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    2017 - 02.05

    Estaba frente a un tablero con mis ex compañeras de curso. Hacían un concurso en el que uno tenía un minuto para llenar una lista con diferentes categorías. Cuando me llegaba el turno, JH decidía que yo llenaría mi lista en japonés. Me parecía un poco injusto pero igual intentaba. La primera categoría era “uf”, o sea que yo debía escribir “uf” en japonés. Escribía 「ウフ」 pero la tiza escribía feísimo y el borrador borraba peor, así que se me iba mucho tiempo escribiendo y borrando, escribiendo y borrando. Otra categoría era “una entidad”: escribía 日本放送局 (NHK) y todas quedaban maravilladas. La última categoría tenía algo que ver con antropofagia. Yo no sabía cómo decir “antropofagia” en japonés y simplemente lo escribía en katakana. (Efectivamente, el término アントロポファジー también es aceptado, según acabo de verificar.) El resto de cosas también las escribía en katakana, pero no recuerdo qué eran.

    Después había un desayuno en otro sitio. Yo iba y comía un montón de melón y papaya con yogur. Era un tarrado de yogur con pedazos grandotes de fruta. Mientras tanto, nos enterábamos de que VS acababa de irse a San Francisco a vivir de ilegal.

    Estaba en un monasterio lleno de hiedras. Caía la tarde y la luz era hermosa. Estaba con Himura y un amigo de él. No nos llevábamos bien, pero ahí estábamos. Él quería demostrar que tomaba mejores fotos que yo. Yo intentaba tomar fotos con mi celular pero siempre me daba cuenta de que acababa de tomar las fotos con un celular más viejo (peor cámara) o un celular ajeno (mejor cámara pero no me podría quedar con las fotos). La luz bonita, como en cualquier tarde, no duraba para siempre, y pronto se hacía más difícil tomar fotos fantásticas. Hablaba con Himura y le decía que nunca lo había conocido realmente. Él estaba de acuerdo.


    2016 - 02.08

    Mis socios y otras personas que venían a trabajar con nosotros hablaban francés y yo no. Habían traído pastelitos, algunos rellenos de mora. Yo me comía un montón.

    Alguien me pedía una cotización para una traducción, confundía las cifras que yo le daba y me decía que no tenía el presupuesto para cubrir eso. Yo tenía que escribirle que en realidad el trabajo era mucho más barato que el límite de su presupuesto.


    2016 - 02.01

    Cavorite y yo estábamos en Japón, en una tienda de kamaboko o cosas así precocidas. Iba a pedir un chīkama (kamaboko de queso) cuando sonó el despertador. Recuerdo el esfuerzo mental para construir la frase.


    2015 - 08.11

    Estaba en Tokio, a la entrada de una exhibición de Uniqlo. No me decidía a entrar. Entonces pensaba “yo ya he vivido acá”, y mi inseguridad se disipaba. Había ropa chévere en la muestra. Miraba por una ventana y veía el típico paisaje tokiota con paredes grises y pendones de colores. Era emocionante. Quería aprovechar el tiempo y, en cierto modo, lamentaba no vivir más en la ciudad. Miraba el reloj (tenía uno de pulsera). Eran las 3:15.

    (Volví a dormir.)

    Estaba de nuevo en Tokio, pero con mi papá. Estaba terquísimo y no me dejaba guiarlo. Le decía que no había atajos en la ciudad y tendríamos que tomar trenes llenos, pero él insistía en darle la vuelta a la estación para buscar un tren vacío. Luego compraba una pizza y la botaba porque estaba horrible. Yo le decía que obviamente iba a ser así porque la pizza en Japón siempre es fea y él debería hacerme caso a la hora de elegir comida. Llegábamos a un apartamento de unos desconocidos. Mi papá se emborrachaba y me decía que nos fuéramos pero yo me rehusaba a irme. Le contaba al dueño del apartamento (en japonés) que yo había vivido en Japón hacía años, que antes podía hablar en japonés bien pero ya no. Me costaba mucho trabajo decir esas frases. Me iba a dormir. Mi cuarto quedaba en el baño.


    2015 - 06.25

    Había una casa de juegos abandonada, medio oscura y un poco tenebrosa, que yo recorría con alguien. Pero creo que se hacía énfasis en que no era nada de terror. Igual me llamaba la atención todo lo viejo, como de los años 20, ahí decrépito pero aún funcionando.

    En otro momento, estaba en una piscina con la hija de j. Le estaba enseñando a flotar pero ella siempre se hundía. Sin embargo, nunca se ahogaba; solo terminaba caminando en el fondo del agua hasta que yo la sacaba y nos reíamos. Se la entregaba a j. Él me daba un beso.

