado para cocinar pero me daba cuenta de que los peces aún estaban vivos. Eran amarillos con blanco y negro. Cada uno estaba en una bolsita individual con agua. Soad decía que era una crueldad matarlos. Yo le decía que necesitábamos entonces un acuario y ella quién sabe de dónde sacaba instantáneamente un acuario grande y lo ponía en el piso. Lo llenábamos de agua y metíamos un par de peces a los que se les habían reventado sus respectivas bolsas. Desplegaban unas aletas hermosas como las bailarinas y cambiaban de color, pero no duraban mucho y al cabo de unos minutos ya estaban nadando de lado. Yo recordaba del manual de cría de peces que leía y releía cuando chiquita que había que dejarlos en el agua pero dentro de la bolsa durante media hora (no sé si esa es la cifra real) para que se aclimataran, así que metíamos todas las bolsitas en el acuario. Creo que después había una discusión de las cosas que podían pasar y las que no podían pasar cuando uno sabía que estaba soñando. En la cocina todo era oscuro y azulado.

    Después soñaba que Yoshihara Sensei me ponía sobresaliente en mi independent research paper con una nota que explicaba que el trabajo estaba muy bien hecho pese a no haberme encontrado con ella para asesorías ni una sola vez.


    2010 - 11.06

    Volvía a Naoshima, aunque no se parecía en nada a Naoshima. Había línea férrea en la isla. Yo tenía que encontrarme con alguien (no recuerdo quién), y tomaba el tren. Recordaba haber tomado el ferry y estaba sosteniendo el tiquete de este trayecto. Me pasaba de estación. Estaba rodeada de ancianos. Decidía bajarme donde todo el resto lo hacía. Resultaba colada en una visita a una fábrica. Intentaba salirme de la fábrica sigilosamente pero de repente una señora con pinta de secretaria de la universidad (señora mayor amable) llamaba mi nombre. Yo estaba subiendo unas escaleras pero me sentía cada vez más débil. Quería ignorar a la señora pero ella me veía desde los escalones superiores y me preguntaba por qué no respondía si me necesitaban urgentemente. Alguien me estaba buscando. Era mi mamá. Yo no podía creerlo. ¿Cómo me había localizado? (La lógica del sueño dictaba que ella había trazado la información de mis tiquetes de viaje comprados hasta ahora.) ¿Por qué no me había llamado al celular? Ahora ella estaba abrazándome y llorando de la emoción. Yo quería llorar pero no tenía fuerzas. Le confesaba que estaba muy enferma. La secretaria nos llevaba a una especie de consultorio localizado en lo que parecía ser un centro comercial de barrio. Me traían un montón de comida rica. Solo recuerdo que había gyouza.

    Aparecía M., la ex amiga que me odia. Había estado intentando saludarme pero yo la había ignorado en medio del ajetreo de mi mamá y la convalescencia y la confusión resultante. Me sonreía ampliamente y me preguntaba por qué no la reconocía. Yo le decía que estaba enferma y le preguntaba a otra señora japonesa por qué había aparecido esta niña, cómo había llegado hasta acá. No podía explicarme en absoluto su cambio de actitud para conmigo. Entonces ella me decía que todos estábamos muertos y por eso nos estábamos encontrando. Me costaba creerlo.

    De repente me encontraba intentando subir otra escalera pero dentro de una casa en la misma Naoshima. Alguien iba a bajar, un japonés de unos sesenta años, y yo estaba bloqueando el paso porque de la debilidad no podía avanzar y me costaba retroceder.


    2010 - 10.10

    Me estaba preparando para ir a un evento tipo Woodstock. Tenía un morral lleno de ropa hippie setentera y estaba dispuesta a pasar días escuchando música al aire libre con un montón de gente. Las cosas a mi alrededor eran de colores tierra. Después me enteraba de la muerte de Jane Fonda.


    2010 - 01.04

    Soñé que unos personajes oscuros me invitaban a sentarme al lado de ellos en la banca de una iglesia, lo cual suponía un dilema puesto que si los acompañaba quedaría afiliada al Imperio y mis conocidos me odiarían, pero si me sentaba al otro lado del pasillo junto a los demás sería considerada una Rebelde y tendría que pelear y enfrentarme a una dolorosa muerte. Pensaba que lo mejor era huir alegando que no me gusta Star Wars.