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    2015 - 03.22

    Cavorite y yo nos íbamos a casar, pero él nada que aparecía. Estábamos todos (familia, amigos lejanos) en un bus rumbo a Cali, pero no había noticia de Cavorite. Yo empezaba a hacerme a la idea de que ya no me iba a casar, cosa que me hacía sentir bastante cómoda. De repente, recordaba que había olvidado invitar a mis mejores amigas del colegio. Razón de más para cancelar la boda. Sin embargo, Cavorite aparecía de repente y ya tocaba ahora sí casarse. Yo pensaba que no le había dado mayor importancia a mi último día de soltera, y ahora iba a ser casada, y no sabía cómo sentirme al respecto. Tenía pereza de casarme. Además, el sitio donde iba a ser la ceremonia no me gustaba (no me enteraba de dónde iba a ser sino hasta último momento). Era como si todo hubiera sido mal planeado a última hora y yo deseara esperar un poco más y tener un poco más de control sobre todos los preparativos. Sin embargo, sabía que Cavorite no tenía muchas más oportunidades de venir a Colombia, así que si cancelaba la boda sería un paseo hasta acá para nada.


    2015 - 01.09
    1. Mi familia y yo estábamos de visita en Alemania. Mis papás iban a alquilar un apartamento por unos meses. Mi hermana hablaba en una oficina de bienes raíces del gobierno para ver nuestras opciones. Hablaba alemán perfecto. Yo no sabía por qué íbamos a alquilar un apartamento si solo estábamos de paso. Tenía muchas ganas de salir a pasear por la ciudad. El día estaba soleado.
    2. Estaba en un portal de Transmilenio en el sur. Pedía una tarjeta TuLlave y me la daban gratis pero sin mi nombre. Me pedían que preguntara algo sobre la tarjeta en otra ventanilla, pero la fila era demasiado larga y yo optaba por ignorar eso y simplemente irme a mi casa. Descubría que la tarjeta tenía saldo y hacía la fila para el bus. Ya sentada, el tipo que estaba al lado mío (un oficial del ejército) empezaba a abrazarme y yo trataba de quitármelo de encima. El tipo insistía. Finalmente yo me cambiaba de puesto al de más adelante, al lado de un niño, y empezaba a gritar “¡yo no conozco a este tipo y me está tocando!”.


    2014 - 12.26

    Tenía un viaje a Dakota del Sur. Hacía escala no sé en dónde (pero parecía Bogotá) y se me olvidaba que tenía que abordar el siguiente avión. Mi papá aparecía y me ponía a hablar con él y hasta intentaba ver televisión, pero de repente me acordaba y salía corriendo al aeropuerto que estaba ahí no más. De repente estaba metida en un bus antiguo lleno de hippies setenteros y no sabía si estaba yendo al destino correcto. Había una discusión sobre si el pueblo adonde iba el bus quedaba en Huila o en Cauca.


    2013 - 02.05

    Estaba yendo en taxi al colegio pero al llegar a la Avenida Boyacá se devolvía sin razón y volvía a empezar el trayecto. Ir tarde me daba mucha rabia. Además me daba cuenta de que tenía que leer dos libros y no encontraba uno de ellos. Había olvidado entregar unos trabajos sobre esas dos lecturas que por pereza no había hecho. De repente estaba en un edificio en llamas del que escapaba creo que en un bus. En el bus estaba Lady Gaga, a quien un malo (uno de película pero no recuerdo quién) quería torturar y yo debía evitarlo.


    2012 - 09.06

    Volvía a Japón. Me habían dado un año de gracia para hacer todo lo que me faltaba y recoger mis cosas con calma. Estaba feliz y pensaba que esto no era un sueño. Tenía muchos planes para este año. Me disponía a coger un bus en una loma en Kioto, pero necesitaba monedas. Una máquina de cambio me daba monedas viejas colombianas.


    2011 - 10.02

    Recibía una tarjeta de Ovidio. Iba en una van con un contacto de Internet, ella adelante y yo atrás. Le pasaba la tarjeta para que la viera.


    2011 - 07.11

    Estaba en un paseo en bus en Japón, creo que con las niñas del curso. Parábamos en un minimercado. Me pasaba el tiempo buscando bizcochos de sal, pero solo había senbei. Quería conformarme con uno de kinako, pero solo aparecían variedades raras que quién sabe si sabían rico y pescado deshidratado. No tenía muchas ganas del segundo.

    De repente estaba en China sola, visitando un templo que poco a poco se iba quedando a oscuras mientras escuchaba una canción recitada de Sandro. Luego sonaba una canción de pop que decía “I want a one-night stand”. Iba a tomar una foto pero me daba cuenta de que llevaba la cámara vieja y no podía. Pensaba que no sabía dónde tenía el tiquete del bus que debía tomar para ir al aeropuerto y volar de regreso a Japón.


