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    2010 - 10.17

    Estábamos de viaje en Taiwan, subiendo un cerro altísimo en funicular. Teníamos un nuevo hermanito. Yo me preguntaba si sería contraproducente para el niño tener hermanas al menos veinte años mayores que él.


    2010 - 09.30

    Soñé que existía un barrio en Tokio que era muy parecido a Seúl. Había tiendas de ropa horrible atendidas por señoras con el pelo encrespado y casas parecidas a las de mi barrio en Bogotá. En un pequeño centro comercial había dos almacenes de ropa de algún país del Medio Oriente, no recuerdo bien. Escuchaba hablar a la dueña de una de estas tiendas. Explicaba cuánto tiempo pasaba en el negocio hasta que cerraba.

    De repente estaba en un vehículo, no sé si era un tren o un avión. Iba con Lynn y alguien más, creo que era Dimanche. Veíamos pasar un tren y un barco carguero. Lynn anhelaba que el tren pitara. Al parecer ese sonido la tranquilizaba. Luego comentábamos sobre lo mucho que contaminaban los barcos cargueros con todo el humo y los desechos que botaban por sus múltiples chimeneas. Eso la entristecía.


    2010 - 09.05

    Estaba en Boston comiendo pizza con Galactus y j. De repente el lugar ya no era Boston sino Ho Chi Minh.


    2010 - 05.23

    Estaba en Seúl buscando lugares interesantes para conocer según el mapa del metro y decidía ir a un monte cuyo nombre nunca llegaba a pronunciar bien (a veces me equivocaba y decía Ararat pero el nombre era más parecido a Arirang). Me encontraba con una pareja joven coreana que me ofrecía helado. Me hablaban en coreano. La mujer decía “oishii!” al probarlo y yo pensaba “hm, ‘delicioso’ en coreano suena igual que en japonés”. Yo respondía al principio en japonés (“tashika ni oishii”—”en efecto, delicioso”), pero me daba vergüenza y les hablaba en inglés. Ellos también sabían inglés, pero luego el hombre me hablaba en japonés. Me decían que el monte Arirang era aburrido, que no había nada que hacer allá.

    Como estaba haciendo cambio de trenes para ir a Arirang pero al fin resultaba mejor no ir, me quedaba donde estaba, que sería quién sabe en dónde. Había un lago con un bote grandísimo lleno de agua. Al parecer esto ya no era Corea y yo había estado esperando durante mucho tiempo la oportunidad de montar en bote sobre ese bote. Un bote dentro de un bote dentro de un lago. Los botes parecían tinas de bebé. Lo atractivo del plan era que el bote grande se movería a toda velocidad en el lago y los botes pequeños serían arrastrados. Era divertido. Divertido hasta que me daba cuenta de que uno de los botecitos estaba hecho de palma tejida y estaba lleno de niños indígenas apeñuscados, tirados ahí bajo el sol. Ya en tierra firme le preguntaba al dueño de la atracción el porqué de los niños desnudos hacinados. El señor decía que se trataba de recrear vívidamente la experiencia de estar en el Amazonas. Pero los niños están ahí sufriendo, decía yo. Oh, no, a ellos les gusta estar así, respondía él.

    De pronto estaba buscando un bus/tram de regreso no sé adónde. Estaba pagando el tiquete en el torniquete de entrada de la estación y veía cómo se me pasaba bus tras bus mientras yo buscaba monedas de 50 y 10 won en la billetera.


    2010 - 05.21

    Soñé que j. se cortaba el pelo y ya no tenía que recogérselo. Se veía como en sus fotos viejas, aunque con la cara de ahora. Yo le preguntaba por qué lo había hecho en Corea y no se había esperado hasta regresar a Bogotá. No obtenía respuesta.


    2010 - 04.15

    Estaba buscando señal de celular para mi iPhone en China, pero mi proveedor me castigaba desconfigurándolo durante 24 horas. Encontraba una especie de señal pirata (china, jajaja) que me mostraba cosas rosadas y brillantes en chino. Yo estaba buscando el contacto de Himura porque había quedado de verme con él. Era una búsqueda infructuosa.

    Todo esto sucedía mientras yo estaba en una especie de sala VIP de un centro comercial chino con mi mamá. Yo le explicaba que todos estos servicios eran carísimos para los chinos pero baratísimos para nosotros. Uno de los servicios (para relajación) era ponerle a uno cachorritos a que le chuparan a uno los dedos de la mano. Yo tenía perritos a cada lado y no podía quitármelos de encima.

    “No sé si se siente bien o mal”, le decía a mi mamá.

    Después me pasaban otros perritos pero estos tenían dientes. La sensación seguía siendo un poco desagradable.

    De repente resultaba que no estaba esperando poder comunicarme con Himura sino que debía haberme ido a mediodía en tren para encontrarme con Cavorite en algún pueblo europeo. Ahora eran las 5 de la tarde y quién sabe cómo había dejado pasar tanto tiempo.

    Pero seguía en China. Ahora una china pequeñita y flaquita me hacía masajes en el cuello y hombros.


