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    2010 - 11.09

    Estaba en el campo con mi mamá, tal vez en Anolaima. Ella me regalaba una especie de ringlete con el que me divertía un montón mientras tomábamos fotos. Después íbamos a recoger naranjas.

    De repente estaba en Bogotá. Iba a un supermercado y compraba un pack de diez jugos Piti. En la caja me quitaban uno pero no me decían nada ni me devolvían la plata. Así, sin más, rompían el plástico, sacaban un jugo y me entregaban el paquete deshecho. Yo me quejaba y el administrador me trataba mal. Por un momento contemplaba la posibilidad de robarme el jugo que me habían robado (el de pera) pero desistía. La cajera me decía en secreto que el administrador era así de deshonesto y el engaño de los jugos venía pasando sistemáticamente gracias a la estantería defectuosa en la que estaban dispuestos. Intentaba explicarme otro poco sobre el funcionamiento irregular del supermercado pero no la podía oír bien porque se había alejado de las cajas. Me acercaba a ella y de pronto se la llevaban para demostrar una plancha de pelo en su cabeza. La rodeaban las cámaras mientras le halaban el pelo y se lo planchaban. Yo iba a una caja diferente e intentaba devolver el paquete y que me devolvieran la plata. Me respondían de mala manera que no. Explicaba que yo acababa de volver de Japón y en Japón se podían devolver las cosas en los supermercados. Me decían que en Colombia era distinto, amenazaban con llamar al administrador y me tocaba quedarme sin mi jugo y sin mi plata. Maldecía mi regreso.

    Visitaba a una tía abuela que en realidad no tengo. Estábamos montadas en un tren, en un vagón sin carrocería y cubierto de grama, y veíamos pasar casas gigantescas, unas derruidas y otras muy bonitas. La tía se recostaba contra mí. Nos cruzábamos con otro tren. El maquinista era un tipo de ojos azules muy bonito, gringo. Me preguntaba mi nombre. Conversábamos un poco. De repente estábamos en una de las casas derruidas el maquinista, otra gente y yo. Había otro extranjero posando para unas fotos. Los espacios de las ruinas eran hermosísimos, cubiertos de gravilla y con mucha luz interesante como para tomar fotos.