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    2017 - 06.23

    Mi hermana y yo compartíamos un espacio para vivir en un mundo distópico donde nos filmaban y observaban. De repente aparecía j. Como mi hermana estaba afuera, lo conducía a la cama que ella y yo compartíamos y ahí nos acostábamos y nos mirábamos pero no nos atrevíamos a mucho más. Máximo llegábamos a abrazarnos. Cuando mi hermana llegaba, nos encontraba abrazados. Yo lo llevaba a un sofá en la parte más alejada del espacio. El espacio no era encerrado, sino que era como un segundo piso en un hall muy grande, con barandas en vez de paredes. Había una sola pared entre la cama y el sofá, más o menos, y yo quería llevarme a j. allí pero había más gente observando. No sé por qué nos observaban. Mi hermana me decía que hiciera lo que quisiera (o sea, que podía volver a la cama) pero que tuviera en cuenta que él estaba muy desaliñado. Finalmente j. y yo tratábamos de escapar pero nos disparaban desde las montañas. Quedé confundida al despertar porque j. y yo ya no hablamos en la vida real pero esto se sintió como un encuentro real con un sentimiento que quedó enterrado hace años.


    2017 - 05.03

    Estaba con mi familia y me quejaba de cómo me trataban en el trabajo.


    2017 - 05.01

    Mi abuela estaba muy enferma y por eso mi tío estaba muy nervioso. De repente ella aparecía de la nada y estaba mejor.

    Llegaba a un barrio muy pobre, hablaba con la gente de una panadería. Decidía que quería volver para ayudarles, comprarles algunos insumos, etc. Tenían muchas actividades que querían llevar a cabo y me caían muy bien.


    2017 - 02.02

    Me encontraba a mi vecina de cuarto de Loras College. Le preguntaba si al fin se había vuelto monja. Me contaba que estaba saliendo con una mujer. Nos dábamos un beso apasionado. Nos íbamos del sitio donde estábamos (un balcón) y de repente estábamos en una película donde estábamos entrando en un dormitorio universitario y en el ascensor había un violador. No tomábamos el ascensor y nos escondíamos en un baño. Otras personas lo atrapaban antes de que llegara por nosotras y usaban un taser con él. Nos rescataban. Alguien me mostraba que se veían rayos chéveres si me ponía el taser en la boca (sin tocar ninguna superficie). La película era sobre la fuerza de las mujeres.

    Estaba en una pista de karts al borde de un precipicio con mi papá, el hermano de Cavorite y otras personas. Yo decidía arriesgarme a coger las curvas más rápido. Daba un poco de miedo porque el carro saltaba y daba la impresión de que uno se fuera a ir al precipicio, pero me estaba arriesgando y eso era bueno. Además lo estaba logrando; el hermano de Cavorite reconocía mi destreza.


    2016 - 07.26

    Mi familia y yo estábamos en Grecia. Yo les decía que me tenía que ausentar un momento porque tenía que devolverme a un almacén del que acabábamos de salir para pasar por su sección papelería y comprar minas 2B y un borrador. Quería uno con un letrero en griego pero todos parecían ser Pelikan. También vendían borradores azules viejísimos. Pensaba comprarme uno pero para qué acumular más cosas.


    2016 - 06.17

    Estábamos en una librería que tenía muchos descuentos. Por alguna razón yo quedaba atrapada en una sección u otra sede, a oscuras, pero me abría paso y lograba llegar adonde sí estaba iluminado y atendían. Mi papá quería comprar muchos libros de Peter Kuper. Yo le decía que no eran tan chéveres.


    2015 - 08.11

    Estaba en Tokio, a la entrada de una exhibición de Uniqlo. No me decidía a entrar. Entonces pensaba “yo ya he vivido acá”, y mi inseguridad se disipaba. Había ropa chévere en la muestra. Miraba por una ventana y veía el típico paisaje tokiota con paredes grises y pendones de colores. Era emocionante. Quería aprovechar el tiempo y, en cierto modo, lamentaba no vivir más en la ciudad. Miraba el reloj (tenía uno de pulsera). Eran las 3:15.

    (Volví a dormir.)

    Estaba de nuevo en Tokio, pero con mi papá. Estaba terquísimo y no me dejaba guiarlo. Le decía que no había atajos en la ciudad y tendríamos que tomar trenes llenos, pero él insistía en darle la vuelta a la estación para buscar un tren vacío. Luego compraba una pizza y la botaba porque estaba horrible. Yo le decía que obviamente iba a ser así porque la pizza en Japón siempre es fea y él debería hacerme caso a la hora de elegir comida. Llegábamos a un apartamento de unos desconocidos. Mi papá se emborrachaba y me decía que nos fuéramos pero yo me rehusaba a irme. Le contaba al dueño del apartamento (en japonés) que yo había vivido en Japón hacía años, que antes podía hablar en japonés bien pero ya no. Me costaba mucho trabajo decir esas frases. Me iba a dormir. Mi cuarto quedaba en el baño.


