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    2012 - 08.12

    Estaba en un supermercado en Tsukuba. Lo habían ampliado, entonces yo no sabía dónde encontrar nada. Vendían coral cerebro para las ensaladas. Pensaba en comprar algas raras pero en realidad lo que quería era sushi, y nada que lo encontraba. Se me aparecía C., el otro becario, que estaba canoso y quemado por el sol. Se veía feísimo. Yo era amable con él porque tocaba. Me preguntaba si iba a estar en Japón a finales de julio, pero yo le decía que me iría para celebrar mi cumpleaños en Colombia. Seguía en las compras. Encontraba una sección de galguerías pero nada de sushi ni pescados ni nada. Me daban a probar unos nachos deliciosos con limón y a mí se me daba por hacer tacos. Me volcaba a comprar nachos de todo tipo, queso, y pensaba que necesitaba lechuga y crema agria. En la sección de los nachos había un karaoke y me invitaban a cantar. Solo había rancheras. Iba a cantar “Gaviota”, la canción de Café con aroma de mujer, pero me desperté antes de poder hacerlo.


    2012 - 06.25

    Estaba en un mercado en Japón tratando de comprar anguila después de recibir una muy generosa degustación. En una anterior compra me habían dado de cambio un montón de billetes con caracteres rusos. Eran de muy diversos tamaños y colores y algunos parecían fotocopiados. Buscaba billetes normales, pero no tenía. Le decía al señor de la anguila —que también vendía una especie de pincho de arroz, ikra y una salsa cremosa— que me esperara y me iba a sacar plata al cajero. La fila estaba larga y llena de compañeras, creo que de la universidad. Pensaba que no tenía conmigo la tarjeta del banco de la oficina postal, pero sí. Sin embargo, me equivocaba de fila y llegaba a otra caja. Me daba pena devolverme y más bien preguntaba si esos billetes raros me servían. Primero me decían que los coleccionara porque eran bonitos, pero luego decían que sí podía usarlos en los establecimientos de este mercado. Me enteraba (o recordaba) que eran billetes especiales que usaban en Otaru para hacer transacciones con marineros rusos. Decidía gastar un dineral en pescado y demás delicadezas japonesas porque la plata rara sobrante era mucha. Me devolvía a pagar la anguila y comprar todavía más en otra tienda, pero de repente no encontraba los billetes raros. Veía de repente que estaba en la cafetería del primer piso de TUFS y servían anguila todos los días (por tiempo limitado). Pensaba en ir a esa universidad solo a almorzar, pero no sabía si me pedirían el carnet (que obviamente ya no tenía). Me costaba mucho encontrar las palabras para hablar, pero le contaba al señor de la anguila en japonés que mi dinero había desaparecido (「なくなってしまいました」, “nakunatteshimaimashita”). Me angustiaba la falta de mi dinero cuasifalso, pero también me mortificaba la vergüenza de tener que decirle otra vez que me esperara porque tenía que ir al cajero a sacar plata.


    2012 - 06.17

    Estaba en Londres. El día pasaba muy rápido y no me daba cuenta. Querían acomodar a varias niñas del curso en mi cuarto, que con tantas camas parecía como de hospital. Yo aseguraba las más amplia. Pretendía salir pero ya era tarde. El paisaje era hermosísimo. Oía a unas niñas hablar de cómo los negocios cerraban muy tarde, entonces le decía a mi papá que saliéramos a conocer. Hablaban de una tienda de especias. Entraba a una galería de tiendas con mis papás. A mi mamá le llamaba la atención la tienda de especias. Encontrábamos limón salado vietnamita y nos daban una degustación de algo preparado con dicho limón. Exquisito.

    Veía pasar a unos jocks como de Revenge of the Nerds cantando el nombre de una tienda y aplastar a alguien contra la puerta de dicha tienda. El negocio era una especie de tienda escolar con minimercado. Entraba ahí; pensaba que ya estaban cerrando pero el dueño me dejaba comprar algo rápidamente. Mientras buscaba, otras mujeres llegaban también. En un platico de icopor servía couscous, pepinos en rodajas y atún. Las mujeres me decían que cada couscous era diferente y hablaban de festividades raras con términos desconocidos. Yo me hacía la que sabía. El dueño de la tienda me preguntaba cómo me había quedado algo que había comprado con anterioridad en la tienda y reclamaba porque no le había enviado foto. Le decía que lo había preparado para “International Night”. Todo transcurría en inglés. Pensaba en comidas con Cavorite y con Azuma. Buscaba algo ya hecho. Había pollo frito pero al verlo recordaba que tenía muchas cosas sepultadas en escarcha dentro de la nevera y era mejor usarlas en vez de seguir comprando más comida.


    2012 - 04.16

    Estaba en Japón. Yazan, mi amigo de Siria, iba a volver a su país. Me enteraba casualmente, y lo invitaba al Cafe Journal. Él no quería ir allá, pero íbamos con una amiga coreana de él a un restaurante coreano. Yo planeaba tomar mucho umeshu soda pero terminaba tomando jugo de mora con un chorrito de salsa de tomate. De pronto aparecía una manifestación multitudinaria de simpatizantes de Kim Jong-un con gafas hipsters de plástico sin lente. Todos nos separábamos y yo resultaba en una tienda de donas donde uno podía ir mordiendo las donas y hundiéndolas en helados de diferentes sabores. Los helados estaban calientes. Estaba delicioso. Yo pensaba que tenía que volver a Corea. De pronto caía en cuenta de que yo también me iba a ir de Japón al otro día. Una niña de mi curso (NLT) me contaba que no estaban dejando llevar mucha comida en el equipaje, entonces que me olvidara de llevar souvenirs. De todos modos no se me ocurría qué podría llevar, si necesitaba espacio en la maleta. Esta era mi segunda estancia en Japón y yo tenía las maletas más o menos llenas, así que no había mucho más que pudiera meterles. Estaba dispuesta a botar cosas, pero necesitaba bolsas de basura. Pasaba a un supermercado lleno de gente, detenía a un señor que pasaba por ahí y le decía que no tenía nadie más a quién contarle esto, pero que me iba a ir definitivamente de este país y no había alistado nada. Cogía un paquete de bolsas pero alguien me decía que no eran las apropiadas. Me quedaba buscando las bolsas que eran mientras pensaba que hacía un año yo ya había pensado en lo definitivo del adiós y ahora no me importaba tanto aunque este sí era el final. Pensaba que tenía que regresar algún día a Japón o Corea.


