{"id":190,"date":"2004-04-24T22:54:00","date_gmt":"2004-04-24T22:54:00","guid":{"rendered":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2004\/04\/24\/el-taxista-endemoniado\/"},"modified":"2004-04-24T22:54:00","modified_gmt":"2004-04-24T22:54:00","slug":"el-taxista-endemoniado","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/olaviakite.com\/doblepensar\/2004\/04\/24\/el-taxista-endemoniado\/","title":{"rendered":"El taxista endemoniado"},"content":{"rendered":"<p><font size=\"2\">Me encontr\u00e9 este cuento perdido entre los drafts.<\/font><\/p>\n<p><em>(Basado en un hecho de la vida real.)<\/em><\/p>\n<p>Hasta la llegada del nuevo sistema de transporte, mi barrio sol\u00eda ser calificado como una especie de Macondo bogotano, un lugar m\u00e1s all\u00e1 de los monstruos al final del mapamundi. La oficina de transportes del colegio ten\u00eda establecido que una distancia mayor a dos kil\u00f3metros era ya demasiado lejos; su directora se re\u00eda de mi hermanita y de m\u00ed cuando mi madre averiguaba si era posible que un bus nos recogiera. Pero a\u00fan ten\u00edamos que ir a estudiar. As\u00ed que mi madre hall\u00f3 el amable servicio de un taxista.<\/p>\n<p>Don Gonzalo era un hombre cincuent\u00f3n, amante de la m\u00fasica llanera y due\u00f1o de la colecci\u00f3n completa de poemas llaneros recitados por Juan Harvey Caicedo. Gracias a \u00e9l mi hermana y yo aprendimos fragmentos de tesoros nacionales tales como:<\/p>\n<p><em>&#8220;S\u00ed, se\u00f1or, ya soy un viejo,<br \/>\n<br \/>Mis canas son el trabajo y el pasar lento del tiempo.<br \/>\n<br \/>Nac\u00ed en un palmar hermoso, a orillas de un gran estero&#8230;&#8221;<\/em><\/p>\n<p>La vida con \u00e9l era casi perfecta. Casi, porque sufr\u00eda desperfectos cada vez que su radio se estacionaba en Radio Recuerdos. As\u00ed fue como me enter\u00e9 de la existencia de &#8220;Je-suis Santos, \u00e9tzito-motivador&#8221;, due\u00f1o de la &#8220;casa del \u00e9tzito&#8221;, la cual ten\u00eda una &#8220;tienda etzot\u00e9rica&#8221;. Tambi\u00e9n supe de los grandes beneficios del centro m\u00e9dico naturista Los Olivos, con diversas sedes dispersas por el sur de Bogot\u00e1. Creo que con \u00e9l habr\u00eda terminado muy bien mi \u00e9poca colegial en cuesti\u00f3n de transporte. No obstante, todos sabemos que lo bueno no dura. Don Gonzalo decidi\u00f3 cultivarse (porque m\u00e1s vale tarde que nunca) e ingres\u00f3 a la universidad a estudiar derecho. Nos dijo que no nos preocup\u00e1ramos, pues un vecino suyo, Don Hernando, quedar\u00eda al mando de su veh\u00edculo.<\/p>\n<p>La primera vez que vimos a Don Hernando en el taxi pude o\u00edr en el aire los compases de <em>Una noche en la \u00e1rida monta\u00f1a<\/em>. Su mirada a trav\u00e9s del espejo retrovisor era una visi\u00f3n acertada del fin de los tiempos. Mi hermanita y yo le tuvimos un profundo resentimiento desde ese mismo instante. Intent\u00f3 contarnos historias moralistas de su vida y de su paso por una f\u00e1brica de carros, pero nosotras apenas le dirig\u00edamos la palabra para pedir que cambiara la emisora de noticias por la emisora de rock. Cuando qued\u00e1bamos atrapados en embotellamientos interminables, lo maldec\u00e1amos por habernos llevado justo por esa calle, la calle de todos los d\u00edas. En una ocasi\u00f3n estrell\u00f3 a un bus y nos pidi\u00f3 que testific\u00e1ramos a su favor en la corte. No pod\u00edamos por ser menores de edad; sin embargo, sab\u00edamos que de haberlo hecho habr\u00eda sido en su contra. Lo odi\u00e1bamos simplemente por existir, por no tratarnos tan bien como Don Gonzalo, por no ser Don Gonzalo sino Don Hernando, el de los ojos demon\u00edacos. Era tan diab\u00f3lico que consigui\u00f3 sus propios medios sobrenaturales para dejarnos calladas.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana cualquiera, el taxi lleg\u00f3 temprano al colegio. Esto era bastante extra\u00f1o, puesto que Don Hernando se empe\u00f1aba en llevarnos tan lento como le fuera posible a su m\u00e1quina. Lo hab\u00edamos escuchado cantar, lo cual no era nada com\u00fan en \u00e9l, y en cierto modo nos asustaba. No hab\u00eda nadie a la entrada. Pagu\u00e9 la carrera del d\u00eda y salimos del veh\u00edculo, convencidas de que pronto quedar\u00edamos solas en ese lugar, esperando a que llegaran m\u00e1s ni\u00f1as de uniforme. Por alguna raz\u00f3n me sent\u00eda feliz en ese momento, tal vez era por habernos deshecho una vez m\u00e1s de ese insoportable se\u00f1or. Sin pensar en nada especial, empec\u00e9 a caminar al lado de un gigantesco charco, nada que no pudiera ser esquivado&#8230; de no ser por un peque\u00f1\u00edsimo desperfecto en el and\u00e9n. Un huequito diminuto en el que cupo perfectamente la punta de mi zapato caf\u00e9. Uno, dos pasos fueron necesarios para la perfecta uni\u00f3n de mi pie con el hoyito&#8230; y ca\u00ed. Ca\u00ed como un \u00e1rbol, tal vez incluso con la armon\u00eda del \u00e1rbol que languidece bajo la implacable mano del hombre. Se oy\u00f3 un chapuz\u00f3n y la mitad de mi uniforme qued\u00f3 cubierta de un agua verdinosa que afortunadamente no ol\u00eda a nada. Parec\u00eda como si yo me hubiera acostado ah\u00ed por mi propia voluntad. Cuando me levant\u00e9, me di cuenta de que el taxi no se hab\u00eda retirado del solitario parqueadero&#8230; Don Hernando segu\u00eda all\u00ed, observ\u00e1ndome fijamente&#8230; y cuando mi convulsa mirada encontr\u00f3 el infierno de su cara, no pudo despegarse de all\u00ed. El hombre no dejaba de mirarme, y en su faz de chivo demon\u00edaco hab\u00eda una conmoci\u00f3n sabiamente disfrazada de inmutabilidad. Pero en sus ojos de aceituna aceitosa hab\u00eda, llena de todo el odio del mundo y con una satisfacci\u00f3n casi sexual, una <em>sonrisa<\/em>.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, el taxista llam\u00f3 a mi madre para avisarle que no le ser\u00eda posible recogernos durante el resto de la semana. Mi madre quiso protestar, pero yo le toqu\u00e9 la mano suavemente, y en mi silencio aterrorizado le hice comprender que la suya era una supremac\u00eda que m\u00e1s val\u00eda no cuestionar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me encontr\u00e9 este cuento perdido entre los drafts. (Basado en un hecho de la vida real.) Hasta la llegada del nuevo sistema de transporte, mi barrio sol\u00eda ser calificado como una especie de Macondo bogotano, un lugar m\u00e1s all\u00e1 de los monstruos al final del mapamundi. 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