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    2015 - 01.21

    Estaba paseando con mi abuela cuando llegábamos a un parque que tenía un centro de interpretación donde podíamos ir al baño. De repente, al entrar, eso ya no era ningún parque sino un refugio (tal vez) en una zona de guerra en el África. Yo entraba al baño pero me tocaba huir porque se me aparecía un guerrillero africano, me apuntaba con una AK-47 y me decía “the teacher says good day to you” (como en la primera escena de The Interpreter). Yo corría y corría, y en el camino veía cómo levantaban gente en grúa para ahorcarla. Todos eran extranjeros, y estaban desnudos. Podía oírlos asfixiarse. En la calle había más extranjeros amarrados, muertos o agonizando, retorciéndose. Yo corría y los esquivaba. Al final de una calle encontraba un grupo de coreanos amarrados que aún estaban vivos y vestidos. Los soltaba y me agradecían mucho. Incluso me regalaban algo bordado con mi nombre y un mensaje de agradecimiento. Yo intentaba llegar al aeropuerto corriendo pero me perdía y apenas podía seguir hordas de niños que rompían cadenas para no quedar atrapados en callejones sin salida. Así terminaba yo en un centro de rehabilitación para niños víctimas de la guerra en vez de lograr huir del país. La guerrilla africana que se había tomado la región tenía ayudantes de las Farc. Uno de ellos pasaba sonriente en el centro de rehabilitación. Allí yo trabajaba como intérprete. Tratábamos de entrevistar a una niña que había quedado con el cerebro expuesto al aire. Ella lloraba e intentaba tocar una guitarra de juguete desafinada. Las otras extranjeras que querían entrevistarla insistían, pero a mí me parecía que no había que forzarla. Tenía partes de la piel aclaradas, como en una especie de vitiligo. Me forcé a despertarme apenas pude.


    2015 - 01.09
    1. Mi familia y yo estábamos de visita en Alemania. Mis papás iban a alquilar un apartamento por unos meses. Mi hermana hablaba en una oficina de bienes raíces del gobierno para ver nuestras opciones. Hablaba alemán perfecto. Yo no sabía por qué íbamos a alquilar un apartamento si solo estábamos de paso. Tenía muchas ganas de salir a pasear por la ciudad. El día estaba soleado.
    2. Estaba en un portal de Transmilenio en el sur. Pedía una tarjeta TuLlave y me la daban gratis pero sin mi nombre. Me pedían que preguntara algo sobre la tarjeta en otra ventanilla, pero la fila era demasiado larga y yo optaba por ignorar eso y simplemente irme a mi casa. Descubría que la tarjeta tenía saldo y hacía la fila para el bus. Ya sentada, el tipo que estaba al lado mío (un oficial del ejército) empezaba a abrazarme y yo trataba de quitármelo de encima. El tipo insistía. Finalmente yo me cambiaba de puesto al de más adelante, al lado de un niño, y empezaba a gritar “¡yo no conozco a este tipo y me está tocando!”.


    2015 - 01.08

    Me perseguía una bolsa de compras viviente que cantaba villancicos insoportables. Era como si me fuera a tragar. Me desperté ahogada con mi propia saliva.


    2014 - 07.03

    Iba en un avión para Japón cuando me daba cuenta de que había olvidado pedir la visa. Me preguntaba si de pronto me dejarían entrar con una visa de Estados Unidos. Me angustiaba mucho la idea de perder tanta plata en el viaje fallido.


    2014 - 05.31

    Estaba en la casa del biólogo. Le daba un beso, cosa que lo sorprendía. Me iba para mi casa. Bogotá tenía metro. Alguien me llevaba en carro a la estación. Había un accidente: una grúa gigante que cargaba un cohete igualito al de Tsukuba quedaba a punto de descolgarse por las escaleras de entrada (frente a un Carulla). Yo lograba trepar por una malla hacia un lado para salir de la estación; Lindsay Lohan me ayudaba. De repente el cohete se soltaba de la grúa, aplastaba a unas personas y sus tanques de hidrógeno estallaban. Catástrofe. Empezaba a haber explosiones por todo lado. Había muertos por aquí y por allá. Yo corría hacia el oriente. Rezaba (no entendía por qué si no soy religiosa). Empezaba a hacerse de noche y las calles eran cada vez más empinadas. Pensaba llamar al biólogo a ver si me dejaba volver a su casa porque claramente no podía volver a la mía.