    2011 - 07.21

    Ayudaba a alguien a buscar sal en un supermercado japonés. Me angustiaba pensar que no sabía cuándo podría volver a estar allí. Por accidente escogía un paquete de mezcla para tempura y un japonés le señalaba mi error a la otra persona. Seguíamos buscando, yo un poco afanada, y en la sección de mariscos y carnes encontrábamos que estaban filmando una película. Una rubia crespa le decía al actor horroroso que hace de Arthur en el remake que era una serpiente fantasía sexual. El actor tenía unos calzoncillos horribles, una versión aguamarina de los de Sean Connery en Zardoz. Alrededor había patas de cangrejo gigantes. De repente ya no estaba en el almacén sino en un cuarto, creo, y un amigo mexicano me pedía ayuda. Yo lo aconsejaba. Creo que varias personas íbamos a salir a la calle. Entonces me llegaba un mensaje de j. diciendo que, en parte por celos, iba a contestarme una pregunta en Formspring. El asunto iba a que debía dejar de darme tanto palo.


    2011 - 07.20

    Cogía un taxi hacia un bosque, no sé para qué. Cuando llegaba, j. estaba ahí con su esposa. Decidía devolverme y estaba a punto de pedirle al taxista que me llevara otra vez, pero j. se me había adelantado y ya lo había contratado. Les daba la espalda y empezaba a irme sin despedirme, aunque no me movía lo suficientemente rápido. El taxi resultaba ser solo para la esposa y j. se quedaba ahí. No sé qué nos decíamos. Yo estaba furiosa y triste.

    Después estaba con mi hermana en un almacén de ropa y llevábamos puestas chaquetas deportivas (la de ella era lila con rayas moradas) que nos estábamos midiendo y al fin no comprábamos.


    2011 - 07.11

    Estaba en un paseo en bus en Japón, creo que con las niñas del curso. Parábamos en un minimercado. Me pasaba el tiempo buscando bizcochos de sal, pero solo había senbei. Quería conformarme con uno de kinako, pero solo aparecían variedades raras que quién sabe si sabían rico y pescado deshidratado. No tenía muchas ganas del segundo.

    De repente estaba en China sola, visitando un templo que poco a poco se iba quedando a oscuras mientras escuchaba una canción recitada de Sandro. Luego sonaba una canción de pop que decía “I want a one-night stand”. Iba a tomar una foto pero me daba cuenta de que llevaba la cámara vieja y no podía. Pensaba que no sabía dónde tenía el tiquete del bus que debía tomar para ir al aeropuerto y volar de regreso a Japón.


    2011 - 07.09
    1. Caminaba por calles sucias y atestadas de gente en Bogotá con j. Nos montábamos a un bus. El paisaje parecía más de París que de Bogotá. j. se lamentaba de no poder recorrer más esas calles debido a la inseguridad. Yo lo miraba. Tenía el pelo un poco largo y la cara afeitada. Le decía que se veía muy bien.
    2. Mi jefa y yo estábamos en un almacén. Me regañaba. Luego tomaba unas páginas del periódico, las leía y las dejaba caer. Yo corría angustiada a recibirlas antes de que tocaran el piso y las acomodaba de nuevo en su sitio.


    2011 - 06.26

    Estaba en un almacén por departamentos. Mi primo me mostraba un splash con olor a galleta de dulce. Yo me preguntaba si también habría con olor a galleta de chocolate para ver si lo compraba.


    2011 - 04.06

    Era mi último día en Japón y yo tenía que empacar. Estaba en una especie de tienda por departamentos bogotana vieja y mi ropa estaba colgada en ganchos que se parecían a los mostradores del Only o un almacén por el estilo. Pensaba que si había mucho que botar no necesitaría tanto tiempo para empacar. Había muchos ganchos sin ropa dentro de la maleta. Pensaba sacarlos pero después. Había promoción de interiores en la tienda y yo quería comprar varios, pero me quedaba intentando calcular cuánto sería el total y cuántos debería comprar para no gastar demasiado. Creo que estaban a ¥157 cada uno. Baratísimos.

    Estaba cerca de una estación de tren y mi papá hablaba de lo bien que estaba Japón, pero yo le señalaba un letrero que mostraba los lugares donde había apagón en Tsukuba (eran muchos) y le decía que no, que Japón en realidad estaba bastante mal. Ya en la estación, llegaba Minori a acosarme. Yo le pedía que no me tocara. Él decía que me había tocado antes. Mi papá aparecía y nos metíamos en un tren que se cerraba en las narices de Minori. Minori me hacía todo tipo de gestos obscenos. Yo le decía que se muriera pasándome el dedo índice por el cuello.

    En el tren aparecía Utsumi Sensei (profesor de Gaidai) y me hablaba en japonés/inglés/español sobre el pan con alverjas en la tradición japonesa.