    2010 - 03.04

    Iba a un lugar desde el que se veían unas cataratas hermosas, supuestamente en Ibaraki. Alguien mencionaba Nikko (pero Nikko es en Tochigi). Una señora me hablaba en japonés. Ahora que lo pienso, el paisaje montañoso tras las cataratas era un poco reminiscente de la bahía de Ha Long. Bajaba una cuesta por unas escaleritas (como en las cavernas de Ha Long) y encontraba muñecos de nieve sin ojos pero con huecos donde los ojos deberían ir; alguien me hablaba de niños ciegos que trabajaban. Escuchaba una melodía en mi cabeza: no era tan chévere como las de sueños anteriores.


    2010 - 02.05

    Soñé con un video que mostraba mi interacción con una comunidad aparentemente polinesia en un país donde yo había vivido, en la frontera con Vietnam. Yo pensaba mientras veía la grabación que no sabía que había vivido en Australia. De fondo sonaba una canción buenísima cuya melodía acabo de olvidar pero cuyo estribillo decía “over my head”. Sigo tratando de recordar.


    2010 - 01.12

    Estaba en Jerusalén quedándome en un hotel sola. Llevaba hijab. Salía a dar una vuelta, pero decidía volver pronto para usar el wifi de mi cuarto en vez de pagar por un café internet. Entonces llegaba al lobby un grupo de terroristas judías extremistas (entre ellas la chef y la que vive en Canadá con un basset hound, ambas compañeras casadas del curso) y se ensañaban conmigo por ser descendiente de libaneses. La chef tenía un arco y me apuntaba la flecha entre las piernas, así que me veía obligada a acompañarlas a la terraza del hotel, donde vaciarían tubitos de químicos en el tanque de agua para envenenar a todo el mundo. Decían que me perdonarían la vida, así que me quedaba pensando de dónde sacaría el agua para beber este último día mis vacaciones. Ya en la cima del edificio, tras perpetrar el acto, una de las terroristas (desconocida) se lanzaba a besarme el lunar del pecho. Ya envuelta en este entuerto político-religioso, lo mejor que podía hacer era disfrutar aquel ataque personal.


    2009 - 12.17

    Mi padre, un contacto de Twitter y yo íbamos a la peluquería. La niña (el contacto, a quien nunca he visto en la vida real) iba por un corte de pelo pero le resultaban haciendo el bikini. Mientras esperábamos, yo mencionaba que acababa de comprar una falda corta que me quedaba horrible, y que la falda que tenía puesta en ese momento tampoco me quedaba muy bien que digamos. Decía que solo tenía una falda que me quedaba bien, pensando en una muy vieja de jean que tengo en la vida real. Me daba un poco de pena ajena por la niña, pues su intención original no era la depilación, pero de alguna manera el peluquero (cuyo negocio quedaba en su propia habitación) se había dado cuenta de que le hacía falta y se lo hacía. Yo planeaba devolver la falda al otro día porque sí que era fea.

    De repente mi familia y yo estábamos de viaje en bus por Vietnam. Nos deteníamos en un parque de diversiones donde yo ya había estado en 2008 (cosa que en realidad nunca ocurrió) y nos montábamos en unas atracciones un tanto peligrosas, pues no tenían cinturón de seguridad. Eran gigantescas y todas hechas de troncos como los parques para niños en Bogotá. Yo intentaba recordar el nombre de este lugar, que no era ni Da Nang ni Nha Trang, pero no lo lograba. Mientras montábamos en el inmenso aparato aquel la cámara (la S2) salía volando y casi perecía, pero mi hermana y yo nos aferrábamos a ella desesperadamente. Al final yo sufría una caída un tanto aparatosa a cuenta de la salvación de la cámara.

    Al caer la tarde yo peleaba con mi papá porque había escogido la manera más aburrida de salir del parque, en unas sillitas colgantes como las del Parque del Café, y había forzado a mi mamá y mi hermana a montarse ahí. Yo le decía que yo saldría por donde quisiera y me iba a un pasillo gelatinoso donde aparecía una versión chiviada de Daria. Entonces me daba cuenta de que esa y las otras salidas aparte de la de mi padre eran peligrosas y yo resultaba recorriendo un camino larguísimo, al parecer sobre el filo de las cercas de todos los edificios hasta la casa. Durante el trayecto veía casas dedicadas enteramente a películas de dibujitos animados: había una de Bob Esponja, una de La noche de las narices frías y una de Oliver y su pandilla. En el proceso yo dejaba de ser yo y resultaba ser una adolescente japonesa embarazada. El resto del sueño transcurrió en inglés y japonés, y yo estaba quejándome con mi mamá (que no era mi mamá porque yo no era yo) por no encontrar la ropa de maternidad que necesitaba. Tenía una pinta horrible de leggings grises, una blusa larga verde pasto con una blusita debajo y una media tobillera amarillo limón, cuyo par no encontraba. Mi mamá me decía que no me preocupara, que “it’s normal to have a little miscarriage” en esta etapa. Al final miraba una foto donde salía yo (la japonesa) con el padre del niño, y me daba cuenta de que él no era ningún jovencito: sus facciones lo delataban como casi cuarentón, y tenía un mohawk corto como Mario Baracus. En la foto no sonreía.