{"id":572,"date":"2008-05-24T23:10:00","date_gmt":"2008-05-24T23:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2008\/05\/24\/love-is-not-a-battlefield\/"},"modified":"2008-05-24T23:10:00","modified_gmt":"2008-05-24T23:10:00","slug":"love-is-not-a-battlefield","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2008\/05\/24\/love-is-not-a-battlefield\/","title":{"rendered":"Love Is (Not) a Battlefield"},"content":{"rendered":"<p>La escena transcurre m\u00e1s o menos de la misma forma siempre: se re\u00fanen las mujeres alrededor de una bebida (cualquiera sirve, ya sea la cerveza o el t\u00e9) como en un consejo sagrado y en un rito de cantos expulsan a los demonios que las acechan: los hombres. El mantra a repetir mientras se alcanza la catarsis: &#8220;los hombres son unos cretinos&#8221; (&#8220;cerdos&#8221; e &#8220;idiotas&#8221; tambi\u00e9n sirve). El fuego de los \u00e1nimos se atiza entretanto con an\u00e9cdotas que confirman su condici\u00f3n de moradores del otro lado de la trinchera.<\/p>\n<p>Desde hace relativamente poco y sin querer me he encontrado conformando un punto de esta circunferencia humana, callada, escuchando mientras doy sorbos pausados a lo que sea que haya en el vaso de turno. La detalles del \u00faltimo desaire se han perdido en el humo de los meses que pasan mientras las mujeres barren las cenizas con escobas mojadas, dibujando surcos negros rete\u00f1idos con declaraciones de resentimiento que cada vez cobijan a m\u00e1s hombres hasta englobar a todo aquel que se identifique con los tornillos y no con las tuercas.<\/p>\n<p>Formando una cuerda desde mis ojos hasta su rostro est\u00e1 sentada la mujer que siempre hab\u00eda sido acechada por los hombres hasta el d\u00eda que pudo contar once meses sin recibir siquiera una mirada. Amenazada en su trono de abeja reina, decide se\u00f1alar a las que por el momento tienen mejor suerte que ella y las intenta destruir con los \u00fanicos insultos que considera efectivos contra una mujer: aquellos que tienen que ver con su f\u00edsico. Salen a relucir amor\u00edos poco agraciados olvidados hace tiempo y opiniones que nadie pidi\u00f3 acerca de marcados rasgos masculinos en un rostro femenino. Como si fuera poco, la reina sale a pontificar, pocillo de chocolate en mano, sobre los cinco, diez o veinte criterios que toda mujer deber\u00eda tener en cuenta al elegir a su acompa\u00f1ante masculino. Que lo debe aprobar la familia, que lo deben aprobar las amigas, que debe ser emprendedor y otra sarta de virtudes que ni ella debi\u00f3 evaluar la \u00faltima vez que le pas\u00f3 alguien por la hip\u00f3fisis. Yo s\u00f3lo me hago la que atiende\u2014no s\u00e9 siquiera si estoy asintiendo en se\u00f1al de entender su valios\u00edsimo consejo mientras hago sopitas con la tostada.<\/p>\n<p>De otro sector del anillo emerge la que hace de todos los hombres un mismo hombre, aquella que se solidariza con las tragedias de sus hermanas y de todas concluye que la culpa es del miserable que se larg\u00f3. No cabe en su mente la posibilidad de una historia un poco m\u00e1s complicada que la de un tipo lleno de maldad que seduce, toma, usa y desecha a su indefensa pareja, tan dechada de virtudes compatibles con cualquier gal\u00e1n. Ella le entreg\u00f3 su amor incondicional y el imb\u00e9cil \u00a1as\u00ed le paga! As\u00ed son todos y por eso los odiamos. Puede que jam\u00e1s se esclarezcan las verdaderas causas de un rompimiento, pero el dedo acusador siempre se\u00f1alar\u00e1 al hombre que pierde su rostro individual para convertirse en una acumulaci\u00f3n de decepciones propias y ajenas. A veces la coraza de esta mujer se resquebraja un poco para revelar un mundo de inseguridades en el que los defectos que ella dice achacarle al Hombre Universal en realidad son palabras que disfrazan otros defectos, propios y absolutamente insoportables. Lo peor de todo es que ni siquiera se trata de verdaderas carencias sino de mensajes que ella les ha cre\u00eddo a pies juntillas a la televisi\u00f3n y las revistas.<\/p>\n<p>No entiendo de d\u00f3nde viene este miedo a la solter\u00eda, palabra que a sus o\u00eddos parece sin\u00f3nima de soledad. Soledad \u00faltima y definitiva, una celda amarga llena de gatos y sombrillas de varillas ca\u00eddas. No hay un l\u00edmite de edad para hacerse a una pareja, \u00bfo s\u00ed? De todas maneras no habr\u00e1 posibilidad de encontrarla si se pretende elegirla con desespero de entre una manada de seres id\u00e9nticos y repugnantes. Yo abogar\u00eda m\u00e1s bien por confiar en las coincidencias afortunadas, en una persona que en este momento anda en el lugar m\u00e1s insospechado\u2014al otro lado de la pared, tal vez, asistiendo a una charla que por azar se eligi\u00f3 omitir\u2014. No es un hombre en el sentido de esos que salieron en el \u00faltimo lote de cretinos de los que tanto hablan. Es \u00e9l, simplemente \u00e9l. O ella. Una persona tan compleja e impredecible como ellas mismas.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold\">[<\/span> <span style=\"font-style: italic\">Pigeon<\/span> \u2014 Jump, Little Children <span style=\"font-weight: bold\">]<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escena transcurre m\u00e1s o menos de la misma forma siempre: se re\u00fanen las mujeres alrededor de una bebida (cualquiera sirve, ya sea la cerveza o el t\u00e9) como en un consejo sagrado y en un rito de cantos expulsan a los demonios que las acechan: los hombres. 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