{"id":532,"date":"2007-09-25T10:53:00","date_gmt":"2007-09-25T10:53:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2007\/09\/25\/ein-fahrrad-fur-mich\/"},"modified":"2007-09-25T10:53:00","modified_gmt":"2007-09-25T10:53:00","slug":"ein-fahrrad-fur-mich","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2007\/09\/25\/ein-fahrrad-fur-mich\/","title":{"rendered":"Ein Fahrrad f\u00fcr mich"},"content":{"rendered":"<p>Nunca le ped\u00ed una bicicleta al Ni\u00f1o Dios.<\/p>\n<p>A m\u00ed, fervorosa creyente del infante mensajero, nunca se me pas\u00f3 por la cabeza que ser\u00eda divertido tener una, a\u00fan pese a que Navidad tras Navidad ve\u00eda a mis vecinitos partir raudos hacia los confines del conjunto en sus nuevos caballitos de acero. No, no. Yo ten\u00eda mejores cosas que pedir. Una de ellas, la \u00fanica que se mantuvo constante con el pasar de los a\u00f1os, lleg\u00f3 al fin cuando cumpl\u00ed los nueve, y desde entonces no me ha abandonado. Pero, como dir\u00eda Michael Ende, \u00e9sa es otra historia y ser\u00e1 contada en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ayer en la ma\u00f1ana me despert\u00e9 con la firme convicci\u00f3n de algo. Era una convicci\u00f3n tan grande que me hizo ponerme un pantal\u00f3n de sudadera gris, una camiseta blanca con letreritos y dibujitos coloridos \u2014souvenir de Chicago\u2014 y los tenis de siempre (<b><\/b>ganga en Shibuya, talla 25.5). El cansancio del d\u00eda anterior a\u00fan me consum\u00eda: los destellos de un apuesto Don Quijote de ojos rasgados cantando en un idioma que parece japon\u00e9s al rev\u00e9s daban vueltas alrededor de mi cabeza como disparos de c\u00e1mara mientras los restos de unas calles ribeteadas con angulosas casas de ensue\u00f1o palpitaban en mis piernas. En completa soledad y arrastrando el peso de tantos recuerdos acumulados en tan poco tiempo tom\u00e9 un bus hacia el centro de Tsukuba.<\/p>\n<p>Una vez all\u00e1, la convicci\u00f3n me exigi\u00f3 llenar mi est\u00f3mago antes de emprender la faena sobre la cual yac\u00eda su f\u00e9rreo dedo, as\u00ed que me detuve en Subway. Me com\u00ed el s\u00e1ndwich y las papas con fruici\u00f3n y sin detallar casi nada de lo que ocurr\u00eda a mi alrededor, salvo que el <span style=\"font-style: italic\">takoyaki<\/span> (8 piezas) est\u00e1 a <b><\/b>\u00a5480 y que si le cambias de salsa te cobran \u00a5100 m\u00e1s. Me pregunt\u00e9 si era posible un exceso de albahaca en una comida, pero al presionar las papas sobre el polvo verde como un cigarrillo en un cenicero antes de llev\u00e1rmelas a la boca me respond\u00ed que no, o tal vez ni siquiera me respond\u00ed semejante pregunta, absorta como estaba en lo salado de la salsa, en el <span style=\"font-style: italic\">takoyaki<\/span> de \u00a5580, en la gaseosa, en d\u00f3nde dejar\u00eda la bandeja despu\u00e9s de comer, en el terrible aliento que esperaba aniquilar cuanto antes con un dulce viejo sacado del fondo de la bolsa.<\/p>\n<p>Atraves\u00e9 el centro comercial sin detenerme en vitrina alguna hasta llegar a la ampl\u00edsima entrada de Jusco. Jusco, la maleta del Mago Merl\u00edn que todo lo contiene en este lado tan vac\u00edo de la regi\u00f3n Kanto. Jusco, el s\u00edmbolo de una naci\u00f3n que poco a poco empieza a adentrarse en la maravillosa vida suburbana que tanto promocionaran los venenosos a\u00f1os cincuenta de los Estados Unidos. Jusco, mi destino final en la primera parte de esta misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La tienda de bicicletas de Jusco es atendida por dos ancianos bastante meticulosos que por \u00a5840 atienden tu primera pinchada (<span style=\"font-style: italic\">&#8220;panku shuri&#8221;<\/span>, se le dice ac\u00e1). Los rode\u00e9 durante tal vez una hora, tal vez menos, posiblemente m\u00e1s, mientras notaba que la bicicleta compacta que hab\u00eda considerado unos d\u00edas atr\u00e1s ya no estaba. Inmediatamente pens\u00e9 en Agatsuma. A la entrada de la tienda, en una esquina, una familia acechaba un modelo negro de monta\u00f1a, danzando a su alrededor como