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    2015 - 06.24

    Llegaba a la Universidad de Los Andes a hacer un trabajo de interpretación. Esperaba a que dieran las diez para entrar al auditorio, pero de repente eran ya las tres. Me helaba del pánico de haber perdido el trabajo. Pero de repente, todavía estaba a tiempo. Subía escaleras buscando la cabina de interpretación hasta que por fin alguien me señalaba dónde quedaba. Era un cuarto amplio con una mesa tirada por ahí con un micrófono. Sin técnico de sonido, no tenía manera de saber cómo funcionaba eso. Aparecía gente a mi alrededor haciendo ruido. Yo intentaba ponerle mute al micrófono para pedirles que se callaran pero no lo lograba, así que toda la audiencia me oía insultarlos. Para colmo, intentaba interpretar pero solo lograba repetir lo que el orador estaba diciendo.


    2013 - 01.12

    Estaba en una fiesta (tal vez mi cumpleaños) en la casa de mi tía y aparecía la señora con la que trabajé hace años. Ella estaba toda sonriente pero yo le respondía súper seria, tal vez incluso de manera agresiva. La gente me preguntaba por qué le había permitido entrar ahí si ella me había tratado tan mal y yo explicaba que de todas maneras no estaba siendo amable con ella. Aparecía entonces Marcela, mi ex compañera de Los Andes, contenta de verme. Yo pensaba que ya había llegado la hora de llevarnos bien de nuevo y la abrazaba y le decía que lamentaba mucho lo de su padre pero que no había podido decírselo. La gente seguía opinando que la señora del trabajo no tenía por qué estar ahí.


    2011 - 01.09

    Mi mamá y una compañera de clase de japonés de Los Andes venían a visitarme en Tsukuba. Era tarde en la noche y la compañera tenía hambre, pero todo había cerrado a las ocho, así que yo solo atinaba a decirle que fuera a comer a McDonald’s. Me arrepentía y sugería uno de esos restaurantes japoneses de centro comercial que no suelen ser nada llamativos, pero la idea no calaba. Al fin íbamos a comer Masayasu, mi mamá, ella y yo, pero en mitad de la comida la que estaba sentada frente a mí ya no era mi mamá sino Nellie McKay. Nos poníamos a cantar a dúo “If I Had You”. Yo estaba emocionadísima y casi llorando, y quería decirle que había sido por ella que yo había empezado a tocar el ukulele.

    De pronto estaba quién sabe en dónde en Estados Unidos, en un coro dirigido por el Padre Francis. Todo el mundo se sabía la canción menos yo. Aparecía una monja gringa gorda que me quería mucho no sé por qué. Se parecía a mi abuela paterna. Tenía el pelo muy corto, que mojado se veía medio punk. Yo pensaba que algún día me cortaría el pelo así de corto así luego resultara viéndome igualita a mi abuelita. Cantábamos juntas, creo que una de los Beatles. Yo hacía la voz baja (como siempre). Mi mamá aparecía de la nada y me regalaba un montón de marcadores Crayola; yo me sentía como si hubiera regresado a la infancia. Tenían tapas raras y doble punta y había que taparlos porque venían destapados. Sostenía en la mano uno verde biche: era casi igual a los marcadores Prismacolor que me compré con mis ahorros cuando tenía 8 años.


    2010 - 11.06

    Volvía a Naoshima, aunque no se parecía en nada a Naoshima. Había línea férrea en la isla. Yo tenía que encontrarme con alguien (no recuerdo quién), y tomaba el tren. Recordaba haber tomado el ferry y estaba sosteniendo el tiquete de este trayecto. Me pasaba de estación. Estaba rodeada de ancianos. Decidía bajarme donde todo el resto lo hacía. Resultaba colada en una visita a una fábrica. Intentaba salirme de la fábrica sigilosamente pero de repente una señora con pinta de secretaria de la universidad (señora mayor amable) llamaba mi nombre. Yo estaba subiendo unas escaleras pero me sentía cada vez más débil. Quería ignorar a la señora pero ella me veía desde los escalones superiores y me preguntaba por qué no respondía si me necesitaban urgentemente. Alguien me estaba buscando. Era mi mamá. Yo no podía creerlo. ¿Cómo me había localizado? (La lógica del sueño dictaba que ella había trazado la información de mis tiquetes de viaje comprados hasta ahora.) ¿Por qué no me había llamado al celular? Ahora ella estaba abrazándome y llorando de la emoción. Yo quería llorar pero no tenía fuerzas. Le confesaba que estaba muy enferma. La secretaria nos llevaba a una especie de consultorio localizado en lo que parecía ser un centro comercial de barrio. Me traían un montón de comida rica. Solo recuerdo que había gyouza.

    Aparecía M., la ex amiga que me odia. Había estado intentando saludarme pero yo la había ignorado en medio del ajetreo de mi mamá y la convalescencia y la confusión resultante. Me sonreía ampliamente y me preguntaba por qué no la reconocía. Yo le decía que estaba enferma y le preguntaba a otra señora japonesa por qué había aparecido esta niña, cómo había llegado hasta acá. No podía explicarme en absoluto su cambio de actitud para conmigo. Entonces ella me decía que todos estábamos muertos y por eso nos estábamos encontrando. Me costaba creerlo.

