{"id":554,"date":"2008-02-09T11:14:00","date_gmt":"2008-02-09T11:14:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2008\/02\/09\/damnatio-memoriae\/"},"modified":"2008-02-09T11:14:00","modified_gmt":"2008-02-09T11:14:00","slug":"damnatio-memoriae","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2008\/02\/09\/damnatio-memoriae\/","title":{"rendered":"Damnatio memoriae"},"content":{"rendered":"<p>La memoria, esa traicionera caja de sorpresas.<\/p>\n<p>Hace unas horas regres\u00e9 del supermercado con una bolsa de frambuesas congeladas. Aburrida de las mandarinas, hab\u00eda decidido darles una oportunidad, en parte con nostalgia derivada de un recuerdo muy espec\u00edfico de mi vida en Dubuque: la \u00fanica vez que, harta de los bananos que ocupaban la mitad de la secci\u00f3n de frutas en Wal-Mart, compr\u00e9 una cajita de frambuesas (car\u00edsimas) y me las com\u00ed con fruici\u00f3n. En fin. Las frambuesas estaban ah\u00ed para hacerles compa\u00f1\u00eda a las mandarinas en las que ven\u00eda pensando desde hac\u00eda rato, ya que hab\u00edan pasado varios d\u00edas desde que su compra y lo m\u00e1s probable es que ya hubiera alguna tomando visos entre verduzcos y blanquecinos, toda esponjosa y llena de vida, tomando posesi\u00f3n de la nevera.<\/p>\n<p>Las mandarinas ocupaban mi mente un rato cada d\u00eda, pero nunca lo suficiente como para levantarme e ir por ellas al caj\u00f3n de la nevera donde acompa\u00f1aban a la panela en polvo. Con un libro de Orhan Pamuk ante a mis ojos le di vueltas a la idea de tomar un par e ir comiendo casquitos poco a poco, pero al fin me sumerg\u00ed del todo en la lectura y el proyecto qued\u00f3 en el olvido. Frente al computador pensaba en lo bueno que ser\u00eda comerme un par, pero luego tomaba unos sorbos de limonada y el asunto quedaba archivado. El viernes, cuando Adeline me invit\u00f3 a desayunar a su cuarto y me ofreci\u00f3 una mandarina, record\u00e9 brevemente mi bot\u00edn intacto en peligro.<\/p>\n<p>Pues bien, hace unos minutos abr\u00ed la nevera para acabar con el problema de una vez por todas y devorar las mandarinas que quedaran sanas. Sin embargo, mi resoluci\u00f3n se vio detenida por un peque\u00f1o inconveniente:<\/p>\n<p>Las mandarinas no estaban all\u00ed.<\/p>\n<p>Busqu\u00e9 en el congelador, entre las bolsas vac\u00edas y cerca de la basura. Nada. Me temo que el problema es peor de lo que parece: no s\u00f3lo las mandarinas no est\u00e1n en la nevera ni en ning\u00fan otro rinc\u00f3n de mi cuarto emitiendo hedores delatores del descuido, sino que nunca han estado.<span style=\"font-style: italic\"> Las mandarinas no existen<\/span>.<\/p>\n<p>\u00a1He creado un recuerdo ficticio!<\/p>\n<p>Y ahora, \u00bfc\u00f3mo voy a creer en m\u00ed, en mi propia historia? Cuando sea vieja me rodear\u00e9 de ni\u00f1os para contarles an\u00e9cdotas de una juventud que no pas\u00f3, llenas de sucesos que jam\u00e1s tuvieron lugar. Hoy son frutas; ma\u00f1ana ser\u00e1n personas, luego viajes, libros le\u00eddos y gustos musicales.<\/p>\n<p>O de pronto el asunto es todav\u00eda m\u00e1s grave. Tal vez esto no est\u00e9 pasando; tal vez en realidad yo estoy sentada en una mecedora en Puerto Salgar, Cundinamarca, tomando preparada*, espantando jejenes e invent\u00e1ndome la vida de alguien que por coincidencia result\u00f3 viviendo un pa\u00eds lejano. S\u00f3lo que de repente tuve que pararme y decirle a un ni\u00f1o que se bajara del palo de mango si no quer\u00eda descalabrarse. Una vez de regreso en la mecedora, el hilo de la historia se hab\u00eda perdido, y en la nevera ya no hab\u00eda mandarinas.<\/p>\n<p><span style=\"font-size:85%\">*<span style=\"font-weight: bold\">preparada:<\/span> tamarindo Postob\u00f3n con lim\u00f3n. Bebida popular en el Magdalena Medio.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size:100%\"><span style=\"font-weight: bold\">[<\/span> <span style=\"font-style: italic\">Hide and Seek<\/span> \u2014 Imogen Heap <span style=\"font-weight: bold\">]<\/span><br \/><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La memoria, esa traicionera caja de sorpresas. Hace unas horas regres\u00e9 del supermercado con una bolsa de frambuesas congeladas. Aburrida de las mandarinas, hab\u00eda decidido darles una oportunidad, en parte con nostalgia derivada de un recuerdo muy espec\u00edfico de mi vida en Dubuque: la \u00fanica vez que, harta de los bananos que ocupaban la mitad [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,21,3],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/554"}],"collection":[{"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=554"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/554\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=554"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=554"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=554"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}