    2011 - 04.21

    Azuma, Yin y yo estábamos en Nara o Kioto y queríamos regresar a Kanto. Por equivocación tomábamos un tren lentísimo y tratábamos de adivinar dónde podríamos cambiar a uno expreso. Nos guiábamos por la cantidad de trabajadores que se bajaban para elegir nuestra estación de cambio. Era un pueblo muy oscuro que se me parecía a Tsukuba; mencionaba esto y se reían. Perdíamos un tren de la línea Tokaido (raya anaranjada en el medio) porque no sabíamos cuál era la tarifa a pagar. Aparecía uno de raya amarilla (línea Chuo local) y yo les decía que nos subiéramos sin pagar y ajustáramos el precio a la salida. En el tren aparecía un funcionario pidiéndome mi tiquete y yo le explicaba la situación. No estaba muy convencido. Nos bajábamos en la siguiente estación para evadirlo. Azuma y Yin lograban burlar de alguna manera las portezuelas de entrada, pero cuando tapaban los sensores con una billetera para que yo pudiera pasar, yo me atascaba allí. Me parecía increíble, si no me sentía tan gorda, pero encontraba una baranda muy baja al lado de las puertas y la saltaba. Ahora estábamos contra una pared entre muchos trabajadores alrededor. Llegaba un tren todo amarillo, como un bus escolar de Estados Unidos; nos montábamos y encontrábamos sitio donde sentarnos. Yo sabía que ya estábamos en uno expreso porque había niñas de mi curso en él. Probablemente vienen de Kioto/Nara como nosotros, pensaba. A bordo del tren se podía ver cortos de películas. Estaban dando el de Inception, pero era diferente de la película real: se trataba de un grupo de personas que podían convertirse en dibujos o materiales de dibujo. Johnny Depp se convertía en tinta china verde.


    2011 - 01.31

    Estaba en Bogotá. Una manicurista me veía las uñas de la mano derecha y, arguyendo que estaban impresentables, me las cortaba al pegue con unas tijeras grandísimas. Solo después se enteraba de que yo tocaba ukulele y sin uñas ya no podría. Yo estaba acongojada porque esta era mi última semana en Japón y no podría tocar en estos días tan importantes. Entonces resultaba montada en un Transmilenio bajando por la 80 y me preguntaba por qué rayos estaba desperdiciando mis últimos días en Japón pasándolos en Bogotá.


    2011 - 01.10

    Me estaba quedando en un hotel lujosísimo en Estados Unidos. Edward Herrmann me invitaba a dar un paseo con él en The Hamptons. Yo había dejado mi maleta lista y me había ido a dar vueltas o algo así, y llegaba al hotel cuando el bus nos estaba esperando. En el ascensor me preguntaban de qué compañía era el bus, yo decía “Willer”. El bus era igualito a uno de los que abordé en el paseo a Nara hace poco (en efecto, de la compañía Willer). El conserje me decía que había oído algo sobre el arribo del bus. Edward Herrmann (con el vestido y la actitud de Richard Gilmore) me decía que no había tiempo de alistar nada más y deberíamos abordar el bus. Yo no me había bañado, así que estaba un poco incómoda, pero el viaje duraba apenas una hora. Entonces me daba cuenta de que nuestro bus Willer no era un yakou basu sino un Hampton Jitney.

    Ya en The Hamptons nos enterábamos de que los paramilitares se habían tomado la zona y estaban expropiando las fincas de todos. Carlos Castaño comandaba el ataque y me decía que tenía tiempo de llamar a mi familia y avisarles para que huyeran, porque al que encontraran lo matarían. Sin embargo, yo no tenía el teléfono de nadie. Había una gran procesión de gente detrás de los paramilitares, impotentes viendo cómo poco a poco iban diciendo “esto es nuestro” en cada finca donde entraban. Yo reconocía parajes, pensaba que la última vez que había recorrido estos caminos tenía 13 años, me ponía a llorar. Temía que los paramilitares fueran a encontrar a mi tío y a mi prima, a quienes no había podido avisarles que todo lo iban a perder. Pensaba también que no tenía sentido ser dueño de tierras. ¿Para qué? Quería desentenderme de esto tan pronto como fuera posible, pero pensaba en la casa que había construido mi abuelo. De repente estábamos en un lugar cerrado, como si esta fuera una representación y en vez de recorrer trochas recorriéramos pasillos. Unos curas aparecían y cerraban con cortinas negras la entrada a un pasadizo. Entonces todos sabían que los paramilitares, que estaban más allá del pasadizo que no podíamos atravesar, se habían aburrido de solo expropiar y habían empezado a matar. Todo el mundo huía. Yo podía ver a Edward Herrmann y él a mí, pero no podíamos reunirnos entre la turba.

    De repente aparecía Mel Brooks como rabino y nos avisaba que la única esperanza recaía en mí: había que circuncidarme. Yo me excusaba por no haberme depilado en mucho tiempo. Estaba dispuesta a hacer el sacrificio pero tenía mucho miedo. Encontraban mi clítoris, que era grande y plateado, y a todos les parecía hermoso. Estaban a punto de pinchármelo con un tenedor hasta que Mel Brooks sacaba un escalpelo. Yo les pedía que por favor no lo fueran a cortar de verdad. Al fin y al cabo, esta era una representación. Entonces me rozaban apenas con la punta roma de algo, tal vez el mismo escalpelo, y celebraban.