    De repente me encontraba intentando subir otra escalera pero dentro de una casa en la misma Naoshima. Alguien iba a bajar, un japonés de unos sesenta años, y yo estaba bloqueando el paso porque de la debilidad no podía avanzar y me costaba retroceder.


    2010 - 10.26

    Estábamos mi hermana y yo en un supermercado donde vendían una especie de ahuyama gigante llamada “gen” (ゲン). Yo me preguntaba qué significaría “gen”, si “gan” es cáncer.

    Existía un tren especial cuya velocidad provenía de un avión F-14 (que más parecía un X-Wing) conectado a uno de los vagones. Mi hermana y yo nos montábamos en el avión y el piloto nos explicaba cosas mientras nos llevaba. De pronto estábamos recorriendo Ginebra en el avión. El piloto nos explicaba que ahí quedaba un museo de un inventor importante. Era un lugar muy colorido. Yo tenía puesto un collar azul que imitaba las letras del nombre del inventor que estaban grabadas en una torre de agua del museo. A mi hermana le parecía espectacular. A la entrada del museo había un problema con el precio de la boleta. Me hablaban en francés pero a mí solo me salía el japonés. Mi hermana hablaba alemán fluido aunque con pronunciación chistosa.

    En el museo nos encontrábamos a una antigua compañera de Los Andes que me detesta. Nos saludábamos y teníamos una conversación bastante aburrida con sonrisas forzadas, pero finalmente a mí me daba por hacer algún chiste mordaz y ella se ofendía. Mi hermana me decía que yo me había burlado demasiado y ahora ser amable no resolvería nada. Así pues, volvíamos a ignorarnos mutuamente como de costumbre.

    Llegábamos a otra sección del museo. Aparecía Cavorite. Estaba contento de verme, me daba besos y me llevaba de la mano. De pronto estaban ahí mi tío Ju. y mi prima y nos recogían en su carro. Yo todavía quería seguir recorriendo el museo.


    2010 - 05.10

    Estaba parada en la cancha de basketball que queda camino a Música en Los Andes. Veía cómo los edificios de las facultades cambiaban, los renovaban, los modernizaban. Recordaba dónde quedaba el Y. Decía que me gustaban mucho las instalaciones de la universidad.


    2009 - 10.12

    Volvía a Los Andes.

    Estaba en un recinto de paredes grises donde escuchaba a la gente hablar de sus proyectos de tesis. De pronto una profesora se me acercaba y me preguntaba que al fin qué pasaba con la mía. Le pedía que me escuchara, le decía que ellos nunca me habían escuchado mientras fui estudiante de allá, que al menos ahora por fin me estaban tomando como miembro del departamento. Le contaba que me había ido en 2006, que todo este tiempo había estado en Japón pero había regresado a terminar. Me preguntaba qué quería hacer y le decía que no estaba segura, aunque tenía un deseo que no me atrevía a manifestar. Mientras hablábamos notaba que la hoja donde alguien había escrito su propuesta de tesis tenía un dibujo a lápiz de Saturno. En la conversación salían a relucir diversos proyectos en los que yo había tomado parte pero que no tenían absolutamente nada que ver con mi carrera y que yo trataba como si no tuvieran la menor importancia para mí.

    La profesora se reunía con otros miembros de planta y discutían a ver si me dejaban continuar en la universidad después de todo este tiempo. El veredicto de ellos era que la literatura no era lo mío, que debería dedicarme a otra cosa, que me la había pasado haciendo cosas no relacionadas con el área de estudio, que ni siquiera había sido capaz de decir sobre qué quiero hacer mi tesis. Entonces yo explotaba y les gritaba “¡¡¡QUIERO ESCRIBIR UNA NOVELA!!!”

    Se reían de mí y preguntaban sobre qué.

    —¡No lo sé! ¡Eso explota en el camino! ¿Nunca han escrito? ¡Podré no saber de literatura pero sé que quiero escribir!

    Me ponían a prueba, dándome un plazo para escribir una frase que los conmoviera. Yo asumía el reto, convencida de que lo superaría.


    2009 - 05.24

    Anoche soñé que regresaba a Colombia a terminar mi carrera en Los Andes. Tenía un novio nuevo llamado Luis Ernesto, quien era igualito a Penn Badgley, el de Gossip Girl. Hasta se vestía igual. Su familia tenía una panadería donde ponían boleros, pero él no quería llevarme a conocerla. De resto, el señor me acompañaba a todas partes y era buena gente, pero yo solía confundirme y llamarlo José en vez de Luis, y no estaba tan segura de que su segundo nombre fuera Ernesto.

    Cuando llegaba a Los Andes me encontraba con algunas niñas de mi promoción del colegio. Una de ellas reparaba en mi novio y comentaba que al menos a mí sí se me habían declarado, que el niño con el que ella salía hacía tres años no había dicho nada aún. A otra le comentaba que antes de irme de Colombia había tomado una materia llamada Pornografía.


    2008 - 11.20

    Soñé que iba a Los Andes con un amigo y aparecía su ex novia a tratar de abrazarlo y darle besos, lo cual él rechazaba. Al intervenir yo en el asunto, ella sospechaba que nosotros teníamos algo y se ponía furiosa. Nosotros seguíamos caminando, convencidos de que la vieja estaba loca. Entonces le decía que en un mundo paralelo donde fuéramos hippies él y yo seríamos novios… declaración que degeneró en tórrido romance en un salón abandonado de la universidad.