{"id":462,"date":"2006-10-22T08:09:00","date_gmt":"2006-10-22T08:09:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2006\/10\/22\/lecciones-de-violin-para-principiantes\/"},"modified":"2006-10-22T08:09:00","modified_gmt":"2006-10-22T08:09:00","slug":"lecciones-de-violin-para-principiantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2006\/10\/22\/lecciones-de-violin-para-principiantes\/","title":{"rendered":"Lecciones de viol\u00edn para principiantes"},"content":{"rendered":"<p>Marikit sol\u00eda visitar mi cuarto con cierta frecuencia. Antes de la llegada del Mac nos sent\u00e1bamos, ella en la silla y yo en la cama, muy cerca de los parlantes conectados a mi iPod, y asent\u00edamos emocionadas cuando coincid\u00edamos en el encuentro de un diminuto fragmento brillante de l\u00ednea mel\u00f3dica. El silencio s\u00f3lo pod\u00eda ser roto al final de cada canci\u00f3n. A veces cant\u00e1bamos, preparando d\u00faos para cuando llegara el d\u00eda de ir a un karaoke. Me gustaba contar con su presencia en este solitario espacio musical aunque yo jam\u00e1s hubiera tenido la decencia de ordenarlo.<\/p>\n<p>Marikit y yo no pas\u00e1bamos todo el tiempo juntas: almorz\u00e1bamos en mesas distintas y cen\u00e1bamos a horas diferentes. Yo no iba a las fiestas que los b\u00falgaros organizaban frente a la cafeter\u00eda de la universidad y ella no asist\u00eda a mis paseos por el centro de Tokio. No obstante, parte de las noches y fines de semana giraba en torno a un par de parlantes baratos de milagrosa calidad, un iPod tan nuevo como obsoleto y los dispares ingredientes de unas onces improvisadas. El sol ambarino bajaba lentamente mientras habl\u00e1bamos de los b\u00falgaros, del malayo distante, de nuestra antigua vida en coros.<\/p>\n<p>Una noche el pasillo del s\u00e9ptimo piso del dormitorio para estudiantes internacionales se llen\u00f3 repentinamente de ABBA, por cortes\u00eda de uno de los b\u00falgaros. Una peque\u00f1a congregaci\u00f3n de personas que antes se encontraban charlando antes de retornar a sus respectivas habitaciones result\u00f3 bailando a la vieja usanza, esperando m\u00e1s \u00e9xitos de a\u00f1os jam\u00e1s vividos. La poco ortodoxa fiesta  revel\u00f3 un inesperado aspecto de un hombre cuya risa explosiva y un poco chillona daba raz\u00f3n del eterno hip-hop que compon\u00eda las fiestas que patrocinaban sus potentes parlantes. Despu\u00e9s de aquel episodio yo me desentend\u00ed del asunto, pero a mi amiga le qued\u00f3 dando vueltas el giro que tuvo su opini\u00f3n de \u00e9l. &#8220;Qui\u00e9n lo creyera&#8221;, suspiraba de repente durante nuestros subsiguientes encuentros.<\/p>\n<p>Hace una semana, Marikit me dijo en voz baja que hab\u00eda algo que ten\u00eda que contarme. No hab\u00eda que pensar demasiado para inferir el mensaje que habr\u00eda de ser entregado, especialmente cuando la ma\u00f1ana del primer d\u00eda de ex\u00e1menes la sorprendi\u00f3 con aquellos parlantes empujando el aire hacia su cuarto al ritmo de su canci\u00f3n favorita. Un par de d\u00edas despu\u00e9s, ante el ojo de pescado de mi puerta se encontraba una mujer de rostro envuelto en gloria, esperando a contarme toda suerte de an\u00e9cdotas respecto de aquello que yo ya sab\u00eda. Pero entonces, el timbre volvi\u00f3 a sonar. Era el afortunado pr\u00edncipe azul de Bulgaria, envuelto en el mismo halo. No acababa de decirle que se sentara junto a ella y perdonara el desorden cuando fue siendo hora de partir. El b\u00falgaro la tom\u00f3 de la cintura y como saltando entre nubes esquivaron mis zapatos hacia la feliz luz del d\u00eda de idilio que se acercaba a su fin. \u00c9ste no hab\u00eda sido m\u00e1s que un punto de encuentro, un cruce entre dos calles para continuar el paseo por una estrecha calle donde s\u00f3lo caben dos.<\/p>\n<p>Pasan las tardes y los encuentro paseando de la mano, o si los veo por separado es cuando cruzan el edificio para encontrarse en alguno de sus aposentos. A veces ella se acerca a hablar conmigo, pero la charla es cortada abruptamente por la aparici\u00f3n de aquella risa desbocada que retira algunos mechones de la cara de su amada y le dice fingiendo gravedad que necesita hablar diez minutos con ella. Entonces yo regreso a mi madriguera y enciendo los parlantes. Por mi cuarto circula toda suerte de melod\u00edas que nadie habr\u00e1 de comentar, toda clase de descubrimientos de los que nadie tendr\u00e1 noticia. En el silencio de la madrugada, pienso en una \u00e9poca en la que yo ten\u00eda una historia que interrumpir con la llegada de su personaje principal, y me pregunto cu\u00e1ndo podr\u00e9 sacudirme esta polvorosa soledad de las mangas.<\/p>\n<p>En el fondo, nada ha cambiado significativamente. Ella y yo seguimos almorzando a horas dispares. Yo sigo estando demasiado cansada para festejar y ella demasiado ocupada para pasear. Nos saludamos, sonr\u00edo ante su sonrisa m\u00e1s brillante y en breve comprendo que no habremos de detenernos a departir. Ya no hay ocasi\u00f3n para hablar del malayo distante, y a\u00fan si la hubiera, no quisiera desperdiciar su tiempo en contarle algo mucho menos importante que la mano que la ase de la cintura. As\u00ed pues, mientras ella se aleja en una carroza alada, \u00e9l empieza a sonre\u00edr cuando me ve fuera de clase. Este fin de semana fuimos a Asakusa a tomar fotos. Creo que ya no puedo describirlo como distante.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold\">[<\/span> <span style=\"font-style: italic\">Some Other Time<\/span> \u2014 The Alan Parsons Project <span style=\"font-weight: bold\">]<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marikit sol\u00eda visitar mi cuarto con cierta frecuencia. Antes de la llegada del Mac nos sent\u00e1bamos, ella en la silla y yo en la cama, muy cerca de los parlantes conectados a mi iPod, y asent\u00edamos emocionadas cuando coincid\u00edamos en el encuentro de un diminuto fragmento brillante de l\u00ednea mel\u00f3dica. 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