    2015 - 06.25

    Había una casa de juegos abandonada, medio oscura y un poco tenebrosa, que yo recorría con alguien. Pero creo que se hacía énfasis en que no era nada de terror. Igual me llamaba la atención todo lo viejo, como de los años 20, ahí decrépito pero aún funcionando.

    En otro momento, estaba en una piscina con la hija de j. Le estaba enseñando a flotar pero ella siempre se hundía. Sin embargo, nunca se ahogaba; solo terminaba caminando en el fondo del agua hasta que yo la sacaba y nos reíamos. Se la entregaba a j. Él me daba un beso.

    De repente estaba en Japón, con Azuma. Estábamos comiendo bento, pero el mío tenía todo envuelto en plástico y era muy incómodo desenvolver el arroz y lo demás. Pensaba que había olvidado avisarles a Hazuki y Arisu que estaba acá, pero aún tenía un poquito de tiempo para verlas.

    Salíamos a una calle y encontrábamos a un señor paseando perritos. Esto ya no era Japón. Algunos de los perritos tenían una enfermedad que los hacía ver abultados como un brócoli. Uno de ellos también estaba perdiendo el pelaje. Les trataba de tomar fotos con el celular pero por alguna razón se me dificultaba.

    Entraba a un recinto oscuro con unos familiares y seguía tratando de tomar fotos. Al revisarlas, me daba cuenta de que había pasado por la cama de mis abuelos maternos y ahí estaban. Me devolvía para saludarlos, primero a mi abuela y luego a mi abuelo. Mi abuelo me contaba que estaba muy bien, muy cómodo, que tomaba té tres veces al día. Estaba sonriente.

    Me desperté preguntándome en qué andaría mi abuelo. Luego me acordé de que está muerto.


    2015 - 05.13

    Con mi familia veíamos un episodio de Aventuras en Pañales. Estábamos en un edificio bastante feo. Yo iba a dar una vuelta por la cuadra y, cuando volvía, no lograba encontrar el apartamento donde estaban todos. Por un pasillo se asomaba una rata enorme rosada. Yo la ignoraba porque lo asqueroso no era lo importante, sino mi familia. Cuando por fin lo hallaba, resultaba que una secta budista los estaba matando a todos poniéndolos a mirar a través de una tela roja. Desaparecían en el acto, y en ese instante el monje principal pellizcaba la tela con una especie de caimán de pelo. Veía cómo desaparecían a mi mamá. Me daba cuenta de que esto era un sueño e intentaba desesperadamente despertar, pero no podía. Entonces me asomaba por una tela amarilla que estaba al lado izquierdo de la roja y, efectivamente, desperté unos segundos. Pero ahí mismo volví al sueño y le preguntaba al monje si nos estaba matando o haciendo despertar. “¿En el sitio adonde están yendo, están vivos?” El monje no respondía. “¿Me va a doler? ¿Me va a doler? ¿Me va a doler?”

    Desperté con miedo de volver a quedarme dormida y terminar allá otra vez.


    2015 - 04.17

    Me invitaban a una fiesta donde también estaba una ex jefa que me había tratado mal. Ella hacía hasta lo imposible para no sentarse al lado mío. A algunos conocidos les hacía gracia su incomodidad. Me pasaban pasabocas y yo me encartaba con el plato. Trataba de sacar mariscos del plato con una especie de papadum. Me preguntaba si debía ser amable con ella o decirle que era la peor persona del mundo. Aparecía una compañera del curso vestida con el uniforme del colegio. Le preguntaba qué hacía vestida así si ya estaba casada y con hijos. Hablaba del origen de los colores del saco antiguo (café por la cruz de Cristo, decía). Yo le decía, ¿y entonces de dónde sale el anaranjado tan horrible de la falda? Ella se iba, furiosa.

    De repente ya no estábamos en la fiesta sino que nos estaban empujando a toda velocidad (¿en una silla de ruedas? ¿en un coche? ¿en un carrito de supermercado?) hasta un sitio que yo identificaba como La Fontana. Era una clínica con un jardín central enorme rodeado de muchas pastelerías con comensales viejitos. Yo mencionaba que me encantaban las pastelerías de anciano con nombres tales como “La Vieja Viena” y los pastelitos llenos de frutas. Aclaraba que en realidad no comía casi postres. Me encontraba a mi mamá llorando sobre el mostrador de un almacén porque la estaban tratando de estafar en la venta de una garrafa de algo. El vendedor me informaba el precio que le estaban dando.