    2014 - 05.24
    1. Mi familia y yo estábamos en Venezuela, en una ciudad de la que todo el mundo ya había escapado menos nosotros y los militares estaban saqueándolo todo. Corríamos el riesgo de perder nuestro equipaje y todas nuestras pertenencias, además de que nos fueran a encarcelar y, quién sabe, tal vez incluso torturar. Teníamos que encontrar la manera de volar de regreso a Colombia. Yo tenía mucho miedo. Me alegró despertarme y saber que todas mis cosas están en orden y que ningún régimen me va a coger.
    2. Estaba en San Francisco con mi tía paterna y algunas personas más. Era el último día. Proponía ir a Sutro Baths, o más bien los iba guiando a todos sin decirles adónde íbamos. Para ir allá tocaba pasar por una cárcel. No recordaba que uno podía pasar por el lado y los hacía entrar. Todos creíamos que íbamos a visitar a mi tío M., que estaba encarcelado, pero no. Me pedían que dejara mi morral en un locker. Los policías eran muy amables. Seguíamos hacia Sutro Baths, que resultaba ser un monasterio muy lindo en la cima de una montaña. Aparecía L.E., compañera del curso, y nos acompañaba en el paseo. Cuando alcanzábamos puntos altos, la vista era espectacular. Me daba cuenta de que había dejado la cámara y el celular en el morral que estaba en el locker.


    2014 - 01.10

    Mis papás y yo íbamos a Villa de Leyva. Teníamos un guía, que era Jesús Cossio. Jesús nos anunciaba que ya era hora de volver a Bogotá, pero mis papás tenían entendido que la partida iba a ser más tarde y se enojaban con él. Yo buscaba un baño desesperadamente por muchas callecitas y negocios. Brillaba un fuerte sol de atardecer. Por fin encontraba uno pero me lo intentaban arrebatar y además su uso costaba 5 pesos. Yo solo tenía monedas de 2 y 7 pesos y de todas maneras no pagaba porque entraba de una. Luego salía corriendo por un camino lleno de sapos. Accidentalmente pisaba algunos, pero no me detenía a mirar cómo habían quedado.


    2013 - 11.27
    1. Iba en taxi no sé con quién más. El taxista se desviaba del camino y nos metía en un barrio horrible y súper inseguro para comer en un chuzo que era como una carpa de feria. Al parecer la comida era riquísima. Estábamos rodeados de vagos vueltos nada. El problema era irnos.
    2. Había una niña MtF que había empezado a menstruar. Yo era una niña cis que sangraba copiosamente.


    2013 - 10.27

    Tenía que ordenar un cuarto u oficina para dejarlo, pero alguien me botaba algunas cosas que quería conservar. Jesús Martín me ayudaba a organizarlo todo muy rápidamente y a recuperar mis cosas. Estas habían caído en manos de unos nazis.

    Visitaba con una amiga (no sé quién) un museo-hospital de torturas nazis. Delante de nosotras llevaban en una camilla a una niña de yeso a la que le iban a quebrar o serrar la mandíbula. Se escuchaban gritos y gemidos desde todas partes.  El recorrido terminaba en un pasillo bloqueado con un biombo. Yo temía que detrás hubiera algo realmente horripilante y no me asomaba, pero mi amiga sí. Creo que solo había camillas apiladas. Salíamos. No sé por qué no tenía miedo pero al salir mencionábamos que yo tenía los puños muy cerrados y mi amiga se estaba agarrando fuerte las faldas de su vestido.


    2013 - 07.01

    Vivía en un edificio que tenía un hueco que atravesaba muchos pisos hasta el garaje. Nadie había arreglado el hueco por pura negligencia, y ahora la putrefacción de las alcantarillas se estaba tomando todo el lugar.

    Mi hermana y yo sobrevivíamos a una inundación. Íbamos en un carro que estaba llenándose de agua casi hasta el techo por una ola que nos había caído encima, pero yo lograba abrir una ventana mientras pegaba la nariz al techo y el agua salía. Luego el carro esquivaba un derrumbe causado por unos vecinos del lugar que le habían pagado a un niño para cerrar la vía para poder destruirla. Mencionaban que no les importaba si alguien pudiera necesitar la carretera. El carro daba unos giros muy violentos y llegábamos a una meta donde podíamos ver todo el paisaje destruido desde el aire (la meta quedaba cuesta abajo pero el punto de vista cambiaba). Resultaba que estábamos en una especie de Need for Speed. Revisaba mi celular y todavía tenía señal a pesar de la catástrofe. Qué buen servicio el de aquel país.