    De repente estaba en Japón, con Azuma. Estábamos comiendo bento, pero el mío tenía todo envuelto en plástico y era muy incómodo desenvolver el arroz y lo demás. Pensaba que había olvidado avisarles a Hazuki y Arisu que estaba acá, pero aún tenía un poquito de tiempo para verlas.

    Salíamos a una calle y encontrábamos a un señor paseando perritos. Esto ya no era Japón. Algunos de los perritos tenían una enfermedad que los hacía ver abultados como un brócoli. Uno de ellos también estaba perdiendo el pelaje. Les trataba de tomar fotos con el celular pero por alguna razón se me dificultaba.

    Entraba a un recinto oscuro con unos familiares y seguía tratando de tomar fotos. Al revisarlas, me daba cuenta de que había pasado por la cama de mis abuelos maternos y ahí estaban. Me devolvía para saludarlos, primero a mi abuela y luego a mi abuelo. Mi abuelo me contaba que estaba muy bien, muy cómodo, que tomaba té tres veces al día. Estaba sonriente.

    Me desperté preguntándome en qué andaría mi abuelo. Luego me acordé de que está muerto.


    2015 - 04.17

    Me invitaban a una fiesta donde también estaba una ex jefa que me había tratado mal. Ella hacía hasta lo imposible para no sentarse al lado mío. A algunos conocidos les hacía gracia su incomodidad. Me pasaban pasabocas y yo me encartaba con el plato. Trataba de sacar mariscos del plato con una especie de papadum. Me preguntaba si debía ser amable con ella o decirle que era la peor persona del mundo. Aparecía una compañera del curso vestida con el uniforme del colegio. Le preguntaba qué hacía vestida así si ya estaba casada y con hijos. Hablaba del origen de los colores del saco antiguo (café por la cruz de Cristo, decía). Yo le decía, ¿y entonces de dónde sale el anaranjado tan horrible de la falda? Ella se iba, furiosa.

    De repente ya no estábamos en la fiesta sino que nos estaban empujando a toda velocidad (¿en una silla de ruedas? ¿en un coche? ¿en un carrito de supermercado?) hasta un sitio que yo identificaba como La Fontana. Era una clínica con un jardín central enorme rodeado de muchas pastelerías con comensales viejitos. Yo mencionaba que me encantaban las pastelerías de anciano con nombres tales como “La Vieja Viena” y los pastelitos llenos de frutas. Aclaraba que en realidad no comía casi postres. Me encontraba a mi mamá llorando sobre el mostrador de un almacén porque la estaban tratando de estafar en la venta de una garrafa de algo. El vendedor me informaba el precio que le estaban dando.


    2015 - 03.01

    Llegaba a San Francisco pero me daba cuenta de que en el afán de la salida había olvidado mis dólares y mis gafas. Solo tenía por casualidad un billete de cien dólares que iba a usar en la compra de un paquete de Doritos de pimentón (en la caja me daba cuenta de que había dejado la plata). Luego iba a ver una obra de teatro antes de que Cavorite me recogiera en el aeropuerto. Las sillas eran colgantes y se desplazaban a lo largo de la obra. Uno de los actores era el malo de George of the Jungle. Yo veía borroso y lamentaba la falta de mis gafas y de mis gotas para la resequedad ocular. Después sonaba “Wallflower” de Priscilla Ahn como tema de campaña de un tratamiento para la timidez.


    2014 - 07.27

    Estaba en Inglaterra con un hombre británico. Yo fingía un acento británico por chistosear hasta que decidía ser yo misma y hablar con mi acento gringo (o lo que sea que es el mío). El acento británico me salía sorprendentemente bien. Estábamos en una carpa que era una feria de artesanías donde vendían jabones en racimos. Yo quería uno pero no estaba segura de comprarlo. El británico me compraba aceitunas y me cogía la mano dentro del bolsillo de su chaqueta. Creo que iba a hacer alguna movida pero se ponía tímido.


    2014 - 07.26

    Estaba en una estación de tren. Compraba un tiquete para irme con otras personas pero estallaba la guerra y no alcanzaban a darme las vueltas. Solo me daban unas galletas con mi pasaje. En medio del caos se abría la caja registradora y yo cogía mis vueltas y me iba.


    2014 - 06.17

    Iba a un concierto de Franz Ferdinand. Alex Kapranos nos repartía paletas a todos los asistentes (que no éramos muchos). La mía era de mora. La banda dejaba a otras personas tocando por un rato mientras se iban a un break.