{"id":682,"date":"2009-12-12T02:01:00","date_gmt":"2009-12-12T02:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2009\/12\/12\/%e5%88%a5%e3%82%8c%e8%b7%af\/"},"modified":"2012-06-17T09:59:45","modified_gmt":"2012-06-17T14:59:45","slug":"%e5%88%a5%e3%82%8c%e8%b7%af","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2009\/12\/12\/%e5%88%a5%e3%82%8c%e8%b7%af\/","title":{"rendered":"\u5225\u308c\u8def"},"content":{"rendered":"<p>Penduo Long emerge en el paisaje por ah\u00ed una vez al a\u00f1o. En su apretad\u00edsima agenda, rayada con ese trazo desenfrenado que hace de cada nombre un aut\u00f3grafo, reserva una tarde para encontrarse conmigo y rendir blandas cuentas de lo que ha sido nuestra vida en ausencia del otro. Bajo la pulcra seda de nuestro trato cordial se esconde un par de dagas ensangrentadas.<\/p>\n<p>Almorzamos en Roppongi. \u00c9l parece una versi\u00f3n asi\u00e1tica de Don Johnson en Miami Vice y yo llevo los labios brillantes de escarlata bajo la pava de ala infinita. Me pregunta si he engordado y me recuerda aquella \u00fanica vez que pronunci\u00e9 mal la palabra &#8220;fa\u00e7ade&#8221;, como si de un gran trofeo anecd\u00f3tico se tratara. Yo frunzo los labios saboreando el triunfo de no haberle dejado nada m\u00e1s que reprocharme salvo aquella tarde que me encontr\u00f3 con el enjuto y peludo contador de la empresa en el asiento de atr\u00e1s de su Corniche, pero finjo que es el sabor del Gew\u00fcrztraminer. \u00c9l jam\u00e1s ser\u00eda capaz de mencionar ese episodio \u2014la insuperable verg\u00fcenza lo har\u00eda atragantar\u2014; por eso tanta insistencia en la traici\u00f3n urdida entre mi paladar y mi lengua.<\/p>\n<p>Me pregunta por mi nuevo amante, y yo arrojo la cabeza a un lado con una mueca semejante a una sonrisa mientras le hablo con excesivo detalle de las tardes en Santorini y de todo lo que Jean-Jacques s\u00ed me ofrece que \u00e9l nunca pudo. Penduo sabe que Jean-Jacques no es su verdadero nombre, pero tambi\u00e9n sabe que bien podr\u00eda ser el jardinero de la casa en Niza \u2014para mayor humillaci\u00f3n\u2014, as\u00ed que permanece callado.<\/p>\n<p>Alguna vez fuimos felices. Por m\u00e1s que he querido ahogar el recuerdo en bilis, a\u00fan ahora debo aceptarlo. \u00c9ramos j\u00f3venes y med\u00edamos el dinero en t\u00e9rminos de cu\u00e1ntas hamburguesas podr\u00edamos comer por cada hora de trabajo. Tom\u00e1bamos gaseosa en la cama y nos pele\u00e1bamos por las fresas deshidratadas del cereal que siempre serv\u00edamos en un solo bol. Penduo conduc\u00eda un Honda CRX al que le hab\u00edan robado la H del capot y nos \u00edbamos de paseo a lugares de nombres graciosos. En la carretera, los \u00e1rboles desnudos se alzaban como rastrillos que rasgu\u00f1aban los t\u00e9mpanos del cielo mientras cant\u00e1bamos canciones de John Lennon a dos voces. A trav\u00e9s del vaho parec\u00eda como si bajo nuestros guantes rotos siempre estuviera pr\u00f3ximo el fin de la primavera. Qu\u00e9 ilusos fuimos al no notar lo delgados que se hac\u00edan los calendarios.<\/p>\n<p>La \u00faltima vez que nos vimos se nos ocurri\u00f3 ir a cine, por los viejos tiempos. Al oscurecerse la sala Penduo tom\u00f3 mi mano. Me sorprend\u00ed un poco mas no opuse resistencia, rodeados como est\u00e1bamos de tantas parejas con las sonrisas embobadas iluminadas tenuemente por la pantalla. Por un momento parec\u00edamos una de ellas, y mis comisuras se alzaron tambi\u00e9n. Sin embargo, al poco rato se qued\u00f3 dormido y empez\u00f3 a roncar. En un instante mis dedos deshicieron el tierno nudo que nos un\u00eda e hinqu\u00e9 un codo en sus costillas con la verg\u00fcenza acumulada de toda una era. Era mi ol\u00e9cranon cobr\u00e1ndole de contado su impotencia, su barriga imperdonable, su cara de mapache rojo al emborracharse, su incapacidad absoluta de hacer la m\u00e1s ligera menci\u00f3n del episodio del Corniche. A qui\u00e9n le importa que yo haya dicho &#8220;f\u00e1queid&#8221; en vez de &#8220;fasad&#8221; si \u00e9l no es capaz de detener el tiempo por dos horas siquiera.<\/p>\n<p>Penduo paga la factura y yo retiro la vista para no encontrarme con la carpeta de cuero cayendo estrepitosamente sobre la mesa. Siempre he odiado ese gesto suyo de displicencia para con el servicio. El compromiso anual se ha cumplido y ya podemos olvidarnos el uno del otro mientras empieza a refrescar y comienza de nuevo el ciclo de desaparici\u00f3n y reaparici\u00f3n de la piel en la calle. El otro a\u00f1o la cita podr\u00eda ser en Nueva York o Ginebra. Da igual.<\/p>\n<p>En la noche me reunir\u00e9 con mis amigas para nadar en rusos blancos y les contar\u00e9 lo envejecido que se ve Penduo mientras nuestras risotadas de cotorra hacen evidentes mis propias patas de gallo. En alg\u00fan momento de brumosa lucidez les confesar\u00e9 que no pienso dejar de verlo pese a lo mucho que nos odiamos: mientras podamos almorzar una vez al a\u00f1o y hacernos nimios favores, todo estar\u00e1 bien. No tengo nada que lamentar si pude quedarme con los ni\u00f1os y el galgo afgano.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold;\">[<\/span> <span style=\"font-style: italic;\">Lucy<\/span> \u2014 Hanne Hukkelberg <span style=\"font-weight: bold;\">]<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Penduo Long emerge en el paisaje por ah\u00ed una vez al a\u00f1o. En su apretad\u00edsima agenda, rayada con ese trazo desenfrenado que hace de cada nombre un aut\u00f3grafo, reserva una tarde para encontrarse conmigo y rendir blandas cuentas de lo que ha sido nuestra vida en ausencia del otro. 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