Se puede dibujar más

El año pasado estuvo particularmente escaso de dibujos. Tampoco toqué casi mi ukulele. Quisiera poder argüir que es difícil mantener múltiples hobbies, pero la verdad es que ya sabemos a qué basurero tiré mi tiempo, como si me sobrara. Pues bien, hoy tuve un pequeño (e infausto) chispazo sobre lo que ha venido sucediendo y a lo que me he de enfrentar de ahora en adelante.

Conforme a mi manifiesto sobre la persona que quiero ser este año, esta mañana cogí mi iPad —el mismo que me demoré tanto en estrenar y que aún ahora sigue casi nuevecito— y abrí Procreate. Consciente de que no quería ser ambiciosa para no desanimarme, dibujé un perrito. Salió bastante rápido, y se veía más o menos bien. Aquí viene entonces lo triste: habiendo terminado, me quedé un poco sin saber qué hacer. Tardé unos instantes en darme cuenta de que, si después de terminar un dibujo aún queda tiempo libre, lo lógico es hacer otro dibujo. Y luego otro. Y otro.

Pero dibujar —y seguramente practicar el ukulele también— se había convertido para mí en un mero paréntesis, una breve pausa de la que regresar cuanto antes para retomar el crucial acto de regalarle el tiempo (¡la vida!) a una pantalla. Era como si yo no entendiera el concepto del tiempo libre en función de algo que no fuera la absorción pasiva de información, o cosas que se hacen pasar por información. Fue una revelación que me acongojó mucho.

Hoy estuve sentada cerca de alguien que se pasó todo un almuerzo familiar absorto en su celular. Su pulgar inquieto pescaba y prontamente descartaba retazos de otros mundos más vibrantes, mientras a su alrededor se desenrollaba lentamente el hilo de una conversación larga. ¿Cómo puede haber llegado a incomodarnos tanto el momento presente? ¿Qué es la vida si no eso? ¿Qué recordaremos haber hecho cuando, años después, emerjamos de ese coma autoinducido?

No puedo ser eso que vi. No puedo ser eso. Me niego rotundamente a ser eso.

0 Responses to “Se puede dibujar más”


  • No Comments

Leave a Reply