buitres inseguros. Fingiendo un concienzudo examen de las cadenas de seguridad, yo rogaba para mis adentros que no se la fueran a llevar. Al fin y al cabo, desde aquella ma\u00f1ana de llovizna en la que el verde lomo de Julieta me hab\u00eda llevado al mundo de los pedales y el manubrio respaldada por Himura y Lowfill, yo estaba firmemente resuelta a no comprar un veh\u00edculo que no estuviera equipado con doble suspensi\u00f3n. Y helo ah\u00ed, el candidato perfecto, sujeto a las opiniones de un padre, una madre y una ni\u00f1ita que insist\u00eda (maldici\u00f3n) que el negro era mejor que el plateado. Despu\u00e9s de cuatro millones de a\u00f1os en los que ni siquiera comprend\u00ed la diferencia entre un candado y el otro, la familia sigui\u00f3 su camino, tal vez en busca de una decisi\u00f3n final.<\/p>\n<p>Entonces, como si los nervios en solitario no fueran suficientes, apareci\u00f3 mi profesor de cuento corto americano. Por primera vez ve\u00eda su francesa figura y hermosa nariz en atuendos menos elegantes que los impecables cortes BCBG que lo caracterizan. Ven\u00eda por alg\u00fan arreglo de su bicicleta, una de aquellas plateadas que absolutamente todo el mundo tiene. Me pregunt\u00f3 si ven\u00eda a comprar la m\u00eda, le respond\u00ed que s\u00ed sin entrar en los vergonzosos detalles de mi pertenencia a la liga amateur, y se fue, tan alto y elegante y orondo y&#8230; se fue.<\/p>\n<p>Por un momento me detuve en unos modelos m\u00e1s baratos, compactos pero sin los vitales resortes que Julieta (y por consiguiente su due\u00f1o, Lowfill\u2014y siguiendo esa flecha, quien lo hab\u00eda llamado a impartir esta lecci\u00f3n, Himura) me hab\u00eda ense\u00f1ado a necesitar. Entonces me di cuenta de que a\u00fan me encontraba d\u00e1ndole vueltas de la manera m\u00e1s rid\u00edcula a una decisi\u00f3n que estaba tomada desde antes de poner un pie en la esquina de la tienda, antes de entrar a Jusco, antes de comerme el s\u00e1ndwich, antes de subirme al bus, antes de convertir la ansiedad de esta convicci\u00f3n en una m\u00e1scara de rabia contra un Himura que hacia el mediod\u00eda pero catorce horas antes estaba cay\u00e9ndose sobre el teclado, empujado por las haza\u00f1as de un d\u00eda cuyo contenido habr\u00eda de ser olvidado en su insufrible complejidad.<\/p>\n<p>Hacia las siete de la noche son\u00f3 el tel\u00e9fono. Nada hab\u00eda cambiado entre nosotros dos, como era de esperarse despu\u00e9s de una pelea cuya causa real hab\u00eda sido desterrada desde el primer pedalazo certero que me remiti\u00f3 una vez m\u00e1s \u2014como habr\u00edan de hacerlo cada curva, cada frenazo, cada duda y cada obst\u00e1culo esquivados con instinto\u2014 a aquella ma\u00f1ana en la que \u00e9l y Lowfill tornaran  con paciencia la indiferencia infantil en la convicci\u00f3n de este d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Tengo una bicicleta \u2014, le dije, con una voz que se deshac\u00eda como el helado al sol de este verano pertinaz que todav\u00eda se reh\u00fasa a marcharse.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold\">[<\/span> <span style=\"font-style: italic\">Supersonic<\/span> \u2014 Jamiroquai <span style=\"font-weight: bold\">]<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca le ped\u00ed una bicicleta al Ni\u00f1o Dios. A m\u00ed, fervorosa creyente del infante mensajero, nunca se me pas\u00f3 por la cabeza que ser\u00eda divertido tener una, a\u00fan pese a que Navidad tras Navidad ve\u00eda a mis vecinitos partir raudos hacia los confines del conjunto en sus nuevos caballitos de acero. No, no. Yo ten\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11,9,12],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/532"}],"collection":[{"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=532"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/532\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=532"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=532"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=532"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}