Dos sueños

1.

Estaba parada al borde de un vacío, probablemente en un piso alto de unas ruinas. Era un espacio de concreto, algo así como el vano de una puerta inexistente. Intentaba tomar una foto de la vista del lugar, pero algo pasaba con la lente de la cámara de mi celular y en la pantalla se veía como si la lente tuviera una gasa encima. Limpiaba y limpiaba, sin lograr ningún cambio.

Una especie de guía que me acompañaba, prácticamente una voz en off cuya presencia sentía al lado mío, decía lo siguiente:
—El suicidio es una declaración radical: “No quiero vivir más así”. Esto no necesariamente significa la muerte biológica.

***

2.

Me daba cuenta de que debía ordenar mis cosas.

En una repisa de mi cuarto, en mi casa de infancia, había un gran montón de carne molida, y otra pila estaba en el piso junto con unos cubos largos de chicharrón ablandado. Vacilaba en la decisión de deshacerme de la comida: me inquietaba la idea de desperdiciarla, pero para este punto lo más probable era que tuviera gusanos y, aún si no podía verlos, comerla me dejaría con toda certeza con un gusano en el cerebro. Alcanzaba a probar un bocado de la carne cruda, pero inmediatamente después encontraba gusanos en el chicharrón adyacente, y entonces la escarbaba mejor: efectivamente, había gusanos enormes retorciéndose ahí. El montículo de la repisa empezaba a expeler gas con fuerza. Me recriminaba, cuestionándome cómo no se me había ocurrido poner toda esa comida en la nevera. Seguramente la grasa de la carne había arruinado la madera de la repisa, reflexionaba.

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